El grito de auxilio que precedió al asesinato de Federico Martín Aramburu en París
Llama a la policía, voy a morir. La frase resume el terror vivido por Shaun Hegarty durante la madrugada en la que su amigo y socio, el exrugbier argentino Federico Martín Aramburu, fue asesinado en las calles de París. Años después del crimen, el relato de Hegarty permite reconstruir una persecución marcada por los disparos, la confusión y la desesperación.
Aramburu, antiguo jugador de la selección argentina de rugby, se encontraba en la capital francesa junto a Hegarty. Ambos habían compartido equipo, negocios y una larga relación de amistad. Aquella noche salieron a cenar y, tras un enfrentamiento en el entorno de un local, abandonaron la zona para regresar a su alojamiento.
Lo que parecía un incidente puntual se convirtió en una persecución armada. Según el testimonio de Hegarty, los dos amigos fueron seguidos por varias personas que se desplazaban en un vehículo. La tensión aumentó cuando advirtieron que quienes les perseguían portaban armas.
Una persecución por las calles de París
Hegarty ha explicado que intentaron alejarse del lugar mientras buscaban ponerse a salvo. Sin embargo, el vehículo volvió a aproximarse. En medio de la huida, Aramburu quedó expuesto ante los atacantes y recibió varios disparos.
El antiguo internacional argentino cayó gravemente herido en una calle del centro de París. Hegarty, consciente de la gravedad de la situación, pidió ayuda y alertó a los servicios de emergencia. Su reconstrucción refleja la angustia de aquellos minutos y la sensación de que la vida de su amigo se escapaba sin que pudiera impedirlo.
La llamada de auxilio se produjo en un contexto de máxima confusión. Hegarty trataba de localizar a la policía mientras permanecía junto a Aramburu, que había sido alcanzado por los disparos. La intervención de los equipos sanitarios no pudo evitar el fallecimiento del exrugbier, de 42 años.
El crimen que conmocionó al mundo del rugby
Federico Martín Aramburu había desarrollado una importante carrera deportiva. Con la selección argentina disputó el Mundial de 2007, torneo en el que los Pumas lograron la tercera posición. También jugó en clubes franceses y mantuvo una estrecha vinculación con el país en el que acabó siendo asesinado.
Tras retirarse del rugby profesional, Aramburu emprendió nuevos proyectos empresariales. Su muerte provocó una profunda conmoción entre sus antiguos compañeros, la comunidad argentina en Francia y el conjunto del rugby internacional.
El caso adquirió una especial relevancia por la violencia del ataque y por la existencia de testigos que pudieron aportar información sobre los momentos previos y posteriores a los disparos. La declaración de Hegarty se convirtió en una pieza esencial para comprender cómo una discusión terminó derivando en un homicidio cometido durante una persecución.
Una noche que terminó en tragedia
El relato del amigo de Aramburu no se limita a describir el instante de los disparos. También muestra la cadena de decisiones que precedió al crimen: el enfrentamiento inicial, el intento de marcharse, la aparición de los perseguidores y la imposibilidad de encontrar un lugar seguro.
Para Hegarty, la huida estuvo dominada por el miedo. La petición de llamar a la policía expresa la dimensión de la amenaza y el convencimiento de que los agresores no habían abandonado la persecución. La violencia, lejos de quedar en una pelea aislada, se prolongó por las calles hasta alcanzar a los dos amigos.
La investigación judicial permitió identificar a los sospechosos y reconstruir el recorrido de aquella madrugada. El procedimiento se apoyó en los testimonios, las imágenes de seguridad y otros elementos recabados por los investigadores. El objetivo fue determinar quién disparó, quién participó en la persecución y cuál fue el papel concreto de cada implicado.
El recuerdo de Aramburu permanece
La muerte del exjugador argentino dejó una herida profunda en su entorno. Para quienes le conocieron, Aramburu no fue únicamente un deportista de alto nivel, sino también un compañero, un empresario y una persona plenamente integrada en la sociedad francesa.
El testimonio de Shaun Hegarty mantiene viva la memoria de aquella madrugada y recuerda la dimensión humana del crimen. Detrás de la investigación y de las decisiones judiciales permanece la imagen de dos amigos intentando escapar de una amenaza que terminó con la vida de uno de ellos.
La frase que Hegarty pronunció al pedir ayuda continúa siendo el reflejo más estremecedor de lo ocurrido: una llamada desesperada ante una violencia que convirtió una noche cualquiera en una tragedia irreversible.



