Los mayores también juegan: el 28% de los españoles de entre 65 y 75 años usa videojuegos habitualmente
El videojuego ya no es una afición asociada únicamente a adolescentes y adultos jóvenes. El 28% de los españoles de entre 65 y 75 años juega a videojuegos de forma habitual, una cifra que refleja el avance del ocio digital entre las generaciones de mayor edad.
Esta tendencia confirma que jugar se ha convertido en una actividad transversal, capaz de reunir a personas con perfiles y edades muy diferentes. Para muchos mayores, los videojuegos son una forma de entretenimiento, pero también una vía para mantener el contacto con familiares, compartir tiempo con otras personas y descubrir nuevas experiencias digitales.
Una afición que gana espacio entre las personas mayores
Durante años, la imagen del jugador se vinculó casi exclusivamente a los más jóvenes. Sin embargo, el crecimiento de los teléfonos móviles, las tabletas y las consolas sencillas de utilizar ha facilitado el acceso de nuevos públicos. Hoy, jugar puede requerir poco más que un dispositivo que ya forma parte de la vida cotidiana.
Los videojuegos para móviles tienen un papel especialmente relevante en esta expansión. Las partidas cortas, los controles táctiles y la posibilidad de jugar en cualquier lugar hacen que propuestas como los rompecabezas, los juegos de cartas, los pasatiempos o las experiencias de estrategia resulten accesibles para quienes no han tenido contacto previo con una consola o un ordenador.
La sencillez de algunas de estas propuestas también reduce la barrera de entrada. No es necesario conocer todos los géneros ni dominar controles complejos para empezar a jugar. En muchos casos, basta con seguir instrucciones claras y avanzar poco a poco, adaptando la experiencia al ritmo de cada persona.
Más que entretenimiento: conexión y compañía
El auge de los videojuegos entre los mayores no se explica únicamente por su dimensión lúdica. Jugar puede convertirse en una actividad compartida con hijos, nietos, amigos o parejas. Las partidas cooperativas y los retos familiares ofrecen una oportunidad para pasar tiempo juntos y establecer conversaciones en torno a una afición común.
Esta dimensión social resulta especialmente interesante en una etapa de la vida en la que mantener rutinas y vínculos personales puede ser determinante para el bienestar. Una partida puede servir como punto de encuentro, incluso cuando los participantes se encuentran en ciudades diferentes y se conectan a través de internet.
Además, los videojuegos ayudan a acercar a los mayores a los hábitos digitales de las generaciones más jóvenes. Comprender cómo funcionan una aplicación, una plataforma en línea o una partida multijugador puede reforzar su confianza al utilizar la tecnología y favorecer una relación más natural con el entorno digital.
Estimulación cognitiva con matices
Otro de los motivos que explican el interés por los videojuegos es su potencial para estimular determinadas capacidades. Los títulos de lógica, memoria, planificación o resolución de problemas exigen atención y toma de decisiones, mientras que otras propuestas pueden trabajar la coordinación entre la vista y las manos.
Esto no significa que los videojuegos sean una solución médica ni que todos produzcan los mismos efectos. Su impacto depende del tipo de juego, del tiempo dedicado y de las características de cada persona. Aun así, integrados en una rutina equilibrada, pueden complementar otras actividades intelectuales y de ocio.
La clave está en entenderlos como una herramienta más. Leer, caminar, mantener relaciones sociales, aprender nuevas habilidades y participar en actividades culturales siguen siendo prácticas importantes. El videojuego puede sumarse a ese conjunto, no sustituirlo.
La accesibilidad, un reto pendiente
El crecimiento de los jugadores mayores también plantea nuevas exigencias a la industria. Los desarrolladores deben tener en cuenta la diversidad de capacidades visuales, auditivas y motoras de su público. El tamaño de los textos, la claridad de los menús, el volumen de las indicaciones y la posibilidad de ajustar la dificultad son elementos esenciales.
Los controles personalizables y los tutoriales bien diseñados pueden marcar la diferencia para quienes se acercan por primera vez a un videojuego. Una experiencia accesible no solo beneficia a las personas mayores: también mejora el uso para jugadores con discapacidad o para cualquiera que busque una propuesta más cómoda y flexible.
Un público con nuevas oportunidades
La presencia de un 28% de jugadores habituales entre los españoles de 65 a 75 años muestra que el mercado del videojuego tiene ante sí un público amplio y todavía con margen de crecimiento. Sus intereses no tienen por qué coincidir con los de los jugadores más jóvenes, por lo que conocer sus preferencias será fundamental para ofrecer contenidos adecuados.
El futuro pasa por diseñar experiencias capaces de entretener sin intimidar, facilitar la interacción social y adaptarse a distintos ritmos de juego. También por abandonar prejuicios que presentan los videojuegos como una actividad exclusiva de una generación.
Los mayores ya forman parte de la comunidad jugadora. Su incorporación demuestra que el videojuego es, cada vez más, una forma de ocio abierta a todas las edades, con capacidad para entretener, conectar y acompañar en distintas etapas de la vida.



