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Señor Juan Manuel Moreno Bonilla:

No le escribe un partido político.
No le escribe un sindicato.
No le escribe alguien que vive de la confrontación.

Le escribe una mujer andaluza agotada.

Una mujer de 37 años que lleva años conviviendo con dolor físico, migrañas, problemas digestivos, histaminosis, sangrados, ansiedad y un cansancio emocional que ya no puede esconder más.

Le escribe una madre.

Una madre que ha visto cómo su hijo de 6 años esperaba durante 7 meses una cita con oftalmología para finalmente encontrarse con una puerta cerrada porque el médico estaba en huelga.

Una madre que tuvo que discutir en ventanillas para conseguir un simple papel donde pusiera la verdad: que su hijo no fue atendido porque el profesional no estaba.

Porque parece que hasta reconocer la realidad cuesta.

Le escribe una mujer que acudió a hacerse una analítica necesaria para controlar su estado nutricional y sus déficits vitamínicos después de convivir diariamente con dolor físico y problemas para alimentarse.

Y después de esperar un mes, nadie avisó de que no habría extracción de sangre por la huelga de laboratorio.

Nadie llamó.
Nadie informó.
Nadie dio alternativas.

Solo una paciente llorando dentro de un centro de salud porque siente que el sistema sanitario la ha dejado sola.

Y no, esto no va solo de una analítica.
Ni de una cita perdida.

Va de sentirse abandonada durante años.

Va de pasar años probando anticonceptivos mientras nadie investiga por qué el cuerpo reacciona mal.

Va de sufrir más de un mes sangrando sin descanso y acabar dejando la medicación por cuenta propia porque nadie atiende.

Va de pasar más de ocho horas esperando en urgencias hasta tener que irse a casa agotada sin que nadie la vea.

Va de tener dolor en las mamas, notar bultos en las axilas y acabar pagando una ecografía privada porque el miedo a escuchar la palabra “cáncer” puede más que la capacidad de esperar eternamente una cita pública.

Va de tener una cesárea de urgencia, seguir teniendo dolor diario años después y sentir que todo se va acumulando mientras las citas se desprograman una detrás de otra.

Va de llamar a Salud Responde y descubrir que ni siquiera quienes atienden el teléfono saben explicar por qué cambian las citas, por qué cambian hospitales o por qué desaparecen consultas del sistema.

“No aparece esa información”.

Esa frase resume perfectamente el estado actual de la sanidad andaluza.

No aparece información.
No aparecen médicos.
No aparecen soluciones.
No aparecen explicaciones.

Pero sí aparece el sufrimiento de los pacientes.

Y aun así, incluso escribiendo esta carta, una parte de mí sigue pensando: “hay personas peor que yo, no te quejes, aguanta”.

Porque esa es la realidad de muchísima gente en Andalucía. Aguantamos. Callamos. Esperamos. Nos convencemos de que quizás lo nuestro no es tan grave.

Y precisamente por aguantar y callar tanto tiempo, está pasando lo que está pasando.

Porque mi caso puede parecer pequeño comparado con personas que están librando auténticas batallas por su vida, pero el problema es que ya somos demasiados sintiéndonos abandonados por el sistema sanitario público.

No soy solo yo.

Somos miles de personas cansadas.

Miles de pacientes agotados de esperar.
De sentirse ignorados.
De ver cómo su salud se deteriora mientras las citas desaparecen, las listas de espera aumentan y la única respuesta muchas veces es “espere” o “no aparece en el sistema”.

Porque mientras desde la política se habla de gestión, presupuestos y titulares, hay personas reales deteriorándose física y mentalmente esperando ser atendidas.

La sanidad pública andaluza lleva años deteriorándose.
Y quienes lo estamos pagando somos los ciudadanos normales.

Los que no tenemos seguros privados.
Los que no podemos permitirnos especialistas constantemente.
Los que trabajamos, cotizamos y sostenemos un sistema que, cuando más lo necesitamos, muchas veces nos deja solos.

Y lo más doloroso de todo no es esperar.

Lo más doloroso es sentir que a nadie le importa realmente el desgaste humano que hay detrás de cada lista de espera, cada cita desprogramada y cada paciente agotado.

Porque detrás de cada número hay personas.

Personas cansadas.
Personas enfermas.
Personas asustadas.
Madres.
Niños.
Familias enteras.

Y muchos ya no pueden más.

Atentamente,

Una paciente andaluza agotada.

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