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El calor extremo y los apagones prolongados agravan los riesgos para las personas con enfermedades previas

Las altas temperaturas combinadas con cortes prolongados de electricidad pueden deteriorar de forma rápida la salud física y mental, especialmente en personas con enfermedades crónicas, mayores, bebés y otros colectivos vulnerables. La falta de refrigeración, agua fría, iluminación y medios para conservar medicamentos convierte una ola de calor en una situación potencialmente peligrosa.

El riesgo aumenta cuando el apagón se prolonga durante varias horas o afecta a viviendas sin ventilación adecuada. En estas condiciones, el organismo tiene más dificultades para regular su temperatura y pueden empeorar problemas cardiacos, respiratorios, renales o metabólicos que ya estaban controlados.

Quiénes deben extremar las precauciones

Las personas con insuficiencia cardiaca, hipertensión, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, asma, diabetes o enfermedad renal pueden ser especialmente sensibles al calor. También deben prestar atención quienes toman medicamentos que afectan a la presión arterial, la eliminación de líquidos o la sudoración.

Los mayores, en particular quienes viven solos, pueden no percibir la sed o el aumento de temperatura con la misma intensidad. Los niños pequeños, las personas con discapacidad y quienes dependen de equipos eléctricos para respirar, movilizarse o recibir tratamiento necesitan un plan específico ante los cortes de suministro.

Cómo afecta el calor al organismo

Cuando la temperatura ambiental sube, el cuerpo intenta enfriarse mediante la sudoración y el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel. Este esfuerzo puede sobrecargar el corazón y favorecer la deshidratación. Si además se pierde el acceso a ventiladores o aire acondicionado, el calor se acumula en el interior de las viviendas.

La deshidratación puede provocar cansancio, mareos, dolor de cabeza, calambres y confusión. En los casos más graves aparece un golpe de calor, una urgencia médica que puede causar alteraciones neurológicas, pérdida de conocimiento y daños en órganos vitales.

Las personas con enfermedades respiratorias también pueden notar un empeoramiento de sus síntomas. El calor, la humedad y la mala ventilación favorecen la sensación de falta de aire, mientras que el humo de velas, generadores o cocinas improvisadas puede irritar las vías respiratorias.

El impacto de los apagones en la salud mental

La interrupción prolongada de la electricidad no solo tiene consecuencias físicas. La oscuridad, el ruido de los generadores, la imposibilidad de descansar y la incertidumbre sobre la duración del corte pueden aumentar la ansiedad, la irritabilidad y el estrés.

En personas con depresión, trastornos de ansiedad o problemas de sueño, estas condiciones pueden intensificar los síntomas. La falta de conexión telefónica o de acceso a información también puede generar sensación de aislamiento, sobre todo entre quienes viven solos o necesitan asistencia frecuente.

Para reducir este impacto, conviene mantener rutinas sencillas, limitar la exposición a noticias alarmistas y permanecer en contacto con familiares o vecinos. Comprobar periódicamente el estado de las personas más vulnerables puede detectar a tiempo señales de agotamiento o desorientación.

Medidas para protegerse durante un corte de luz

  • Beber agua con frecuencia, sin esperar a tener sed, salvo que un profesional sanitario haya indicado una restricción de líquidos.
  • Buscar la estancia más fresca de la vivienda, cerrar persianas durante las horas de mayor calor y ventilar cuando la temperatura exterior sea más baja.
  • Utilizar ropa ligera y holgada, y refrescar la piel con paños húmedos o duchas templadas.
  • Evitar el ejercicio, las tareas intensas y la exposición directa al sol durante las horas centrales del día.
  • Preparar con antelación linternas, baterías externas, agua, alimentos que no necesiten refrigeración y una lista de teléfonos de emergencia.
  • Revisar la conservación de los medicamentos que requieren frío y consultar a un profesional si han permanecido fuera de la temperatura recomendada.
  • No utilizar generadores, braseros ni dispositivos de combustión dentro de la vivienda por el riesgo de intoxicación por monóxido de carbono.

Cuándo solicitar ayuda médica

Es necesario pedir asistencia urgente ante una temperatura corporal muy elevada, confusión, desmayo, convulsiones, dificultad para respirar, dolor en el pecho o una debilidad intensa. También deben valorarse cuanto antes los vómitos persistentes, la ausencia de sudoración pese al calor y el empeoramiento repentino de una enfermedad crónica.

Mientras llega la ayuda, la persona afectada debe trasladarse a un lugar fresco, retirar el exceso de ropa y aplicar paños húmedos. No conviene administrar bebidas a alguien que esté confuso, inconsciente o tenga dificultades para tragar.

La prevención requiere coordinación

Las familias pueden reducir los riesgos elaborando un plan antes de que llegue una ola de calor: identificar un lugar alternativo con refrigeración, asegurar el suministro de tratamientos esenciales y acordar quién contactará con las personas que necesiten apoyo.

La combinación de altas temperaturas y apagones exige una respuesta coordinada entre hogares, servicios sanitarios y autoridades. La vigilancia de los síntomas, la hidratación adecuada y el acompañamiento de los colectivos vulnerables son medidas sencillas que pueden evitar complicaciones graves.

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