Albares convocó a la embajadora de Marruecos pese a saber que estaba fuera de España
El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, convocó el pasado 21 de agosto a la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, aunque tenía constancia de que la diplomática se encontraba fuera del país. La reunión, por tanto, no podía ser atendida personalmente por la representante marroquí, que fue sustituida por un miembro de su equipo.
La decisión ha generado dudas sobre el sentido de la convocatoria y sobre el mensaje que pretendía trasladar el Gobierno español. En el ámbito diplomático, llamar a consultas o citar a un embajador constituye una actuación con una carga política relevante, especialmente cuando afecta a las relaciones entre dos países vecinos como España y Marruecos.
Una convocatoria sin la presencia de la embajadora
Benyaich no se encontraba en territorio español cuando el Ministerio de Exteriores formalizó la citación. Los embajadores destinados en un país tienen la obligación de comunicar sus desplazamientos fuera de sus fronteras, por lo que la ausencia de la representante marroquí era conocida por las autoridades españolas.
En su lugar acudió un subordinado de la legación diplomática. Se trata de una práctica prevista en las relaciones internacionales cuando el embajador no puede asistir, aunque la sustitución rebaja el impacto formal de la comparecencia y evita que la persona convocada escuche directamente el mensaje del Gobierno anfitrión.
La cuestión central es, por ello, por qué Exteriores mantuvo la convocatoria en esas condiciones. Si el objetivo era trasladar una protesta política o pedir explicaciones a Rabat, la ausencia de Benyaich impidió que la comunicación se produjera con el máximo nivel de representación.
El valor político de citar a un embajador
La convocatoria de un embajador no equivale necesariamente a una ruptura diplomática ni a una retirada de confianza. Sin embargo, sí suele emplearse para expresar malestar, reclamar información o dejar constancia oficial de una posición ante un Gobierno extranjero.
En el caso de Marruecos, cualquier gesto de este tipo adquiere una dimensión añadida. España mantiene con el país vecino una relación estratégica marcada por la cooperación en materia migratoria, la seguridad, el comercio y la lucha contra el terrorismo. También existen asuntos sensibles relacionados con el Sáhara Occidental, las fronteras de Ceuta y Melilla y la gestión de los flujos migratorios.
Por ese motivo, una citación diplomática puede ser interpretada como una señal de tensión, incluso cuando se presenta como una actuación ordinaria dentro de los canales oficiales. La persona que acude en representación de la embajada puede recibir el mensaje, pero no tiene el mismo rango político ni la misma capacidad de interlocución que la embajadora.
La ausencia era conocida por Exteriores
El elemento más relevante de la actuación de Albares es que la falta de la embajadora no habría sido sobrevenida. La información disponible apunta a que el Ministerio sabía que Benyaich estaba fuera de España cuando fijó la cita del 21 de agosto.
Esta circunstancia diferencia el episodio de una convocatoria frustrada por un viaje de última hora o por un cambio de agenda. La decisión de seguir adelante plantea interrogantes sobre si la prioridad del Gobierno era trasladar un mensaje de manera inmediata o escenificar una protesta ante la representación marroquí, aunque la máxima responsable no estuviera presente.
También abre el debate sobre la coordinación entre Exteriores y la embajada de Marruecos. En la práctica diplomática, las agendas y los desplazamientos de los embajadores suelen gestionarse mediante comunicación directa entre las respectivas cancillerías y legaciones. La convocatoria, por tanto, no se produce al margen de esos contactos.
Un episodio pendiente de explicación política
El Ministerio de Exteriores no ha aclarado públicamente cuál era el asunto concreto que motivó la citación ni por qué se mantuvo la reunión pese a la ausencia de Benyaich. Tampoco se conoce el contenido del mensaje trasladado al representante que acudió en nombre de la embajada marroquí.
La falta de detalles impide determinar si se trató de una protesta formal, de una petición de explicaciones o de una gestión diplomática de menor alcance. En cualquier caso, la convocatoria refleja la sensibilidad de la relación bilateral y la importancia que tienen los gestos protocolarios entre Madrid y Rabat.
La presencia de un subordinado permitió mantener abierto el canal institucional, pero dejó una imagen política distinta de la que habría ofrecido una reunión con la embajadora. La decisión de Albares de citarla sabiendo que estaba fuera de España convierte el episodio en un asunto de procedimiento diplomático y, al mismo tiempo, en una señal que Marruecos deberá valorar dentro del marco de sus relaciones con el Gobierno español.



