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Scircle convierte los recuerdos personales en perfumes diseñados con inteligencia artificial

Un lugar, una persona, una conversación o una etapa de la vida pueden quedar asociados a un olor durante años. Scircle, una empresa catalana especializada en tecnología olfativa, quiere transformar esa relación entre memoria y aroma en una fragancia física y personalizada.

Su propuesta combina inteligencia artificial, conocimiento perfumístico y tecnología de impresión olfativa para crear perfumes a partir de una historia personal. El usuario no tiene que escoger únicamente entre notas florales, cítricas o amaderadas: puede describir una experiencia y dejar que el sistema traduzca ese relato al lenguaje de la perfumería.

De una historia a una fórmula olfativa

El punto de partida de Scircle no es un catálogo convencional de ingredientes, sino la narrativa del usuario. La persona explica qué quiere recordar, qué emociones le despierta ese momento y qué ambiente lo rodeaba. Puede tratarse de unas vacaciones, la casa de la infancia, un paseo por el bosque o una relación significativa.

La inteligencia artificial analiza esa información y busca conexiones entre las palabras utilizadas, las sensaciones descritas y las familias olfativas disponibles. El objetivo no es crear un perfume genérico asociado a una emoción, sino construir una interpretación aromática con un componente personal.

Este proceso requiere combinar dos tipos de conocimiento. Por un lado, la capacidad de los modelos de inteligencia artificial para identificar patrones y convertir lenguaje natural en propuestas. Por otro, la experiencia de los perfumistas, necesaria para comprobar que la composición tiene coherencia, equilibrio y evolución sobre la piel.

La tecnología de impresión olfativa

Uno de los elementos diferenciales de la compañía es el uso de tecnología de impresión olfativa. El concepto recuerda a una impresora capaz de trabajar con una paleta de ingredientes aromáticos, dosificando distintas materias para reproducir una fórmula personalizada.

Esta tecnología permite automatizar parte del proceso de creación y fabricar pequeñas cantidades sin depender exclusivamente de una producción industrial a gran escala. Así, una historia individual puede convertirse en un producto único o en una edición limitada sin que sea necesario desarrollar miles de unidades.

La impresión olfativa también abre la puerta a experimentar con más rapidez. En lugar de elaborar manualmente cada muestra desde cero, el sistema puede generar distintas versiones de una misma idea y facilitar que el usuario compare resultados. La intervención humana continúa siendo importante, especialmente para ajustar la intensidad, la duración y la armonía del perfume.

El reto de traducir emociones a aromas

Convertir un recuerdo en una fragancia plantea un desafío que va más allá de la tecnología. Los olores están estrechamente vinculados al sistema emocional y a la memoria, pero una misma nota puede provocar respuestas muy distintas según la persona y su contexto.

El olor de la tierra mojada, por ejemplo, puede evocar para alguien una tarde de verano y para otra persona un día de lluvia. Por eso, Scircle trabaja a partir del relato completo, no solo de una palabra clave. La descripción del entorno, las sensaciones físicas y el significado de la experiencia ayudan a crear una interpretación más precisa.

Álvaro Suárez, cofundador y CEO de la compañía, explica que el propósito de Scircle es acercar la creación de perfumes al público y hacerla más participativa. La empresa no plantea al usuario como un comprador que selecciona una referencia terminada, sino como parte del proceso creativo.

Una perfumería más personalizada

La personalización se ha convertido en una de las principales tendencias de la tecnología aplicada al consumo. En el ámbito de la belleza, los algoritmos ya se utilizan para recomendar productos, analizar la piel o adaptar tratamientos. Scircle traslada esa lógica a un producto especialmente complejo: el perfume.

La fragancia final no se limita a reproducir literalmente un recuerdo. Una historia no tiene un olor único y objetivo, por lo que el resultado debe entenderse como una interpretación. La inteligencia artificial propone conexiones, mientras que el conocimiento perfumístico convierte esas ideas en una composición que pueda llevarse y disfrutarse.

Este enfoque puede resultar especialmente interesante para regalos con valor emocional, homenajes y proyectos de marca. También ofrece posibilidades para museos, espacios culturales y experiencias inmersivas que quieran asociar una narración a un aroma concreto.

Más allá del perfume como producto

La apuesta de Scircle refleja un cambio en la forma de entender la perfumería. La fragancia deja de ser únicamente un artículo de consumo y se convierte en un soporte para contar historias. Cada fórmula puede funcionar como una cápsula sensorial vinculada a una vivencia concreta.

El desafío estará en mantener el equilibrio entre automatización y sensibilidad. La inteligencia artificial puede acelerar la formulación y ampliar las posibilidades, pero la relación entre una persona y su recuerdo exige escuchar, interpretar y revisar el resultado. En ese punto, la tecnología no sustituye la creatividad: la utiliza para hacerla más accesible.

Con su combinación de IA para crear perfumes, experiencia en formulación y fabricación personalizada, Scircle busca demostrar que un aroma también puede diseñarse desde una conversación. El resultado es una nueva manera de acercarse a la perfumería: no empezar por una botella, sino por una historia.

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