La economía circular en los plásticos

Se trata de un nuevo concepto que se ha ido asentando poco a poco en el tejido empresarial. Un nuevo modelo económico que tiene como fin recuperar esos recursos que ya han sido utilizados, sabiendo que el plástico es un material versátil y de gran utilidad, además de muy demandado en numerosos sectores.

Una de las primeras cosas que hay que tener en cuenta con respecto a este tema es que los materiales plásticos se han convertido en un modelo esencial dentro de la economía circular. Lo cierto es que son materiales que tienen una gran capacidad para recuperarlos y utilizarlos como múltiples recursos. Si bien, de manera paralela, también hay que tener muy presente la preocupación de las empresas y la sociedad en general por la sostenibilidad, precisamente por este motivo, se está en búsqueda constante de un modelo de desarrollo que permita reducir el uso de recursos para la fabricación de productos.

En la actualidad, todavía está presente el modelo lineal, es decir, el clásico de “usar y tirar” no obstante, poco a poco se está avanzando hacia el modelo de economía circular, sobre todo, desde que la Unión Europea se alzó para fomentarlo, de hecho, lo está implantando poco a poco, con el objetivo de que, de aquí a 10 años, se reduzcan los residuos urbanos en más de un 60%.

Teniendo en cuenta este contexto, cada vez son más las empresas las que se están decantando por establecer este modelo, como es el caso de GB inyectados, una fábrica de inyección de plástico con más de 25 años de experiencia en el sector, que ofrece un servicio inmediato y muy completo, utilizando para ello la mejor tecnología del momento, fabricando productos de calidad y por supuesto, 100% sostenibles.

¿Qué es la inyección de plástico?

El hecho de intentar llegar a la economía circular dentro de este sector, pasa por llevar a cabo la técnica del moldeo por inyección. Es decir, un proceso a través del cual, se moldean y fabrican piezas en grandes cantidades, pero con el añadido de que se hace solo en una tirada, ya que permite esto reducir costes.

Los productos inyectados de plástico se producen a partir de una técnica que funde los gránulos del propio plástico con el objetivo de rellenar el modelo haciendo uso para ello de una aguja de inyección. En el momento que se enfría, el material se solidifica y así se obtienen los mejores resultados.

¿Por qué se ha vuelto necesario pasar a una economía circular en este terreno?

Lo primero que hay que decir al respecto es que los plásticos son materiales que pueden reportar un gran número de beneficios, sobre todo, porque cuentan con esa capacidad de ser reutilizados como recursos. En este sentido, apostar por la economía circular es un gran acierto, sabiendo que permite llegar a esa sostenibilidad medioambiental tan deseada, sin olvidar que también puede ayudar a establecer nuevos modelos de negocio.

Basándose en la economía circular, las empresas pueden mejorar notablemente los diseños de los plásticos, así como los sistemas de gestión de los mismos, lo que se traduce en alargar mucho más su vida, reduciendo emisiones de gases y la dependencia constante de ciertos combustibles denominados fósiles.

¿Cómo aplicar la economía circular en un negocio?

En el caso de estar decidido a aplicar la economía circular en un negocio, es esencial que las empresas acudan a profesionales expertos en el sector, y a su vez, lleven a cabo una serie de pautas.

Así, una de las primeras cosas que hay que hacer es analizar por completo la empresa, al igual que sus productos. Es decir, saber todo lo relacionado con la huella de carbono o cómo se caracterizan los residuos plásticos.

Una vez dado este paso, habrá que cerciorarse de que todos los procesos que se llevan a cabo se hacen conforme la legislación vigente, eso sí, habrá que hacerlo tanto a nivel nacional como internacional. En este apartado, los análisis de la legislación deben hacerse en tres vertientes, la de nivel ambiental, la de gestión de residuos y la del propio producto.

Por otro lado, también es importante estudiar la circularidad de los productos, es decir, analizar la valorización y la reciclabilidad, sin olvidar realizar ensayos en materias de desintegración y biodegradación.

Finalmente, habrá que determinar las mejoras a instaurar en el sistema y por supuesto, añadir las ecoetiquetas correspondientes que certifiquen la calidad de los productos.