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Estados Unidos busca llevar el misil PrSM hasta los 1.000 kilómetros de alcance

Estados Unidos prepara una nueva fase para su programa de misiles de precisión de largo alcance. El PrSM Increment 4 pretende duplicar aproximadamente la distancia que pueden cubrir estos proyectiles y alcanzar objetivos situados a hasta 1.000 kilómetros, todo ello sin obligar a sustituir los lanzadores que ya forman parte del arsenal estadounidense.

La competición reúne a cinco compañías con perfiles muy distintos: Lockheed Martin, Anduril, Castelion, Mach Industries y RTX. Todas aspiran a desarrollar la próxima versión del Precision Strike Missile, un sistema diseñado para atacar objetivos terrestres y, en determinadas configuraciones, también blancos navales.

Más alcance sin renovar toda la infraestructura

El principal atractivo del PrSM Increment 4 es que busca aumentar de forma considerable el alcance manteniendo la compatibilidad con los medios de lanzamiento existentes. El misil está asociado a plataformas como los sistemas HIMARS y los lanzadores múltiples M270, ampliamente utilizados por las fuerzas estadounidenses y sus aliados.

Esta estrategia permitiría incorporar una nueva capacidad de ataque sin acometer una renovación completa de vehículos, centros de control y redes logísticas. Para el Pentágono, aprovechar la infraestructura ya desplegada puede traducirse en una adopción más rápida y en menores costes de transición.

El reto técnico, sin embargo, es considerable. Un misil capaz de cubrir distancias cercanas a los 1.000 kilómetros necesita gestionar de forma eficiente el combustible, el peso, la navegación y la resistencia aerodinámica. También debe conservar la precisión suficiente para atacar objetivos protegidos o en movimiento.

Cinco propuestas para una misma misión

Lockheed Martin parte de una posición especialmente relevante. La compañía es uno de los principales responsables del desarrollo del programa PrSM y ya cuenta con experiencia en la integración del misil con los lanzadores estadounidenses. Su propuesta puede beneficiarse de ese conocimiento acumulado, aunque tendrá que demostrar que puede alcanzar el nuevo nivel de prestaciones.

Anduril llega a la competición con una estrategia centrada en ciclos de desarrollo más rápidos, software y sistemas autónomos. La empresa ha ganado protagonismo en el sector de defensa por su apuesta por arquitecturas digitales y producción escalable, dos elementos que pueden resultar decisivos en un programa de esta magnitud.

Castelion, compañía vinculada a la fabricación de sistemas hipersónicos y de largo alcance, compite con un enfoque orientado a acelerar el diseño y la fabricación. Su participación refleja el creciente interés de Washington por incorporar nuevos proveedores al mercado de misiles avanzados.

Mach Industries aporta otro perfil emergente dentro de la industria militar estadounidense. La empresa ha centrado parte de su actividad en tecnologías relacionadas con la propulsión y los sistemas de ataque, aunque deberá demostrar su capacidad para llevar una propuesta desde la fase de diseño hasta una producción fiable y a gran escala.

Por su parte, RTX cuenta con una amplia trayectoria en motores, sensores, guiado y armamento de precisión. Su experiencia en distintos componentes críticos podría permitirle presentar una solución con un elevado nivel de integración y madurez industrial.

Un misil preparado para objetivos terrestres y navales

El alcance no será el único criterio. El nuevo PrSM tendrá que localizar y atacar objetivos a gran distancia en entornos donde las defensas aéreas, los sistemas de interferencia y la movilidad del adversario complican las operaciones.

La posibilidad de emplearlo contra buques y otros objetivos navales amplía su valor estratégico. Desde posiciones terrestres, las fuerzas estadounidenses podrían amenazar zonas marítimas, proteger corredores de navegación o dificultar el despliegue de unidades enemigas sin recurrir necesariamente a aviones o buques de gran tamaño.

Para lograrlo, las propuestas deberán combinar navegación de precisión, capacidad de actualización durante el vuelo y sensores capaces de identificar correctamente el objetivo. La conectividad con redes militares será igualmente importante, ya que la información sobre una amenaza puede cambiar después del lanzamiento.

La competencia también afecta a la producción

El programa no se decidirá únicamente por las prestaciones anunciadas. Estados Unidos necesita un misil que pueda fabricarse en grandes cantidades, mantener un coste controlado y recibir actualizaciones con rapidez. La guerra moderna ha demostrado que disponer de unas pocas unidades muy sofisticadas no siempre es suficiente.

La entrada de empresas jóvenes junto a fabricantes consolidados responde precisamente a esa necesidad. Washington busca aumentar la capacidad industrial del sector de defensa, reducir la dependencia de un único proveedor y crear cadenas de suministro capaces de soportar una demanda elevada.

El PrSM Increment 4 se perfila así como una pieza clave de la estrategia estadounidense de ataques de precisión a larga distancia. Si el programa cumple sus objetivos, el país podrá ampliar notablemente el área que puede controlar desde tierra sin cambiar sus principales lanzadores. La decisión final determinará qué combinación de alcance, precisión, coste y velocidad de producción marcará la siguiente generación de misiles tácticos estadounidenses.

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