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La salud bucal también influye en el resto del organismo

Las enfermedades de la boca no siempre se quedan en la boca. Algunas alteraciones, especialmente las relacionadas con las encías y los tejidos que sostienen los dientes, pueden favorecer procesos inflamatorios con repercusiones en distintas partes del organismo. Así lo explicó Antonia Barranca Enríquez, catedrática del Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Veracruzana.

La relación entre salud oral y salud general ha adquirido una importancia creciente en la medicina preventiva. La presencia de bacterias, inflamación persistente o infecciones en la cavidad bucal puede afectar al bienestar de la persona y complicar el control de enfermedades crónicas. Por ello, la atención odontológica no debe considerarse un aspecto aislado, sino una parte más del cuidado integral.

La inflamación de las encías puede tener efectos sistémicos

Uno de los problemas más frecuentes es la enfermedad periodontal, que aparece cuando la acumulación de placa bacteriana provoca inflamación en las encías. En fases iniciales puede manifestarse con enrojecimiento, hinchazón o sangrado durante el cepillado. Si no se trata, la infección puede avanzar hacia los tejidos profundos que sujetan los dientes.

La inflamación crónica y la alteración de la barrera de las encías pueden facilitar el paso de bacterias y mediadores inflamatorios al torrente sanguíneo. Este proceso no significa que una enfermedad bucal sea la causa directa de todos los problemas de salud asociados, pero sí existe una relación que la investigación médica continúa estudiando.

La diabetes es uno de los ejemplos más claros. Las personas con niveles elevados de glucosa tienen un mayor riesgo de desarrollar infecciones en las encías y, al mismo tiempo, la enfermedad periodontal puede dificultar el control metabólico. Se establece así una relación bidireccional que hace necesario coordinar la atención médica y odontológica.

Una conexión que afecta a distintas enfermedades

La salud periodontal también se ha relacionado con un mayor riesgo de complicaciones cardiovasculares, debido a la inflamación y a la posible circulación de microorganismos. No obstante, los especialistas recuerdan que esta asociación no permite afirmar que la periodontitis provoque por sí sola un infarto o un ictus. Existen otros factores determinantes, como el tabaquismo, la hipertensión, el colesterol, la obesidad y la falta de actividad física.

También se han investigado posibles vínculos entre las infecciones orales y algunas enfermedades respiratorias. Las bacterias presentes en la boca pueden llegar a las vías respiratorias, sobre todo en personas mayores, con defensas debilitadas o con dificultades para mantener una higiene adecuada. En estos casos, cuidar dientes, encías, prótesis y lengua puede contribuir a reducir riesgos.

Durante el embarazo, la prevención adquiere igualmente una relevancia especial. Los cambios hormonales pueden aumentar la sensibilidad de las encías y favorecer su inflamación. Aunque la relación entre enfermedad periodontal y complicaciones obstétricas sigue siendo objeto de estudio, mantener una buena salud bucal forma parte de los cuidados recomendados durante la gestación.

Señales de alerta que no conviene ignorar

El sangrado frecuente de las encías no debe considerarse normal. También conviene consultar con un profesional si aparecen dolor, mal aliento persistente, movilidad dental, sensibilidad intensa, retracción de las encías o lesiones que no desaparecen. La ausencia de dolor tampoco garantiza que no exista un problema, ya que algunas enfermedades avanzan durante meses sin síntomas llamativos.

  • Sangrado al cepillarse o utilizar hilo dental.
  • Encías inflamadas, enrojecidas o sensibles.
  • Mal aliento que persiste pese a la higiene.
  • Dolor al masticar o dientes que se mueven.
  • Heridas, manchas o cambios de color en la boca.

Prevención desde la infancia y seguimiento profesional

La prevención comienza con una rutina diaria sencilla: cepillarse los dientes al menos dos veces al día con pasta fluorada, limpiar los espacios interdentales y limitar el consumo de azúcares. También es importante evitar el tabaco y acudir a revisiones periódicas, incluso cuando no haya molestias.

La frecuencia de las revisiones debe adaptarse a las necesidades de cada persona. Quienes tienen diabetes, enfermedades cardiovasculares, antecedentes de periodontitis, tratamientos que reducen las defensas o prótesis dentales pueden necesitar un seguimiento más estrecho.

La educación sanitaria desempeña un papel esencial. Reconocer la boca como parte del organismo ayuda a detectar antes las enfermedades y favorece una atención coordinada entre dentistas, médicos de familia y otros especialistas. La recomendación principal es clara: cuidar la salud bucal no solo protege los dientes, sino que contribuye al bienestar general.

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