La victoria del PAM en Marruecos abre una nueva etapa para España: Ceuta, Melilla y el Mundial 2030, en el foco
La victoria del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) en las elecciones marroquíes coloca a España ante un nuevo escenario político en su vecino del sur. El rey Mohamed VI deberá designar al próximo jefe de Gobierno entre los integrantes de la formación ganadora, en un proceso que puede marcar la relación bilateral durante los próximos años.
La elección del nuevo primer ministro será especialmente relevante por tres asuntos que afectan de forma directa a España: la posición marroquí sobre Ceuta y Melilla, la cooperación en materia migratoria y de seguridad, y la organización del Mundial de Fútbol de 2030, que Marruecos coorganizará junto a España y Portugal.
Un Gobierno condicionado por la figura del rey
El sistema político marroquí concede al monarca un papel central en la formación del Ejecutivo. Aunque el partido más votado tiene un papel determinante, la designación del jefe de Gobierno corresponde al rey, que debe escogerlo entre los miembros de la formación vencedora.
Esta particularidad limita la posibilidad de interpretar el triunfo del PAM como un giro automático en la política exterior de Marruecos. Las grandes líneas sobre seguridad, soberanía territorial, cooperación internacional y relaciones con España dependen en buena medida de una estructura de poder más amplia que el propio Ejecutivo.
Por eso, el relevo puede implicar cambios en las prioridades y en el estilo político, pero no necesariamente una ruptura con la estrategia seguida por Rabat en los últimos años. Para Madrid, la clave será comprobar si el nuevo Gobierno apuesta por una relación más previsible o si utiliza las cuestiones territoriales para reforzar su discurso nacional.
Ceuta y Melilla seguirán siendo un asunto sensible
La posición oficial de Marruecos sobre Ceuta y Melilla no ha desaparecido con las elecciones. Rabat mantiene sus reivindicaciones sobre ambas ciudades autónomas, aunque la intensidad de las declaraciones y la forma de plantear esta cuestión pueden variar según el contexto político.
Un Gobierno del PAM podría tratar de combinar la defensa de la soberanía marroquí con una gestión pragmática de la relación con España. Esa fórmula permitiría mantener la presión política sin poner en riesgo la cooperación económica, fronteriza y de seguridad que beneficia a ambos países.
Para España, cualquier aumento de la tensión tendría consecuencias inmediatas. Ceuta y Melilla dependen de una coordinación eficaz en materia de control fronterizo, comercio, lucha contra las redes de tráfico de personas y prevención de amenazas terroristas. Una crisis diplomática podría traducirse en más presión migratoria y en dificultades para mantener abiertos los canales de cooperación.
La expectativa de Madrid será, por tanto, que las reivindicaciones territoriales no se conviertan en una herramienta de política interna. La gestión de las fronteras y la estabilidad en el Estrecho exigen contactos permanentes, incluso cuando persisten desacuerdos sobre la soberanía.
El Mundial 2030, una oportunidad y una fuente de influencia
La organización conjunta del Mundial 2030 añade una dimensión inédita a la relación entre España y Marruecos. El campeonato obligará a coordinar inversiones, infraestructuras, seguridad, movilidad y promoción internacional. Para Rabat, el torneo será también una oportunidad para consolidar su imagen como potencia regional y escaparate turístico.
En este contexto, Fouzi Lekjaa aparece entre los nombres que podrían ganar peso en la nueva etapa. Presidente de la Federación Marroquí de Fútbol y una de las figuras más visibles de la preparación del Mundial, su eventual llegada a la jefatura del Gobierno reforzaría la conexión entre el proyecto deportivo y la acción política.
La presencia de Lekjaa en el Ejecutivo podría favorecer una coordinación más directa con España y Portugal, especialmente en asuntos logísticos y organizativos. Sin embargo, también elevaría el componente político del campeonato. El Mundial no será únicamente un acontecimiento deportivo: servirá para proyectar modelos de país, alianzas diplomáticas y mensajes de liderazgo regional.
Los intereses económicos españoles
Las empresas españolas observan con atención la formación del próximo Gobierno marroquí. Marruecos es un socio relevante para España en sectores como la construcción, las energías renovables, la automoción, el turismo, la logística y las infraestructuras.
La preparación del Mundial puede generar nuevos contratos y oportunidades para compañías españolas, pero también una competencia más intensa por los proyectos vinculados a estadios, transporte, alojamiento y conectividad. La estabilidad política será determinante para que estas inversiones avancen con seguridad jurídica.
El nuevo Ejecutivo tendrá que equilibrar la atracción de capital extranjero con las demandas sociales internas. El empleo, el coste de la vida y la mejora de los servicios públicos serán factores decisivos para medir el éxito del PAM. Una presión social creciente podría llevar al Gobierno a adoptar un discurso más nacionalista también en política exterior.
España afronta una relación de intereses compartidos
La victoria del PAM no permite anticipar por sí sola un cambio radical en las relaciones hispano-marroquíes. Sí abre, en cambio, una etapa de incertidumbre en la que España deberá reforzar la interlocución política y evitar que los desacuerdos sobre Ceuta y Melilla contaminen el resto de la agenda bilateral.
Madrid tendrá que proteger sus intereses sin cerrar los canales de diálogo. La cooperación migratoria, la seguridad en el Estrecho, el comercio y el Mundial 2030 forman una red de intereses compartidos que hace poco realista cualquier estrategia basada únicamente en la confrontación.
La designación del próximo jefe de Gobierno permitirá conocer el verdadero alcance de la victoria del PAM. Hasta entonces, España deberá prepararse para un escenario en el que la política territorial, el deporte y la economía estarán más conectados que nunca.



