Muere Emma Bonino, referente del liberalismo italiano y excomisaria europea, a los 78 años
Emma Bonino, una de las figuras más reconocibles de la política italiana contemporánea, ha muerto a los 78 años. La dirigente, exministra y antigua comisaria europea, permanecía ingresada en Roma tras sufrir un grave deterioro de salud durante los últimos días.
Bonino fue hospitalizada el pasado domingo en el hospital Santo Spirito, en la capital italiana, ciudad en la que residía. El jueves fue trasladada a una clínica privada, donde finalmente falleció. Su muerte pone fin a una trayectoria política marcada por la defensa de los derechos civiles, el europeísmo y la separación entre Iglesia y Estado.
Una carrera política ligada a los derechos civiles
Nacida en Bra, en la región italiana del Piamonte, Emma Bonino se incorporó desde muy joven a los movimientos radicales y al activismo político. Su nombre quedó asociado a algunas de las principales batallas sociales de la Italia de la segunda mitad del siglo XX, entre ellas la legalización del aborto, el acceso a los anticonceptivos y la defensa de la libertad individual.
Su actividad pública estuvo también vinculada a la oposición a la pena de muerte, la promoción de los derechos de las mujeres y la protección de las minorías. En numerosas ocasiones recurrió a huelgas de hambre y otras formas de protesta para reclamar cambios legislativos o denunciar vulneraciones de derechos fundamentales.
En 1976 llegó por primera vez al Parlamento italiano y, tres años más tarde, fue elegida diputada del Parlamento Europeo. Desde esa institución consolidó una imagen de política combativa, europeísta y poco proclive a las disciplinas partidistas tradicionales.
De Bruselas al Gobierno italiano
Entre 1995 y 1999 formó parte de la Comisión Europea presidida por Jacques Santer. Durante ese periodo asumió responsabilidades relacionadas con la pesca, la protección de los consumidores y la ayuda humanitaria. Su paso por Bruselas reforzó su perfil internacional y la convirtió en una interlocutora habitual en asuntos de derechos humanos y cooperación.
Bonino regresó posteriormente a la primera línea de la política italiana. En el segundo Gobierno de Romano Prodi ocupó la cartera de Comercio Internacional y Asuntos Europeos. Años después, entre 2013 y 2014, fue ministra de Asuntos Exteriores en el Ejecutivo de Enrico Letta.
Su breve etapa al frente de la diplomacia italiana estuvo marcada por una defensa firme del papel de Europa en el mundo y por la atención a las crisis internacionales. Bonino mantuvo además una posición crítica con la gestión de los flujos migratorios cuando, a su juicio, los Estados europeos descargaban toda la responsabilidad sobre los países de primera llegada.
Una voz incómoda dentro y fuera de Italia
La política italiana nunca abandonó su independencia. Aunque ocupó puestos de responsabilidad en distintos gobiernos, conservó una relación compleja con las principales formaciones políticas y con frecuencia denunció el inmovilismo de las instituciones.
En 2018 presentó su candidatura a la Presidencia del Gobierno al frente de una lista vinculada al área liberal y europeísta. La iniciativa no logró imponerse en las urnas, pero confirmó su capacidad para mantener una base electoral propia y para introducir en el debate nacional cuestiones como la justicia, la inmigración, la laicidad y la reforma de las instituciones.
También ejerció como senadora y continuó participando en la vida pública incluso cuando su estado de salud había condicionado su actividad. En sus intervenciones defendió de forma habitual una política basada en la responsabilidad individual, la defensa del Estado de derecho y una integración europea más sólida.
Un legado político de largo alcance
La trayectoria de Emma Bonino atraviesa varias décadas de la historia italiana y europea. Su estilo directo, su capacidad de confrontación y su disposición a asumir costes políticos la convirtieron en una figura respetada incluso por quienes discrepaban de sus posiciones.
Para sus seguidores, su principal legado se encuentra en la ampliación de los derechos civiles y en la internacionalización de debates que durante años permanecieron relegados. Para sus críticos, sus planteamientos fueron en ocasiones demasiado rígidos o alejados de las mayorías parlamentarias. En ambos casos, su influencia resulta difícil de separar de la evolución política de Italia.
Con la muerte de Emma Bonino desaparece una de las dirigentes más singulares del liberalismo italiano y una de las voces europeas más persistentes en la defensa de las libertades públicas. Su figura deja una huella profunda en la política de su país y en el debate sobre el futuro de Europa.

