Cómo comprobar si un videojuego es seguro y adecuado para tus hijos
Elegir un videojuego para un menor no consiste únicamente en comprobar si le interesa el personaje de moda o si aparece recomendado en una tienda digital. La edad, el tipo de contenido, las funciones en línea y la posibilidad de realizar compras son factores esenciales para garantizar una experiencia segura.
Los niños y adolescentes todavía están desarrollando sus capacidades para valorar riesgos, gestionar la frustración y proteger su información personal. Por eso, la supervisión de las familias resulta clave, especialmente cuando el juego permite hablar con otras personas, compartir contenidos o conectarse a internet.
La clasificación por edades es el primer filtro
Antes de comprar un videojuego, conviene revisar la clasificación PEGI, el sistema europeo que indica la edad recomendada y los contenidos potencialmente sensibles de cada título. Sus categorías principales son PEGI 3, 7, 12, 16 y 18.
La etiqueta no determina si un juego es bueno o malo, sino si sus contenidos pueden ser apropiados para una determinada etapa de desarrollo. Junto a la edad aparecen descriptores relacionados con violencia, lenguaje malsonante, miedo, sexo, drogas, discriminación o apuestas.
Es importante consultar tanto la cifra de edad como los iconos informativos. Un juego clasificado como PEGI 7 puede incluir escenas de miedo que no resulten adecuadas para todos los niños de esa edad. La madurez y la sensibilidad de cada menor también deben tenerse en cuenta.
Un juego en línea requiere más atención
La conexión a internet cambia por completo la experiencia. Algunos videojuegos permiten competir o cooperar con personas desconocidas mediante chats de texto, voz o vídeo. En estos casos, el riesgo no se encuentra solo en el contenido del juego, sino también en las interacciones con otros usuarios.
Antes de adquirirlo, las familias deberían comprobar si incluye:
- Chat de voz o mensajería privada.
- Contactos con jugadores que no forman parte del entorno familiar.
- Intercambio de imágenes, vídeos o contenidos creados por usuarios.
- Herramientas para bloquear, silenciar y denunciar comportamientos inadecuados.
- Moderación activa y normas claras de la comunidad.
También es recomendable hablar con los menores sobre las normas básicas de seguridad: no compartir el nombre completo, la dirección, el colegio, el teléfono, las contraseñas ni fotografías privadas. Si una conversación les incomoda o alguien les pide mantener un secreto, deben saber que pueden contarlo sin miedo a ser castigados.
Atención a las compras dentro del videojuego
Muchos títulos se descargan gratis, pero incorporan pagos dentro de la aplicación. Pueden ofrecer aspectos para los personajes, nuevas funciones, monedas virtuales, pases de temporada o cajas de recompensa. Estas mecánicas pueden generar gastos imprevistos y, en algunos casos, fomentar decisiones impulsivas.
Para evitar sorpresas, lo más aconsejable es utilizar una cuenta infantil vinculada a la de un adulto y exigir autorización para cada compra. También se pueden desactivar los pagos, eliminar las tarjetas guardadas y establecer límites de gasto en la consola, el ordenador o el teléfono móvil.
Las familias deben explicar que los objetos virtuales tienen un coste real, aunque se paguen con monedas del juego. Además, conviene revisar si el título utiliza recompensas aleatorias, ya que su funcionamiento puede parecerse al de determinados juegos de azar y no siempre es fácil de comprender para un menor.
Privacidad y datos personales
La seguridad de un videojuego también depende de la información que recopila. Al crear una cuenta, el servicio puede solicitar datos personales, permisos para acceder al micrófono o información sobre la actividad del usuario.
Antes de aceptar las condiciones, conviene revisar qué datos se piden, para qué se utilizan y si es posible limitar la personalización publicitaria. No es recomendable registrar a un menor con una fecha de nacimiento falsa para acceder a funciones restringidas, ya que eso puede impedir que se apliquen las medidas de protección correspondientes.
Utilizar contraseñas robustas, activar la verificación en dos pasos y evitar reutilizar la misma clave en varios servicios son medidas sencillas que reducen el riesgo de robo de cuentas.
Los controles parentales ayudan, pero no sustituyen la conversación
Las principales consolas, plataformas digitales y sistemas operativos incluyen controles parentales. Con ellos se puede limitar el tiempo de juego, bloquear títulos por edad, restringir el chat, impedir compras y consultar la actividad de la cuenta.
Estas herramientas deben configurarse antes de entregar el dispositivo y adaptarse progresivamente a la edad del menor. No se trata de espiar cada partida, sino de establecer un marco seguro y explicar por qué existen esas reglas.
El acompañamiento familiar es más eficaz cuando se basa en la confianza. Jugar juntos de vez en cuando permite entender qué atrae al menor, detectar situaciones incómodas y hablar de los problemas con naturalidad. También ayuda a pactar horarios, descansos y lugares adecuados para jugar.
Una decisión compartida antes de comprar
La mejor elección combina la clasificación PEGI, la información sobre las funciones en línea, las opciones de privacidad y el sistema de compras. También es útil buscar análisis especializados y consultar la ficha del juego en la tienda oficial.
La seguridad no depende de prohibir todos los videojuegos, sino de seleccionar experiencias adecuadas y acompañar a los menores durante su aprendizaje digital. Con información, controles bien configurados y una comunicación abierta, jugar puede ser una actividad de ocio segura, creativa y enriquecedora.



