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Los fondos de capital riesgo perpetuos afrontan un reto decisivo: demostrar que pueden devolver el dinero

Blackstone, KKR, EQT y otras grandes gestoras de capital riesgo han captado alrededor de 100.000 millones de dólares para una nueva generación de vehículos de inversión: los fondos perpetuos. A diferencia de los fondos tradicionales, no tienen una fecha fija de liquidación y pueden mantener el capital invertido durante décadas.

El modelo promete una relación más estable entre inversores y gestoras, pero también plantea una dificultad esencial. Para que los partícipes materialicen sus ganancias, necesitan solicitar el reembolso de sus inversiones. Si demasiados inversores quieren salir al mismo tiempo, la presión sobre estos fondos puede aumentar de forma significativa.

Un modelo diseñado para no terminar

Los fondos de capital riesgo convencionales suelen estructurarse con una duración limitada, normalmente de varios años. Durante ese periodo, la gestora compra empresas, intenta aumentar su valor y vende las participaciones antes de cerrar el fondo y devolver el capital a sus inversores.

Los vehículos perpetuos modifican ese calendario. Permiten mantener activos en cartera sin una venta obligatoria en una fecha concreta y seguir captando dinero de nuevos inversores. En teoría, esta fórmula ofrece mayor flexibilidad y facilita la inversión en empresas que necesitan más tiempo para crecer.

También puede resultar atractiva para las gestoras. Al no tener que levantar un fondo nuevo cada pocos años, pueden establecer una fuente de ingresos más duradera y mantener durante más tiempo las compañías que consideran estratégicas.

No hay dos fondos iguales

El crecimiento de estos productos ha sido rápido, pero su diseño no es homogéneo. Cada vehículo puede establecer sus propias normas sobre liquidez, valoración de los activos, comisiones, límites de reembolso y distribución de beneficios.

Esta diversidad complica la comparación entre fondos. Dos productos pueden presentarse como alternativas perpetuas de capital riesgo y, sin embargo, ofrecer condiciones muy distintas para entrar, salir o calcular el valor de las participaciones.

Para los inversores, esa falta de uniformidad obliga a analizar con detalle la letra pequeña. La duración indefinida del fondo no significa que el dinero esté disponible en cualquier momento ni que las valoraciones reflejen siempre un precio de mercado fácil de comprobar.

Rentabilidades desiguales y valoraciones bajo escrutinio

El rendimiento registrado hasta ahora tampoco es uniforme. Algunas estrategias han mostrado resultados positivos, mientras que otras presentan una evolución más discreta. La información disponible todavía es limitada, ya que muchos de estos vehículos son relativamente recientes y cuentan con historiales cortos.

Además, las empresas no cotizadas se valoran con métodos internos o mediante referencias de operaciones comparables. En un entorno de tipos de interés elevados o de menor actividad compradora, esas valoraciones pueden tardar en ajustarse a la realidad del mercado.

La ausencia de una cotización diaria puede suavizar las caídas visibles frente a los mercados bursátiles, pero no elimina el riesgo. El valor de los activos puede terminar revisándose cuando se produzca una venta, una nueva ronda de financiación o una evaluación independiente.

El riesgo de una salida simultánea

La principal vulnerabilidad del modelo aparece cuando los inversores quieren recuperar su dinero al mismo tiempo. Aunque los fondos suelen establecer ventanas periódicas de reembolso y límites a las retiradas, una oleada de solicitudes podría obligar a vender activos con rapidez.

Para un fondo de capital riesgo, esa situación puede ser especialmente incómoda. Las empresas de la cartera no siempre encuentran comprador de inmediato y una venta acelerada puede reducir el precio obtenido. El problema se agrava si las valoraciones internas son superiores a lo que el mercado está dispuesto a pagar.

Por eso, la liquidez no depende únicamente de que el fondo permita solicitar reembolsos. También depende de la calidad de sus activos, de la capacidad de la gestora para venderlos y del apetito de los compradores en cada momento.

Una promesa que necesita pruebas

El capital riesgo perpetuo aspira a combinar la inversión a largo plazo con una mayor flexibilidad para los inversores. Sin embargo, esa promesa todavía debe demostrarse durante distintos ciclos económicos y, especialmente, en periodos de tensión financiera.

El tamaño alcanzado por estos productos convierte su evolución en un asunto relevante para el conjunto del mercado. Cuanto más dinero concentren, mayor será la importancia de sus mecanismos de valoración y de sus reglas de salida.

Las gestoras tendrán que acreditar que pueden mantener carteras sólidas, ofrecer información clara y atender los reembolsos sin poner en peligro el valor de los activos. Los inversores, por su parte, deberán asumir que la etiqueta de fondo perpetuo no equivale a liquidez inmediata ni garantiza rentabilidades constantes.

El futuro de este modelo dependerá, en gran medida, de su capacidad para superar esa prueba. Si las salidas se producen de forma ordenada y los resultados mejoran, estos vehículos podrían consolidarse como una pieza estable del capital riesgo. Si las retiradas se concentran y las valoraciones se resienten, el atractivo de los fondos sin fecha de cierre podría quedar seriamente cuestionado.

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