El director del IES Basoko cuestiona el impacto de las políticas educativas tras los resultados de PISA en Navarra
Los resultados de PISA en Navarra han reabierto el debate sobre la capacidad del sistema educativo para mejorar el aprendizaje y reducir las desigualdades. Héctor Fernández, director del IES Basoko, considera que el problema no puede abordarse únicamente desde las cifras de las evaluaciones internacionales y reclama una reflexión más profunda sobre los incentivos, las expectativas y las decisiones que afectan a los centros y al alumnado.
Desde su punto de vista, las políticas educativas no están cumpliendo el papel que deberían desempeñar como herramienta de mejora social. La educación, sostiene, no debe limitarse a garantizar la promoción de curso, sino que tiene que asegurar que los estudiantes adquieren los conocimientos, las competencias y la autonomía necesarias para continuar sus estudios y afrontar su futuro con garantías.
La promoción de curso, en el centro del debate
Una de las principales críticas de Fernández se dirige a la percepción que puede consolidarse entre los estudiantes sobre las consecuencias del suspenso. En su opinión, parte del alumnado sabe que podrá pasar de curso aunque no haya superado todas las materias. Esa expectativa, advierte, puede debilitar el esfuerzo y reducir la importancia que se concede al aprendizaje diario.
El director del instituto navarro no plantea el problema únicamente como una cuestión de disciplina o de responsabilidad individual. Su análisis apunta al funcionamiento global del sistema: si las reglas de promoción no van acompañadas de medidas eficaces de refuerzo, seguimiento y recuperación, el alumno puede avanzar de etapa acumulando lagunas que después resultan más difíciles de corregir.
La cuestión adquiere especial relevancia en un contexto en el que los centros deben atender perfiles cada vez más diversos. Las aulas reúnen a estudiantes con ritmos de aprendizaje distintos, situaciones familiares desiguales y necesidades educativas específicas. Para el responsable del IES Basoko, las decisiones administrativas deberían tener en cuenta esta realidad y facilitar respuestas más personalizadas.
Más allá de las pruebas internacionales
Las evaluaciones de PISA permiten comparar el rendimiento del alumnado en diferentes territorios y analizar tendencias en áreas como la comprensión lectora, las matemáticas o las ciencias. Sin embargo, sus resultados no ofrecen por sí solos una explicación completa de las dificultades que afronta cada comunidad educativa.
La valoración de Fernández invita a mirar más allá de la posición que ocupa Navarra en las tablas. A su juicio, el debate debe centrarse en si las medidas adoptadas consiguen que los estudiantes aprendan más y mejor, especialmente aquellos que parten de una situación de mayor vulnerabilidad. También en si los centros disponen de tiempo, recursos y estabilidad suficientes para intervenir antes de que el desfase académico se convierta en abandono o desmotivación.
En este sentido, los resultados de PISA deberían servir como una herramienta de diagnóstico, no como un objetivo aislado. Las cifras pueden señalar tendencias, pero no sustituyen el trabajo cotidiano de los docentes ni la evaluación continua que se realiza en cada aula. Tampoco permiten medir por completo aspectos como el clima escolar, la confianza del alumnado o la capacidad de un centro para acompañar a quienes atraviesan más dificultades.
Una política educativa con efectos sociales
La crítica del director del IES Basoko conecta la educación con una responsabilidad que va más allá del ámbito académico. La escuela influye en las oportunidades laborales, en la participación ciudadana y en la posibilidad de romper ciclos de desigualdad. Cuando un estudiante promociona sin haber consolidado los aprendizajes básicos, el problema puede trasladarse a la siguiente etapa y limitar sus opciones futuras.
Por eso, la mejora educativa exige medidas coherentes y sostenidas en el tiempo. Entre ellas se encuentran el refuerzo temprano, la reducción de ratios cuando sea necesario, la coordinación entre etapas, el apoyo a las familias y una evaluación que permita detectar las dificultades antes de que se acumulen. También resulta determinante que el profesorado cuente con estabilidad y con capacidad real para adaptar la enseñanza a las necesidades de cada grupo.
La posición expresada por Fernández pone el foco en una posible contradicción: aprobar o promocionar puede presentarse como una forma de evitar la exclusión, pero no garantiza por sí mismo la inclusión educativa. Si el avance de curso no va acompañado de aprendizaje, el alumno puede continuar dentro del sistema formal y, al mismo tiempo, quedar progresivamente apartado de sus exigencias.
El reto para Navarra
El debate abierto tras PISA reclama respuestas que combinen exigencia y apoyo. No se trata de responsabilizar únicamente al alumnado, a las familias o a los docentes, sino de revisar si las normas y los recursos disponibles favorecen realmente el aprendizaje. La promoción debe ir ligada a un plan claro de recuperación, con objetivos concretos y un seguimiento que permita comprobar los avances.
La advertencia del director del IES Basoko se suma así a una discusión más amplia sobre el rumbo de la educación en Navarra. La comunidad educativa afronta el reto de convertir los diagnósticos en cambios verificables y de recuperar el valor del esfuerzo sin renunciar a la atención a la diversidad.
La conclusión de su análisis es clara: una política educativa solo cumple su función social cuando mejora las oportunidades reales del alumnado. Para lograrlo, no basta con facilitar el paso de una etapa a otra. Es necesario garantizar que cada estudiante avance con los conocimientos y el apoyo que necesita.


