Juan Roig augura que cocinar será un hobby en 2050: “Habrá cosas que enfriemos o calentemos”
La forma de alimentarnos podría cambiar radicalmente durante las próximas décadas. Juan Roig, presidente de Mercadona, considera que en 2050 cocinar dejará de ser una tarea cotidiana para convertirse, en buena medida, en una actividad de ocio. La tecnología alimentaria y el crecimiento de los platos listos para consumir serán dos de los principales motores de esa transformación.
El empresario plantea un futuro en el que los hogares tendrán que dedicar menos tiempo a preparar la comida. “Habrá cosas que enfriemos o calentemos”, ha señalado al describir una tendencia que ya empieza a consolidarse en los supermercados y en los hábitos de los consumidores.
La cocina como afición y no como obligación
La predicción de Roig no implica que los fogones vayan a desaparecer de las casas. La cocina podría conservar su dimensión creativa, social o gastronómica, pero perdería parte de su carácter rutinario. Preparar un plato desde cero sería una elección personal, más vinculada al entretenimiento que a la necesidad diaria.
En ese escenario, muchas familias optarían por soluciones que requieran una intervención mínima. Abrir, calentar, enfriar o combinar distintos productos bastaría para resolver buena parte de las comidas. El objetivo sería ahorrar tiempo sin renunciar a una alimentación variada y adaptada a los nuevos ritmos de vida.
El cambio responde a varios factores. Las jornadas laborales, la falta de tiempo, la reducción del tamaño de los hogares y la búsqueda de mayor comodidad están impulsando el consumo de alimentos preparados. También influye la evolución de los productos refrigerados, congelados y listos para consumir, cada vez más presentes en la cesta de la compra.
El auge de los platos listos para consumir
Los platos preparados han dejado de ocupar un espacio minoritario en los supermercados. En la actualidad, los consumidores pueden encontrar ensaladas, cremas, arroces, pastas, carnes, pescados y otras recetas que solo necesitan calentarse o servirse. Esta oferta permite resolver una comida en pocos minutos y con un esfuerzo reducido.
La evolución del sector no se limita a ampliar el catálogo. La industria alimentaria trabaja para mejorar la conservación, la textura, el sabor y el perfil nutricional de estos productos. El reto consiste en ofrecer alternativas prácticas que respondan a las expectativas de quienes buscan comodidad, pero también calidad y transparencia en los ingredientes.
La tecnología tendrá un papel relevante en este proceso. Los avances en conservación y envasado pueden prolongar la vida útil de los alimentos y reducir el desperdicio. Al mismo tiempo, las mejoras en los procesos de elaboración permiten crear recetas más próximas a las preparadas en casa.
Mercadona se prepara para el cambio
Mercadona lleva años reforzando su propuesta de productos listos para consumir. La cadena ha incorporado distintas soluciones orientadas a quienes necesitan comer rápido o no quieren dedicar demasiado tiempo a la cocina. Esta estrategia responde a una demanda que crece a medida que cambian los hábitos de los hogares.
La apuesta por este tipo de alimentos no significa que el supermercado vaya a abandonar los productos frescos o los ingredientes tradicionales. Más bien apunta a una convivencia entre distintas formas de consumo: desde quienes prefieren cocinar cada día hasta quienes buscan una solución inmediata para una jornada concreta.
La clave estará en ofrecer opciones para diferentes presupuestos, necesidades y estilos de vida. Un consumidor puede escoger una receta preparada por falta de tiempo y, al día siguiente, comprar los ingredientes para cocinar durante el fin de semana. La flexibilidad será uno de los elementos más importantes de la alimentación del futuro.
Un cambio cultural con retos pendientes
La transformación prevista también plantea interrogantes. La alimentación no depende únicamente de la rapidez. La composición nutricional, el precio, la cantidad de envases y el impacto medioambiental serán cuestiones decisivas para que los platos preparados se consoliden.
Los consumidores exigirán información clara sobre el origen de los ingredientes, los aditivos, el contenido de sal y azúcar y el valor nutricional de cada producto. Además, las empresas deberán avanzar en envases más sostenibles y en sistemas que reduzcan los residuos asociados a las comidas individuales.
También habrá que tener en cuenta la dimensión social de cocinar. Preparar alimentos seguirá siendo una forma de transmitir conocimientos, reunirse y disfrutar. En 2050, la cocina podría ser menos imprescindible para el día a día, pero precisamente por eso convertirse en una actividad más elegida y valorada.
La visión de Juan Roig anticipa, en definitiva, un futuro en el que la comodidad tendrá un peso cada vez mayor en la alimentación. La expansión de los platos listos para consumir y los avances de la tecnología alimentaria ya están modificando los supermercados. Si la tendencia continúa, cocinar podría dejar de ser una obligación cotidiana para convertirse en un hobby reservado a quienes quieran dedicarle tiempo.



