El equipo de Alcaraz cuestiona el horario de su partido ante Shelton: «Empezar a las 11 de la noche no es sano»
El partido de cuartos de final entre Carlos Alcaraz y Ben Shelton terminó más allá de las cuatro de la madrugada en Nueva York. La hora de finalización ha reabierto el debate sobre la planificación de los grandes torneos y sobre el impacto que tienen los horarios extremos en la preparación física y la recuperación de los tenistas.
Alberto Lledó, preparador físico del jugador murciano, se mostró especialmente crítico con la decisión de programar un encuentro de cinco sets a última hora de la noche. «Empezar un partido de 5 sets a las 11 de la noche no es sano», señaló, en referencia a una situación que obliga a los deportistas a competir durante la madrugada y a alterar por completo sus rutinas de descanso.
Un partido que acaba de madrugada
La principal preocupación no se limita a la duración del encuentro. Cuando un partido arranca cerca de las once de la noche y se prolonga durante varias horas, el tenista termina expuesto a un desgaste físico y mental difícil de encajar en el calendario habitual de un torneo.
En el caso de Alcaraz, el duelo de cuartos de final frente a Shelton concluyó después de las cuatro de la madrugada en Nueva York. A esa hora, el jugador todavía debe completar los protocolos posteriores al partido, atender a los medios de comunicación, someterse a los tratamientos de recuperación y tratar de conciliar el sueño.
El problema, por tanto, no termina cuando se disputa el último punto. La jornada se prolonga durante varias horas más y reduce el margen disponible para descansar antes del siguiente compromiso. En un deporte en el que los partidos pueden alcanzar una duración considerable, cada hora de recuperación resulta determinante.
La recuperación queda condicionada
Tras un encuentro de máxima exigencia, el cuerpo necesita iniciar cuanto antes los procesos de recuperación. La hidratación, la alimentación, la reposición de energía y el trabajo fisioterapéutico forman parte de una rutina que se desarrolla después de cada partido.
Sin embargo, competir y terminar de madrugada dificulta mantener unos horarios regulares. El deportista puede salir de la pista con un elevado nivel de activación, lo que complica el descanso inmediato. Además, la cena y los tratamientos posteriores se realizan a horas en las que el organismo debería estar entrando en una fase de reposo.
Ese desajuste puede tener consecuencias especialmente relevantes cuando el torneo obliga a jugar de nuevo poco después. La falta de sueño no solo afecta a las piernas: también puede influir en la concentración, la capacidad de reacción y la toma de decisiones, aspectos esenciales en el tenis de alto nivel.
El debate sobre los horarios del tenis
La crítica de Lledó se suma a una discusión recurrente en el circuito profesional. Los partidos nocturnos ofrecen un gran atractivo para las audiencias y para la programación televisiva, pero también pueden provocar que algunos encuentros terminen a horas poco compatibles con el descanso de los jugadores.
El dilema se vuelve más complejo en los torneos con cuadros muy exigentes y partidos al mejor de cinco sets. La duración no siempre puede preverse y una sesión que comienza tarde corre el riesgo de adentrarse en la madrugada si el duelo es igualado.
En este contexto, la planificación de las sesiones adquiere una importancia creciente. No se trata únicamente de decidir cuándo empieza un partido, sino también de garantizar que el jugador tenga un periodo razonable para recuperarse antes de volver a competir.
Más allá del espectáculo
El caso de Alcaraz y Shelton vuelve a poner el foco en la necesidad de encontrar un equilibrio entre el espectáculo y la salud de los tenistas. Las grandes citas buscan ofrecer horarios atractivos y mantener el interés de la audiencia, pero las decisiones de programación tienen un impacto directo en los protagonistas.
La advertencia del preparador físico del murciano apunta precisamente a esa tensión. Un partido de cinco sets que comienza a las once de la noche puede ofrecer emoción y audiencia, pero también obliga a completar una jornada deportiva en unas condiciones poco habituales.
La finalización del encuentro después de las cuatro de la madrugada convierte el horario en uno de los principales protagonistas de la jornada. Mientras el tenis profesional debate cómo proteger mejor a sus jugadores, la escena deja una conclusión clara: en la alta competición, el tiempo de descanso también forma parte del rendimiento.


