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Atari enterró miles de videojuegos en 1983: la historia detrás de los cartuchos de E.T.

En 1983, Atari tomó una decisión que acabaría convirtiéndose en uno de los episodios más famosos de la historia de los videojuegos: enterró miles de cartuchos no vendidos en un vertedero de Alamogordo, Nuevo México. Entre ellos se encontraba E.T. the Extra-Terrestrial, considerado durante décadas uno de los peores videojuegos jamás publicados.

Durante años, el supuesto enterramiento fue tratado casi como una leyenda urbana. Sin embargo, en 2014 una excavación confirmó que los cartuchos existían. El hallazgo recuperó una parte incómoda del pasado de Atari y puso rostro a la crisis que sacudió a la industria del videojuego en Estados Unidos.

El videojuego que Atari necesitaba lanzar a toda velocidad

E.T. the Extra-Terrestrial llegó a las tiendas en diciembre de 1982, coincidiendo con la campaña navideña. Atari había conseguido los derechos de la popular película de Steven Spielberg por una cifra cercana a los 20 millones de dólares, una inversión enorme para la época.

El problema fue el tiempo. El diseñador Howard Scott Warshaw recibió aproximadamente seis semanas para crear el juego, producirlo y tenerlo listo para la campaña de Navidad. El resultado debía llegar a millones de consolas Atari 2600 en un plazo prácticamente imposible.

El juego invitaba a controlar a E.T. mientras buscaba piezas de un teléfono interplanetario y trataba de escapar de agentes y científicos. Su diseño incluía varias pantallas con pozos en los que el personaje podía caer repetidamente, un sistema poco claro para muchos jugadores y unas mecánicas difíciles de entender sin instrucciones.

Un fracaso que agravó la crisis de Atari

Las críticas fueron muy negativas y muchos compradores devolvieron el cartucho. Aunque E.T. vendió más de un millón de unidades, Atari había fabricado una cantidad muy superior, confiando en que el nombre de la película garantizaría el éxito.

La compañía también produjo grandes cantidades de otros juegos que no alcanzaron las ventas previstas. El mercado estaba saturado de títulos, las tiendas acumulaban devoluciones y los consumidores empezaban a perder confianza en la calidad de los lanzamientos.

El fracaso de E.T. no provocó por sí solo el desplome de la industria, pero se convirtió en su símbolo más reconocible. La crisis de 1983 estuvo relacionada con varios factores: la competencia de los ordenadores domésticos, el exceso de consolas y juegos, la caída de los precios y la publicación de productos poco cuidados.

El enterramiento en el desierto de Nuevo México

Para deshacerse del stock acumulado, Atari trasladó cajas de cartuchos a un vertedero de Alamogordo. Los juegos fueron destruidos, mezclados con otros residuos y cubiertos con una capa de hormigón. La compañía nunca ofreció una explicación pública detallada, lo que contribuyó a alimentar el misterio.

Durante décadas se discutió cuántos cartuchos fueron enterrados y qué juegos contenían las cajas. Algunas estimaciones hablaban de cientos de miles de unidades, mientras que otras cifras elevaban el número hasta varios millones. La cantidad exacta sigue siendo difícil de determinar.

Además de E.T., en el vertedero podrían encontrarse copias de títulos como Centipede, Missile Command o versiones de juegos deportivos. El enterramiento no fue únicamente la consecuencia de un videojuego mal recibido, sino una operación para eliminar parte del inventario que Atari ya no podía vender.

La excavación que convirtió el rumor en historia

En 2014, un equipo dirigido por los cineastas Zak Penn y Fuel Industries obtuvo autorización para investigar el antiguo vertedero. La excavación se realizó con la colaboración de especialistas, representantes locales y personas vinculadas a la industria del videojuego.

Los trabajos sacaron a la luz numerosos cartuchos, algunos de ellos dañados por el paso del tiempo, además de cajas y otros materiales relacionados con Atari. El hallazgo confirmó que el enterramiento no era una invención, aunque también demostró que muchas de las versiones más exageradas del relato habían crecido con los años.

Parte de los cartuchos recuperados se subastó y otros acabaron en museos o colecciones privadas. El acontecimiento también quedó recogido en un documental que exploró tanto la excavación como el contexto empresarial de Atari.

Más que un mal videojuego

Con el tiempo, E.T. the Extra-Terrestrial ha dejado de verse únicamente como un desastre. Su desarrollo muestra los riesgos de imponer plazos imposibles y confiar en una marca conocida para compensar la falta de tiempo de producción.

Howard Scott Warshaw ha defendido en distintas ocasiones que el juego fue diseñado bajo una presión extraordinaria. En apenas unas semanas tuvo que convertir una película compleja en una experiencia jugable para una consola con importantes limitaciones técnicas.

La historia de los cartuchos enterrados sigue siendo uno de los relatos más llamativos del videojuego retro. También funciona como una advertencia: en una industria basada en lanzamientos constantes, un producto fallido puede convertirse en un problema logístico, económico y cultural de enormes proporciones.

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