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Sevilla alerta del uso excesivo de móviles, redes sociales y videojuegos entre los jóvenes

El Ayuntamiento de Sevilla ha puesto en marcha Trico, una campaña de prevención centrada en el uso excesivo de los teléfonos móviles, las redes sociales, internet y los videojuegos entre la población joven. La iniciativa parte de una preocupación creciente por los hábitos digitales y por el impacto que pueden tener en el bienestar, el rendimiento académico y las relaciones personales.

Los datos que acompañan a la campaña sitúan en el 20,5% el porcentaje de estudiantes de entre 14 y 18 años con posible uso problemático de internet. La cifra refleja la dimensión de un fenómeno que no se limita a una única plataforma o dispositivo: afecta a la navegación online, las redes sociales, el consumo de contenidos y también al tiempo dedicado al juego digital.

Una campaña que pone el foco en los hábitos digitales

Con Trico, el consistorio sevillano pretende llamar la atención sobre la necesidad de revisar cómo, cuándo y para qué se utilizan las tecnologías. El objetivo no es demonizar los móviles, los videojuegos o las redes sociales, herramientas integradas en la vida cotidiana de los adolescentes, sino promover un uso más consciente y equilibrado.

La campaña se dirige especialmente a jóvenes, familias y entornos educativos. Estos espacios desempeñan un papel relevante a la hora de detectar cambios de conducta, establecer límites y acompañar a los menores en su relación con internet. La prevención resulta clave cuando el uso deja de ser una actividad puntual y empieza a interferir en otras áreas de la vida.

En el caso de los videojuegos, la preocupación no se centra únicamente en el número de horas jugadas. También es importante observar si existe dificultad para desconectar, irritabilidad cuando se interrumpe la partida, abandono de otras actividades o problemas para mantener las obligaciones diarias. Jugar puede formar parte de un ocio saludable, pero requiere equilibrio y supervisión cuando hablamos de adolescentes.

Cuándo puede existir un uso problemático de internet

El tiempo de conexión es un indicador útil, aunque no basta por sí solo para determinar que existe una conducta problemática. Dos jóvenes pueden pasar un número similar de horas conectados y experimentar consecuencias muy diferentes. Por eso, la atención debe ponerse en el impacto que ese uso tiene sobre el descanso, los estudios, la convivencia y el estado de ánimo.

  • Dificultad para dejar el móvil, las redes sociales o los videojuegos.
  • Reducción de las horas de sueño o alteración de los horarios habituales.
  • Descenso del rendimiento académico o falta de concentración.
  • Pérdida de interés por actividades deportivas, culturales o sociales.
  • Malestar, enfado o ansiedad cuando no es posible conectarse.
  • Uso de internet para evitar problemas personales o emocionales.

Estos signos no deben interpretarse de forma aislada ni servir para etiquetar a un menor. Sin embargo, pueden indicar que conviene hablar sobre los hábitos digitales y valorar la ayuda de profesionales si la situación se mantiene o empeora.

El papel de las familias y los centros educativos

La respuesta al uso excesivo de internet requiere acompañamiento. Las familias pueden ayudar estableciendo normas claras y realistas, acordando momentos sin pantallas y evitando que el móvil se convierta en la única opción de ocio. También es recomendable que los adultos revisen sus propios hábitos, ya que el ejemplo cotidiano influye en la forma en que los adolescentes utilizan la tecnología.

Entre las medidas más útiles se encuentran respetar las horas de descanso, mantener los dispositivos fuera del dormitorio durante la noche y reservar espacios para las comidas y la conversación. En los videojuegos, además, conviene conocer las opciones de control parental, revisar la clasificación por edades y prestar atención a las compras integradas y a las funciones online.

Los centros educativos también pueden contribuir mediante la educación digital y la detección temprana. Enseñar a gestionar el tiempo, reconocer los mecanismos que fomentan la conexión constante y pedir ayuda cuando sea necesario forma parte de una prevención que va más allá de prohibir o restringir el acceso.

Prevenir sin criminalizar la tecnología

La puesta en marcha de Trico llega en un contexto en el que los dispositivos digitales cumplen funciones de comunicación, aprendizaje y entretenimiento. Por eso, el mensaje de la campaña debe entenderse desde la búsqueda del equilibrio: no se trata de eliminar la tecnología, sino de impedir que termine ocupando el espacio de otras necesidades básicas.

El reto consiste en favorecer una relación saludable con móviles, redes sociales, internet y videojuegos. Para ello, resulta fundamental hablar con los jóvenes sin culpabilizarles, escuchar sus experiencias y ofrecerles herramientas para recuperar el control cuando la conexión empieza a afectar a su día a día.

Con el dato del 20,5% de posibles usos problemáticos entre estudiantes sevillanos de 14 a 18 años, el Ayuntamiento sitúa la salud digital en el centro del debate. La campaña Trico busca que familias, docentes y adolescentes identifiquen a tiempo las señales de riesgo y promuevan hábitos tecnológicos compatibles con el descanso, los estudios, el ocio y las relaciones personales.

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