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Presión sobre la OMS para elevar obesidad y MASLD a prioridades sanitarias: ¿por qué ahora?

La obesidad y la Enfermedad Hepática Asociada a la Esteatosis Metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés) están ganando terreno en la agenda mundial de la salud. En un contexto donde las enfermedades no transmisibles (ENT) representan una de las mayores cargas para los sistemas sanitarios, expertos y organizaciones internacionales hacen un llamado urgente para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconozca formalmente a estas patologías como prioridades sanitarias globales.

Una petición respaldada por la ciencia y la sociedad

Recientemente, el Grupo de Salud Pública del Hígado, perteneciente a ISGlobal, apoyó una declaración conjunta con la World Obesity Federation dirigida al Consejo Ejecutivo de la OMS. En ella, se solicita acelerar las medidas y recursos para combatir la obesidad y la MASLD. ¿Qué hay detrás de esta iniciativa y por qué es importante que la OMS actúe ahora?

El impacto creciente de la obesidad y la MASLD

La obesidad es una epidemia mundial que no solo altera la calidad de vida de millones de personas, sino que también sobrecarga a los sistemas de salud y a la economía global. A su vez, la MASLD —una enfermedad silenciosa que afecta al hígado, relacionada estrechamente con trastornos metabólicos y la obesidad— se ha convertido en la causa hepática principal en países occidentales.

  • Prevalencia en aumento: Más del 30% de la población mundial podría verse afectada por MASLD en las próximas dos décadas.
  • Consecuencias graves: Ambas condiciones aumentan el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, y complicaciones hepáticas graves como la cirrosis o el cáncer de hígado.
  • Desafíos sociales y económicos: La insuficiente atención médica y la falta de políticas públicas adecuadas limitan el acceso a tratamientos efectivos y la implementación de medidas preventivas.

La necesidad de una acción global urgente

La solicitud al Consejo Ejecutivo de la OMS busca que la obesidad y la MASLD entren en la categoría de enfermedades no transmisibles prioritarias. Esto implica, entre otras cosas:

  • Incrementar la asignación presupuestaria para investigación y prevención.
  • Implementar estrategias más efectivas de educación y promoción de hábitos saludables.
  • Fortalecer la vigilancia y el diagnóstico precoz a nivel global.
  • Desarrollar políticas que combatan las desigualdades sociales relacionadas con estos padecimientos.

¿Por qué es fundamental este reconocimiento en la OMS?

La OMS juega un papel crucial como entidad reguladora y orientadora en salud pública mundial. Cuando una enfermedad es declarada prioridad sanitaria, esto abre la puerta a un mayor compromiso político y la movilización de recursos internacionales. Además, se potencia:

  • La colaboración entre países y sectores para abordar las causas subyacentes.
  • La homologación de protocolos de diagnóstico y tratamiento.
  • La visibilización frente a la opinión pública, fomentando la prevención.

Rompiendo mitos para avanzar en el combate contra la obesidad y MASLD

Un obstáculo frecuente en la lucha contra estas enfermedades es la percepción errónea de que la obesidad es solo cuestión de voluntad o estilo de vida. Esto reduce el apoyo para implementar intervenciones estructurales y políticas públicas efectivas. Reconocer la obesidad y MASLD como enfermedades no transmisibles prioritarias contribuye a:

  • Desestigmatizar a las personas afectadas.
  • Reforzar el mensaje sobre la complejidad de estas patologías.
  • Estimular un enfoque integral que tenga en cuenta factores biológicos, sociales y ambientales.

Lo que podemos esperar de un compromiso global reforzado

Si la OMS responde positivamente al llamado, se abrirían importantes oportunidades para luchar contra dos epidemias que amenazan la salud pública y los recursos sanitarios. Entre los beneficios esperados destacan:

  • Políticas públicas más coherentes que integren la prevención con el tratamiento especializado.
  • Acceso más equitativo a servicios médicos y programas comunitarios.
  • Mayor inversión en tecnologías innovadoras y en capacitación profesional.
  • Mayor sensibilidad social respecto a los determinantes de salud.

Reflexión final: una responsabilidad colectiva

La obesidad y la MASLD no son problemas aislados: reflejan cambios sociales profundos, estilos de vida y entornos que deben ser transformados. Por ello, la implicación de gobiernos, instituciones, organizaciones civiles e individuos es vital.

El llamado a la OMS por parte de ISGlobal y la World Obesity Federation nos insta a reconocer que estas enfermedades merecen atención prioritaria y acción coordinada. Solo así podremos inclinar la balanza hacia un futuro más saludable, donde la prevención y el cuidado integral sean una realidad para todos.

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