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La predicción de Amancio Ortega sobre el trabajo que la tecnología ha convertido en realidad

La forma de supervisar a los trabajadores ha cambiado de manera radical. Lo que antes exigía reuniones, llamadas o informes periódicos ahora puede consultarse desde un panel de gestión en cuestión de segundos. Los programas de productividad permiten saber qué tareas se han completado, cuáles acumulan retrasos y dónde se concentran los cuellos de botella sin interrumpir continuamente al equipo.

Este escenario conecta con una idea expresada por Amancio Ortega, fundador de Inditex, sobre la conveniencia de limitar el control laboral a una revisión anual: Un control anual y punto, eso es lo que me gustaría que me hicieran a mí. La tecnología no ha reducido necesariamente la vigilancia en las empresas, pero sí ha hecho posible que los responsables dispongan de información constante sin tener que pedir explicaciones a cada empleado.

Más datos, menos interrupciones

Las herramientas de gestión de proyectos, los sistemas de planificación y las plataformas de colaboración registran buena parte de la actividad diaria. Entregas, plazos, incidencias y cargas de trabajo quedan organizados en un mismo entorno, lo que facilita detectar desviaciones antes de que se conviertan en problemas mayores.

Para un responsable, esto supone una ventaja evidente. Puede comprobar el estado de un proyecto, revisar una tarea pendiente o identificar un retraso sin convocar una reunión específica. Para el trabajador, en teoría, significa menos interrupciones y una evaluación basada en resultados visibles, siempre que la empresa utilice esos datos con criterio.

El cambio es importante porque desplaza el centro de la supervisión. Ya no resulta imprescindible observar de forma constante cuándo empieza o termina una persona su jornada. En muchos puestos, lo relevante es si cumple los objetivos, mantiene la calidad y entrega el trabajo dentro del plazo acordado.

El riesgo de confundir actividad con rendimiento

La abundancia de información también plantea un problema: no todo lo que puede medirse sirve para evaluar el desempeño. El número de tareas cerradas, los mensajes enviados o el tiempo conectado pueden ofrecer una imagen incompleta e incluso engañosa de la aportación de un empleado.

Un profesional puede dedicar horas a resolver una incidencia compleja y dejar pocas acciones registradas. Otro puede acumular muchas tareas pequeñas sin aportar el mismo valor al proyecto. Por eso, los datos de las plataformas deben interpretarse dentro de su contexto y no convertirse automáticamente en una clasificación de trabajadores.

  • Entregas realizadas: ayudan a comprobar si se cumplen los compromisos asumidos.
  • Calidad del resultado: permite distinguir entre terminar una tarea y resolverla correctamente.
  • Complejidad del trabajo: evita comparar de forma directa actividades que requieren esfuerzos muy distintos.
  • Colaboración: refleja el apoyo al equipo, la coordinación y la capacidad para desbloquear problemas.
  • Contexto: incorpora cambios de prioridades, incidencias externas o falta de recursos.

La evaluación continua no tiene por qué ser vigilancia permanente

El uso de software de seguimiento no implica necesariamente que cada minuto de la jornada deba quedar registrado. Existe una diferencia entre disponer de indicadores para gestionar un equipo y controlar de forma exhaustiva cada movimiento de sus integrantes.

Una empresa puede utilizar la tecnología para revisar avances de manera periódica, anticipar retrasos y repartir mejor los recursos. También puede establecer conversaciones de evaluación más espaciadas, en las que los datos sirvan como apoyo y no como sentencia. La clave está en decidir de antemano qué se mide, para qué se mide y quién puede acceder a esa información.

Qué debería tener en cuenta una empresa

Antes de implantar una herramienta de control, conviene definir objetivos comprensibles y relacionados con el puesto. No es lo mismo analizar los plazos de un equipo de desarrollo que valorar la atención prestada a un cliente. Cada actividad necesita indicadores propios y una interpretación adaptada a su realidad.

También es importante informar a la plantilla. La transparencia sobre los datos recopilados, su finalidad y el tiempo de conservación reduce la desconfianza y evita que el software se perciba como una cámara de vigilancia. Además, las decisiones relevantes deberían contar con supervisión humana, especialmente cuando pueden afectar a la carrera profesional o a las condiciones laborales.

Una predicción cumplida a medias

La tecnología ha hecho posible que los responsables consulten el estado del trabajo sin interrumpir continuamente a sus equipos. En ese sentido, la idea de un control menos invasivo parece más cercana que nunca. Sin embargo, la disponibilidad de datos también puede impulsar una supervisión constante si la organización no establece límites.

El verdadero reto no consiste en medirlo todo, sino en seleccionar la información que ayuda a trabajar mejor. Un control anual puede convivir con revisiones operativas puntuales, siempre que estas se centren en los objetivos y no en la vigilancia. La herramienta, por sí sola, no determina el modelo de empresa: lo hace la manera en que se utiliza.

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