Publicidad

Bertomeu cuestiona las valoraciones de los proyectos para llevar la NBA a Europa

La llegada de la NBA a Europa ha entrado en una fase de debate estratégico y económico. Jordi Bertomeu, antiguo director ejecutivo de la Euroliga, considera que las cifras que se están manejando para poner en marcha una futura competición europea vinculada a la liga estadounidense no reflejan todavía la realidad del baloncesto en el continente.

El exdirigente entiende que existe interés alrededor del proyecto, pero advierte de que las valoraciones propias de otros grandes mercados deportivos pueden resultar difíciles de justificar en el contexto europeo. A su juicio, el baloncesto de clubes en Europa tiene una estructura, una dimensión comercial y una capacidad de generación de ingresos diferentes a las de la NBA.

Un mercado con potencial, pero también con límites

El posible desembarco de la NBA en Europa ha despertado expectativas entre clubes, inversores y operadores audiovisuales. La marca estadounidense cuenta con una enorme proyección internacional, pero trasladar su modelo al ecosistema europeo exigiría tener en cuenta la diversidad de países, ligas, calendarios y normativas que conviven en el continente.

Bertomeu pone el foco precisamente en esa distancia entre la percepción del producto y su rendimiento económico real. El atractivo de la NBA puede elevar el valor de una competición, pero no garantiza por sí solo que los ingresos, las audiencias y el respaldo institucional alcancen los niveles necesarios para sostener las valoraciones más ambiciosas.

La diferencia entre el interés mediático y la capacidad efectiva de monetización es uno de los principales retos del proyecto. En Europa, el baloncesto mantiene una fuerte implantación, aunque sus mercados están más fragmentados y el peso de cada país es desigual.

La apuesta por el Reino Unido

Entre los asuntos abordados aparece también la posible relevancia del Reino Unido dentro de los planes de expansión. La NBA ha desarrollado durante años una estrategia específica en el mercado británico, uno de los territorios europeos con mayor capacidad de conexión con las grandes marcas deportivas estadounidenses.

El Reino Unido ofrece visibilidad internacional, una potente industria audiovisual y una importante concentración de empresas con capacidad de inversión. Londres, además, reúne condiciones para acoger acontecimientos deportivos de primer nivel y funcionar como escaparate para una eventual competición continental.

Sin embargo, Bertomeu invita a analizar esta oportunidad con cautela. El potencial comercial de Londres o del mercado británico no representa necesariamente la situación del conjunto de Europa. Una competición estable necesitaría construir una base sólida en varios países y no depender únicamente de una ciudad o de un territorio con unas características económicas particulares.

El desafío de encajar dos modelos

La NBA y el baloncesto europeo responden a lógicas diferentes. En Estados Unidos existe una estructura cerrada, con franquicias, límites salariales y un modelo centralizado de explotación comercial. Europa, en cambio, se apoya tradicionalmente en clubes con identidades locales, competiciones nacionales y sistemas de ascensos y descensos.

La creación de una NBA Europe obligaría a resolver cuestiones esenciales: qué equipos participarían, cómo se relacionarían con las ligas nacionales, qué calendario utilizarían y cuál sería su vínculo con las actuales competiciones continentales.

También habría que definir el reparto de los ingresos, los derechos televisivos y el papel de las entidades que ya sostienen el baloncesto europeo. La dimensión institucional será tan relevante como la económica, ya que cualquier nuevo proyecto tendría que convivir con federaciones, ligas y clubes que cuentan con una larga trayectoria.

Las cifras, bajo escrutinio

La advertencia de Bertomeu llega en un momento en el que las posibles valoraciones económicas ocupan un lugar central en las conversaciones sobre el futuro del baloncesto europeo. El exdirector ejecutivo de la Euroliga considera que algunas estimaciones parecen adelantarse a la capacidad real del mercado.

La cuestión no es únicamente cuánto puede valer una futura competición, sino qué ingresos puede generar de forma recurrente. Para que el proyecto sea sostenible, debería contar con audiencias estables, patrocinadores sólidos, acuerdos audiovisuales relevantes y una asistencia suficiente en los pabellones.

El valor de la marca NBA constituye una ventaja evidente, pero el éxito en Europa dependerá de cómo se adapte esa marca a las particularidades locales. La competición necesitaría ofrecer un producto reconocible para el público internacional y, al mismo tiempo, mantener una conexión directa con las aficiones de cada ciudad.

Un proceso todavía abierto

La expansión de la NBA por Europa continúa rodeada de incógnitas. El interés existe y el mercado ofrece oportunidades, pero las palabras de Bertomeu introducen una dosis de realismo en un debate marcado por las expectativas.

Antes de hablar de grandes valoraciones, el baloncesto europeo deberá demostrar que puede sostener un nuevo nivel de inversión y que existe espacio para una competición adicional sin debilitar las estructuras actuales. La eventual llegada de la NBA no será únicamente una operación de marca: exigirá un encaje deportivo, económico e institucional de gran complejidad.

El Reino Unido puede convertirse en una pieza importante de esa estrategia, especialmente por el peso de Londres y su capacidad de proyección internacional. Aun así, el reto principal será construir un modelo europeo que responda a la realidad del continente y no solo a las expectativas generadas por el nombre de la NBA.

Artículo anteriorLa NBA eleva su tope salarial a 176 millones en 2027-28
Artículo siguienteLa OTAN prueba drones submarinos que pasan meses ocultos