Retinosis pigmentaria: las señales que pueden alertar de una pérdida progresiva de visión
La retinosis pigmentaria es un grupo de enfermedades hereditarias que dañan la retina, el tejido situado en la parte posterior del ojo encargado de captar la luz. Su evolución suele ser lenta y variable, pero puede provocar una pérdida progresiva de la visión.
En muchos casos, los primeros síntomas pasan desapercibidos o se atribuyen a problemas de adaptación visual. La dificultad para ver con poca luz, conocida como ceguera nocturna, es una de las señales más frecuentes. Detectarla pronto permite realizar un estudio oftalmológico y ofrecer asesoramiento sobre la evolución de la enfermedad.
Qué es la retinosis pigmentaria
La retina contiene células sensibles a la luz, principalmente bastones y conos. En la retinosis pigmentaria, estas células se deterioran de forma gradual. Habitualmente, los bastones son los primeros en verse afectados, por lo que la visión nocturna y la capacidad para orientarse en lugares oscuros pueden empeorar antes que la visión central.
Más adelante, también pueden alterarse los conos, responsables de la visión detallada, la percepción de los colores y la capacidad para leer o reconocer rostros. La intensidad y la velocidad de progresión no son iguales en todas las personas, incluso dentro de una misma familia.
Primeros síntomas a los que conviene prestar atención
La enfermedad puede comenzar en la infancia, la adolescencia o la edad adulta. Los síntomas iniciales suelen instalarse de manera gradual, sin dolor y sin un empeoramiento repentino. Entre las señales más habituales se encuentran:
- Dificultad para ver por la noche o en espacios con poca iluminación.
- Necesidad de más tiempo para adaptarse al pasar de un lugar iluminado a otro oscuro.
- Pérdida de visión periférica, como si el campo visual se fuera estrechando.
- Golpes o tropiezos frecuentes con objetos situados a los lados.
- Problemas para desplazarse por lugares desconocidos o con iluminación irregular.
- Mayor sensibilidad al deslumbramiento o dificultad para recuperar la visión tras mirar una luz intensa.
- Alteraciones progresivas para distinguir colores o percibir detalles.
La pérdida del campo visual puede avanzar de forma silenciosa. Algunas personas conservan durante años una visión central suficiente para leer, utilizar el móvil o trabajar, aunque tengan dificultades para moverse con seguridad en la oscuridad.
Una enfermedad con un importante componente genético
La retinosis pigmentaria está relacionada con alteraciones en distintos genes. Puede heredarse de diferentes formas y, en ocasiones, aparece en personas sin antecedentes familiares conocidos. Por eso, la ausencia de casos previos en la familia no descarta el diagnóstico.
Cuando existe un historial familiar de pérdida progresiva de visión, ceguera nocturna o enfermedades de la retina, es recomendable comunicarlo al oftalmólogo. En determinadas situaciones, el especialista puede plantear un estudio genético y ofrecer consejo genético a la persona afectada y a sus familiares.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico requiere una valoración oftalmológica completa. Además de medir la agudeza visual, el especialista puede examinar el fondo de ojo y solicitar pruebas específicas para analizar la retina y el campo visual.
Entre las pruebas que pueden utilizarse se encuentran la tomografía de coherencia óptica, las retinografías, la campimetría y el electrorretinograma. Estas exploraciones ayudan a conocer qué zonas de la retina están afectadas y a seguir los cambios con el paso del tiempo.
Los síntomas pueden parecerse a los de otras enfermedades oculares. Por este motivo, no conviene asumir que una mala visión nocturna se debe únicamente a la edad, a la graduación de las gafas o al cansancio visual.
Tratamiento y seguimiento
Actualmente, no existe un tratamiento único que detenga todos los casos de retinosis pigmentaria. El abordaje depende del tipo genético, del grado de afectación y de la situación visual de cada paciente. Algunas formas concretas pueden beneficiarse de tratamientos dirigidos a una alteración genética determinada, siempre bajo indicación de unidades especializadas.
El seguimiento periódico permite controlar la evolución y detectar complicaciones asociadas, como cataratas o edema macular. También pueden ser útiles las ayudas de baja visión, las lentes específicas, los dispositivos electrónicos y la rehabilitación visual para mantener la autonomía.
En el día a día, es aconsejable mejorar la iluminación del hogar, eliminar obstáculos en las zonas de paso y utilizar medidas de protección frente al deslumbramiento. Si la visión nocturna está comprometida, también debe valorarse la seguridad para conducir y desplazarse sin compañía.
Cuándo consultar al oftalmólogo
Es importante pedir una valoración si aparecen dificultades persistentes para ver en la oscuridad, choques con objetos laterales, una reducción del campo visual o antecedentes familiares de enfermedades hereditarias de la retina.
La retinosis pigmentaria no suele causar dolor, pero su impacto funcional puede ser relevante. Un diagnóstico temprano permite conocer el alcance del problema, planificar el seguimiento, estudiar su posible origen genético y acceder antes a recursos de apoyo visual.



