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Una Sola Salud: el enfoque que reclama más inversión para prevenir futuras amenazas sanitarias

La prevención, la vigilancia y la coordinación entre los ámbitos humano, animal y medioambiental deben convertirse en prioridades globales para afrontar amenazas sanitarias cada vez más complejas. Esta es la principal conclusión de un informe internacional que reclama reforzar el enfoque de Una Sola Salud y aumentar las inversiones destinadas a anticiparse a las enfermedades y contener la resistencia a los antimicrobianos.

La propuesta parte de una idea esencial: la salud de las personas no puede protegerse al margen de la salud de los animales, de la seguridad alimentaria y del estado de los ecosistemas. Muchas enfermedades infecciosas pueden transmitirse entre especies o verse favorecidas por cambios en el entorno, la movilidad, la producción ganadera y la presión sobre los recursos naturales.

La resistencia antimicrobiana, una amenaza que exige actuar antes

Entre los principales retos se encuentra la resistencia a los antimicrobianos, un fenómeno que reduce la eficacia de medicamentos esenciales frente a bacterias, virus, hongos y parásitos. Cuando los microorganismos dejan de responder a los tratamientos, infecciones habituales pueden resultar más difíciles de curar y aumentar el riesgo de complicaciones.

El uso inadecuado o excesivo de antibióticos y otros antimicrobianos en la medicina humana, la veterinaria y la producción de alimentos contribuye a acelerar este problema. Sin embargo, la resistencia no se limita a un único sector: los microorganismos resistentes pueden circular entre personas, animales y el medio ambiente.

Por este motivo, las estrategias aisladas resultan insuficientes. La respuesta debe combinar el uso responsable de los medicamentos, una mejor prevención de las infecciones, el control de los brotes y una vigilancia capaz de detectar con rapidez la aparición y propagación de resistencias.

Vigilancia compartida para detectar riesgos con rapidez

El enfoque Una Sola Salud promueve que los servicios sanitarios, veterinarios, alimentarios y medioambientales trabajen con objetivos comunes. Compartir datos permite identificar señales de alerta antes de que un problema local se convierta en una emergencia de mayor alcance.

Para ello, es necesario mejorar los sistemas de vigilancia en hospitales, centros de salud, explotaciones ganaderas, industrias alimentarias y espacios naturales. También resulta fundamental que los datos puedan analizarse de forma conjunta y que existan canales eficaces de comunicación entre las autoridades y los profesionales.

La vigilancia no debe centrarse únicamente en los casos que ya se han producido. También debe observar los factores que favorecen la aparición de enfermedades, como los cambios en los hábitats, la circulación de animales y personas, las condiciones de producción, la contaminación o las deficiencias en higiene y saneamiento.

Prevenir es más eficaz que reaccionar ante una crisis

El refuerzo de la prevención constituye uno de los pilares de la estrategia. Las medidas de higiene, vacunación, bioseguridad, control sanitario y acceso a agua segura pueden reducir la aparición y transmisión de numerosas enfermedades. Además, disminuyen la necesidad de utilizar antimicrobianos y, por tanto, la presión que favorece la resistencia.

En el ámbito animal, la prevención incluye mejorar las condiciones de crianza, reducir el estrés y reforzar las medidas de bioseguridad. En la salud humana, implica promover diagnósticos adecuados, evitar la automedicación y garantizar que los tratamientos se utilicen únicamente cuando sean necesarios y siguiendo las indicaciones de los profesionales.

La seguridad alimentaria también ocupa un lugar destacado. Una producción y una distribución más seguras ayudan a prevenir intoxicaciones y enfermedades transmitidas por los alimentos. Al mismo tiempo, permiten reducir el uso innecesario de medicamentos y mejorar la trazabilidad cuando aparece un riesgo.

Más recursos y cooperación entre países

La aplicación real de Una Sola Salud requiere financiación estable, personal formado e infraestructuras suficientes. No basta con aprobar planes de actuación: es necesario dotar a los laboratorios, los sistemas de vigilancia y los servicios de salud pública de los recursos necesarios para trabajar de manera continuada.

La cooperación internacional resulta especialmente importante porque las enfermedades y los microorganismos resistentes no respetan fronteras. Los países necesitan compartir información, capacidades técnicas y experiencias, sobre todo para apoyar a aquellos territorios con menos recursos y mayores dificultades para detectar y responder a las amenazas sanitarias.

El fortalecimiento de los laboratorios, la mejora de los diagnósticos y la formación de profesionales pueden marcar la diferencia entre una respuesta temprana y una crisis prolongada. También es esencial que las decisiones se basen en evidencias y que las comunidades participen en las medidas de prevención.

Un cambio de modelo para proteger la salud

Una Sola Salud no es solo un programa de emergencia, sino una forma de planificar las políticas sanitarias a largo plazo. Su objetivo es superar la separación tradicional entre la salud humana, la veterinaria y la protección del medio ambiente.

La inversión en prevención y vigilancia puede evitar costes humanos, sociales y económicos mucho mayores en el futuro. Frente a amenazas como la resistencia antimicrobiana, anticiparse, coordinarse y actuar de forma conjunta se presentan como las herramientas más eficaces para proteger la salud de la población y garantizar sistemas sanitarios más preparados.

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