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La ultraderecha alemana amenaza con frenar las reformas que necesita la economía

El avance electoral de Alternativa para Alemania (AfD) en un estado federado difícilmente pondrá en peligro la recuperación inmediata del país. Las previsiones apuntan a que la economía alemana podría crecer alrededor de un 0,6% este año, después de varios ejercicios marcados por el estancamiento.

Sin embargo, el éxito de esta formación puede convertirse en un riesgo económico de largo recorrido. Sus posiciones contrarias a la inmigración y favorables a un acercamiento a Rusia amenazan con complicar las respuestas que Alemania necesita para afrontar tres retos estructurales: el envejecimiento de la población, la transformación industrial y el refuerzo de la defensa.

Una recuperación débil, pero en marcha

La economía alemana atraviesa una fase de estabilización tras la pérdida de competitividad que ha sufrido su industria. La moderación de los costes energéticos, la mejora gradual de la demanda y unas condiciones financieras menos restrictivas pueden impulsar una recuperación modesta.

Ese crecimiento, no obstante, parte de una base frágil. Alemania continúa dependiendo en gran medida de sus exportaciones y afronta una transición compleja en sectores como el automóvil, la maquinaria, la química y la fabricación de equipos industriales.

El repunte previsto no resuelve por sí solo los problemas acumulados. La inversión sigue siendo insuficiente en infraestructuras, digitalización y energía, mientras las empresas reclaman más seguridad regulatoria para tomar decisiones a largo plazo.

El factor demográfico condiciona el futuro

Uno de los principales obstáculos para el crecimiento alemán es la falta de trabajadores. La jubilación de la generación del baby boom reducirá la población activa durante los próximos años y elevará la presión sobre las pensiones, la sanidad y los servicios sociales.

La inmigración es una de las vías para compensar ese déficit laboral, especialmente en profesiones técnicas, ingeniería, cuidados y tecnologías de la información. Sin nuevas entradas de trabajadores y sin una mejor integración de quienes ya viven en el país, numerosas empresas tendrán dificultades para cubrir sus vacantes.

La AfD ha construido buena parte de su discurso sobre el rechazo a la inmigración y la promesa de endurecer las fronteras. Esta posición puede ofrecer réditos electorales a corto plazo, pero también limitar el margen de maniobra de Alemania ante una necesidad económica cada vez más evidente.

Industria y energía: una transformación pendiente

La industria alemana debe adaptarse a un escenario internacional más competitivo y a la transición hacia una economía con menos emisiones. El cambio exige inversiones millonarias en redes eléctricas, energías renovables, almacenamiento, hidrógeno y procesos de fabricación más eficientes.

También obliga a revisar modelos de negocio muy dependientes de la energía barata y de los mercados exteriores. La pérdida de dinamismo de China, la competencia tecnológica de Estados Unidos y Asia y la electrificación del automóvil han puesto bajo presión a empresas que durante décadas fueron referentes mundiales.

Un clima político dominado por el rechazo a las políticas climáticas o por la incertidumbre sobre la regulación puede retrasar esas inversiones. Las compañías necesitan previsibilidad para renovar fábricas, desarrollar nuevos productos y mantener el empleo cualificado dentro del país.

La relación con Rusia sigue teniendo consecuencias

El posicionamiento prorruso de la extrema derecha alemana añade otra fuente de incertidumbre. Aunque la dependencia energética respecto a Moscú se ha reducido desde el inicio de la guerra en Ucrania, el conflicto continúa afectando a los precios, las cadenas de suministro y la seguridad europea.

Una política más complaciente con el Kremlin podría debilitar la coordinación de Alemania con sus socios de la Unión Europea y de la OTAN. Para la economía, esa fractura tendría efectos directos: menor capacidad de negociación, más volatilidad energética y dificultades para planificar inversiones estratégicas.

Además, la seguridad se ha convertido en un componente inseparable de la política industrial. La fabricación de equipos, componentes tecnológicos y sistemas de defensa requiere presupuestos estables y cooperación entre países europeos.

El debate sobre la defensa gana peso

Alemania afronta el reto de aumentar su gasto militar y modernizar unas fuerzas armadas que durante años estuvieron condicionadas por la falta de inversión. El objetivo no es únicamente responder a las exigencias de sus aliados, sino reforzar la capacidad industrial y tecnológica europea.

Este proceso puede generar empleo, innovación y oportunidades para empresas de ingeniería, electrónica, ciberseguridad y fabricación avanzada. Pero necesita acuerdos políticos duraderos y una visión común sobre las amenazas exteriores.

La influencia creciente de una fuerza partidaria de reducir el apoyo a Ucrania y de cuestionar las alianzas occidentales puede dificultar ese consenso. El impacto no sería inmediato, pero sí relevante si bloquea presupuestos, proyectos industriales o acuerdos europeos.

Un riesgo lento, no una crisis repentina

El ascenso de la AfD no implica necesariamente un frenazo instantáneo de la economía alemana. Las competencias de los estados federados son limitadas y la evolución del producto interior bruto depende también de los tipos de interés, la demanda externa, la energía y las decisiones del Gobierno federal.

El riesgo se encuentra en otro lugar: en la posibilidad de que el debate político retrase durante años las decisiones necesarias. Sin trabajadores suficientes, inversión industrial, energía competitiva y una estrategia de defensa coordinada, la recuperación puede quedarse en un rebote temporal.

Por eso, el resultado electoral debe interpretarse como una señal de alerta. La cuestión no es solo cuánto crecerá Alemania este año, sino si será capaz de crear las condiciones para volver a crecer de forma sostenida durante la próxima década.

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