El otoño puede elevar las visitas al hospital por las lluvias torrenciales, el polen y los mosquitos
La llegada del otoño no elimina los riesgos sanitarios asociados al verano, sino que cambia el tipo de amenazas. Tras los episodios de calor extremo, el descenso de las temperaturas y el aumento de la humedad pueden favorecer un repunte de las crisis de asma, las infecciones respiratorias y algunas enfermedades transmitidas por mosquitos.
Los especialistas recomiendan extremar la prevención durante las próximas semanas, especialmente en personas mayores, niños, embarazadas y pacientes con enfermedades respiratorias o inmunológicas. Las lluvias intensas, además, pueden provocar inundaciones, contaminación del agua y dificultades para acceder a los centros sanitarios.
Más asma y alergias cuando cambian las condiciones ambientales
El otoño suele combinar varios factores que afectan a las vías respiratorias: cambios bruscos de temperatura, humedad elevada, contaminación y presencia de pólenes. Aunque la primavera se asocia habitualmente con las alergias, determinadas plantas pueden liberar polen durante los meses otoñales, sobre todo en zonas con temperaturas suaves.
A ello se suma la proliferación de hongos y mohos después de las lluvias. Sus esporas pueden permanecer en el aire y desencadenar síntomas en personas alérgicas, como estornudos, congestión nasal, tos, pitidos al respirar o sensación de falta de aire.
En los pacientes con asma, estos estímulos pueden provocar una agravación de la enfermedad. También las noches más frías y el aire húmedo pueden aumentar la irritación de los bronquios. Mantener el tratamiento pautado y revisar con el médico el plan de actuación ante una crisis resulta fundamental.
- Ventilar la vivienda durante las horas de menor concentración de polen y humedad.
- Evitar el humo del tabaco, los aerosoles y otros irritantes respiratorios.
- Utilizar mascarilla en tareas de limpieza tras inundaciones o en espacios con moho.
- Consultar si aparecen silbidos persistentes, dificultad para respirar o tos que no mejora.
El riesgo de infecciones respiratorias vuelve a ganar peso
Con el descenso de las temperaturas, aumenta el tiempo que se pasa en interiores y con las ventanas cerradas. Esta circunstancia facilita la transmisión de virus respiratorios, especialmente en lugares con mucha afluencia de personas, como colegios, residencias, transportes públicos y centros de trabajo.
Los resfriados, la gripe y otras infecciones pueden comenzar con síntomas parecidos, aunque su evolución y gravedad no sean las mismas. Fiebre, tos, dolor de garganta, cansancio y malestar general son algunas de las manifestaciones más frecuentes.
La vacunación cuando esté indicada, el lavado frecuente de manos y una ventilación adecuada ayudan a reducir el riesgo. También conviene quedarse en casa mientras persistan síntomas intensos y usar mascarilla si es necesario mantener contacto con personas vulnerables.
La atención médica debe solicitarse con rapidez ante dificultad respiratoria, dolor en el pecho, somnolencia inusual, fiebre persistente o empeoramiento repentino. En bebés, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas, el margen de vigilancia debe ser todavía mayor.
Las lluvias torrenciales pueden generar problemas de salud indirectos
Los episodios de precipitaciones intensas no solo aumentan el riesgo de caídas, accidentes y lesiones. Las inundaciones pueden contaminar fuentes de agua, dañar alimentos y favorecer la aparición de moho en viviendas y edificios. La humedad acumulada también puede empeorar las enfermedades respiratorias.
Tras una inundación, no se debe consumir agua del grifo ni alimentos que hayan estado en contacto con el agua hasta confirmar que son seguros. Los productos refrigerados que hayan perdido la cadena de frío deben desecharse, aunque su aspecto y olor parezcan normales.
Para limpiar una vivienda afectada es aconsejable utilizar guantes, botas y protección respiratoria, además de mantener la estancia ventilada. Las personas con asma, alergias importantes o defensas bajas deberían evitar estas tareas siempre que sea posible.
Mosquitos y enfermedades infecciosas
Las temperaturas suaves y la acumulación de agua pueden prolongar la actividad de los mosquitos durante parte del otoño. Los recipientes abandonados, los platos de las macetas, los canalones y cualquier pequeño depósito de agua pueden convertirse en puntos de cría.
La mayoría de las picaduras solo causa molestias locales, pero algunos mosquitos pueden transmitir infecciones. Fiebre, dolor muscular, erupciones cutáneas, dolor de cabeza intenso o malestar después de una picadura justifican una consulta médica, especialmente si los síntomas aparecen tras viajar a una zona de riesgo.
- Vaciar o cubrir los recipientes que puedan acumular agua.
- Usar repelente siguiendo las indicaciones del envase.
- Vestir ropa que cubra brazos y piernas en zonas con muchos insectos.
- Instalar mosquiteras y mantener cerrados los depósitos de agua.
Prevenir antes de que llegue el frío
La prevención puede reducir buena parte de las complicaciones asociadas al cambio de estación. Revisar los tratamientos, comprobar el estado de los inhaladores, renovar las vacunas recomendadas y consultar los avisos meteorológicos son medidas sencillas que ayudan a proteger a los grupos más vulnerables.
El otoño no implica necesariamente un aumento grave de las urgencias, pero sí concentra factores ambientales capaces de agravar problemas respiratorios y favorecer determinadas infecciones. Identificar los síntomas de alarma y actuar a tiempo es clave para evitar que una molestia inicial termine requiriendo atención hospitalaria.



