Jon Mendizabal pide analizar PISA sin alarmismos ni conclusiones precipitadas
Los resultados del informe PISA deben interpretarse con cautela y dentro de su contexto. Esa es la principal advertencia de Jon Mendizabal, presidente de Escuelas Católicas y director del colegio Escolapios de Tafalla, que reclama un análisis sosegado de los datos y rechaza los mensajes catastrofistas sobre la situación educativa.
Mendizabal sostiene que las puntuaciones obtenidas en esta evaluación internacional no pueden convertirse en un diagnóstico absoluto del sistema educativo. A su juicio, los resultados ofrecen información relevante, pero no explican por sí solos la realidad de los centros, del alumnado ni del trabajo que desarrollan los docentes.
Una fotografía parcial del sistema educativo
El informe PISA se utiliza con frecuencia para comparar el rendimiento de estudiantes de distintos países y territorios. Sin embargo, esas comparaciones deben leerse con prudencia. Los resultados reflejan el desempeño en determinadas competencias y en un momento concreto, pero no recogen toda la experiencia educativa ni todos los factores que influyen en el aprendizaje.
La trayectoria personal del alumnado, el contexto social, la implicación de las familias, los recursos disponibles y las condiciones de cada centro forman parte de una realidad más amplia. Reducirla a una clasificación o a una cifra, según Mendizabal, puede llevar a conclusiones simplistas y a debates alejados de las necesidades reales de la comunidad educativa.
Por eso, el presidente de Escuelas Católicas defiende una lectura que permita identificar fortalezas y áreas de mejora, sin convertir los resultados en una sentencia sobre el conjunto del sistema. La evaluación, en este sentido, debe servir para conocer mejor la situación y orientar decisiones, no para alimentar titulares alarmistas.
Contra los mensajes catastrofistas
La publicación de los datos de PISA suele generar reacciones inmediatas. Las posiciones más críticas tienden a presentar cualquier retroceso como una prueba de fracaso generalizado, mientras que otros análisis pueden utilizar una mejora puntual para dar por resueltos problemas que siguen pendientes.
Mendizabal se distancia de ambos extremos. Su planteamiento pasa por evitar los mensajes catastrofistas y por reconocer que la educación es un ámbito complejo, en el que los cambios no se explican mediante una única causa. Las cifras pueden alertar sobre determinadas dificultades, pero no justifican por sí mismas una visión negativa del trabajo que se realiza en las aulas.
El director de Escolapios de Tafalla considera necesario mantener una mirada equilibrada. Eso implica atender a las tendencias, comparar los resultados con otros indicadores y escuchar a quienes participan cada día en el proceso educativo. También exige valorar la diversidad de los centros y las diferencias entre los entornos en los que estudia el alumnado.
La importancia de un análisis sosegado
Frente a la rapidez con la que se difunden las interpretaciones sobre las pruebas internacionales, Mendizabal reclama tiempo para examinar los datos. Un análisis sosegado permite distinguir entre una variación coyuntural y un problema estructural, así como evitar que una conclusión parcial condicione todo el debate educativo.
La cuestión no consiste en restar importancia a PISA, sino en situarlo en el lugar que le corresponde. Sus resultados pueden aportar referencias útiles para evaluar determinadas competencias y observar la evolución del alumnado. No obstante, deben complementarse con la información que proporcionan los centros, las evaluaciones ordinarias, la experiencia de los profesores y la realidad social de cada comunidad.
- Los resultados de PISA no constituyen una medida completa de la calidad educativa.
- Las comparaciones internacionales deben tener en cuenta el contexto de cada sistema.
- Las cifras pueden señalar áreas de mejora, pero no permiten explicar por sí solas sus causas.
- La respuesta educativa requiere análisis, planificación y participación de la comunidad escolar.
Un debate centrado en las soluciones
La posición de Mendizabal desplaza el foco desde la competición entre territorios hacia la búsqueda de soluciones. Más allá de la posición que ocupe cada sistema en una clasificación, el reto consiste en determinar qué medidas pueden favorecer el aprendizaje y reducir las desigualdades entre estudiantes.
Ese enfoque también permite reconocer los avances sin ocultar las dificultades. Una evaluación rigurosa debe servir para detectar carencias, pero igualmente para identificar prácticas que funcionan y que pueden reforzarse. La mejora educativa, por tanto, no depende únicamente de los resultados de una prueba, sino de la capacidad para interpretar la información y convertirla en decisiones útiles.
El mensaje del presidente de Escuelas Católicas es claro: PISA aporta datos, pero no ofrece una verdad única ni definitiva. La educación necesita análisis y autocrítica, aunque también una valoración justa del esfuerzo de los centros y de sus profesionales. La prioridad, concluye Mendizabal, debe ser comprender la realidad antes de emitir diagnósticos tajantes.



