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¿Puede haber un brote de enfermedades tras un terremoto? Estos son los riesgos sanitarios reales

Después de un terremoto, la preocupación por la aparición de enfermedades suele crecer al mismo ritmo que la incertidumbre. Sin embargo, una catástrofe no provoca automáticamente una epidemia. El riesgo depende de los daños en las redes de agua y saneamiento, del tiempo que permanezca desplazada la población y de la capacidad de las autoridades para garantizar atención médica, higiene y alimentos seguros.

La prioridad durante las primeras horas es rescatar a las personas atrapadas, tratar las lesiones y localizar a quienes necesitan medicación urgente. Las infecciones pueden aparecer más adelante, especialmente si se interrumpe el suministro de agua potable, se acumulan residuos o muchas personas deben compartir espacios reducidos.

El agua y los alimentos, principales puntos de vigilancia

Las tuberías pueden romperse o contaminarse tras un movimiento sísmico. Por eso, el agua de la red no debe consumirse si las autoridades han advertido de posibles daños. En esos casos, debe utilizarse agua embotellada, hervida o tratada mediante sistemas autorizados.

El agua contaminada puede transmitir microorganismos responsables de diarreas, vómitos y otras infecciones gastrointestinales. El peligro aumenta en niños pequeños, personas mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas.

También es importante revisar el estado de los alimentos. Deben desecharse aquellos que hayan estado en contacto con agua sucia, presenten un olor o aspecto extraño o hayan permanecido demasiado tiempo sin refrigeración. No conviene probar un alimento para comprobar si está en buen estado.

  • Lavarse las manos con agua y jabón antes de comer y después de usar el baño.
  • Utilizar utensilios limpios y mantener tapados los alimentos.
  • Separar los residuos de las zonas donde se prepara la comida.
  • No consumir agua de ríos, pozos o depósitos sin autorización sanitaria.

Heridas, escombros y enfermedades respiratorias

Los cortes y heridas provocados por cristales, metales o restos de edificios requieren atención. La suciedad puede favorecer infecciones, aunque no todas las lesiones implican automáticamente un riesgo de tétanos. El personal sanitario debe valorar la profundidad de la herida y comprobar si es necesario administrar una vacuna o tratamiento preventivo.

Las heridas deben limpiarse con agua potable y cubrirse con material limpio. No se recomienda aplicar sustancias caseras, tierra, alcohol u otros productos irritantes. Si existe sangrado abundante, pérdida de sensibilidad, una mordedura o un objeto clavado, es necesario acudir a un servicio médico.

En los refugios temporales, la concentración de personas puede facilitar la transmisión de infecciones respiratorias. La ventilación, la higiene de manos y la separación de quienes presentan fiebre, tos intensa o dificultad para respirar ayudan a reducir el contagio.

Mosquitos y otros riesgos ambientales

Las lluvias, las inundaciones y la acumulación de agua en recipientes pueden crear condiciones favorables para la proliferación de mosquitos. El riesgo de enfermedades transmitidas por estos insectos depende de la zona, la época del año y la circulación local de virus, por lo que no debe darse por hecho que habrá un brote.

Mientras se mantengan las alertas, se aconseja utilizar repelente, ropa que cubra brazos y piernas y mosquiteras, especialmente en niños y durante las horas de mayor actividad de los insectos. También conviene vaciar o cubrir recipientes donde pueda acumularse agua.

Otro peligro frecuente después de un seísmo es la intoxicación por monóxido de carbono. Este gas, que no tiene olor ni color, puede acumularse al utilizar generadores, braseros o cocinas de gas en lugares cerrados. Estos equipos deben emplearse únicamente en espacios exteriores y lejos de puertas, ventanas y conductos de ventilación.

Cuándo pedir ayuda médica

La población debe solicitar asistencia urgente ante dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión, desmayo, sangrado que no se detiene, fiebre alta persistente o signos de deshidratación. En los menores, la somnolencia excesiva, la ausencia de lágrimas al llorar o una reducción importante de la orina son señales de alarma.

También deben vigilarse las enfermedades habituales. Las personas con diabetes, hipertensión, epilepsia, asma u otras patologías necesitan mantener sus tratamientos siempre que sea posible. Si se han perdido los medicamentos, hay que contactar con los servicios de emergencia o los centros de salud habilitados, en lugar de interrumpirlos por cuenta propia.

La salud mental también forma parte de la emergencia

El miedo, el insomnio, la irritabilidad y la tristeza son reacciones frecuentes tras vivir un terremoto. En la mayoría de los casos mejoran con apoyo familiar, información fiable, descanso y recuperación progresiva de las rutinas. No obstante, si la angustia impide comer, dormir o desenvolverse durante varios días, conviene pedir ayuda profesional.

La mejor prevención es seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias y consultar canales oficiales. Evitar los rumores resulta tan importante como mantener la higiene: anunciar brotes sin confirmación puede saturar los servicios médicos, generar miedo y dificultar la atención de quienes realmente la necesitan.

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