Virus varicela-zóster: las enfermedades graves que puede causar más allá de la varicela y el herpes zóster
El virus varicela-zóster es conocido principalmente por provocar la varicela durante la infancia y, años después, el herpes zóster. Sin embargo, la infección puede afectar a otros órganos y causar complicaciones potencialmente graves, sobre todo en bebés, personas mayores, embarazadas y pacientes con las defensas debilitadas.
Tras la varicela, el virus no desaparece completamente del organismo. Permanece latente durante toda la vida en los ganglios nerviosos y puede reactivarse décadas más tarde. Cuando esto ocurre, suele producir una erupción dolorosa en forma de herpes zóster, aunque en determinados casos puede comprometer el sistema nervioso, los pulmones, los ojos o los vasos sanguíneos.
Una infección que puede permanecer oculta durante años
La varicela es una infección muy contagiosa que suele causar fiebre, malestar general y lesiones en la piel que evolucionan a vesículas llenas de líquido. En la mayoría de los niños sanos desaparece sin consecuencias importantes, pero el virus puede desplazarse desde la piel hasta los nervios sensitivos y quedar inactivo.
La edad, el estrés intenso, algunas enfermedades y los tratamientos inmunosupresores pueden favorecer su reactivación. El herpes zóster suele manifestarse como dolor, ardor y ampollas agrupadas en una zona concreta del cuerpo, habitualmente en un solo lado. No obstante, la infección también puede presentarse sin lesiones cutáneas o extenderse a otros tejidos.
Complicaciones neurológicas del virus varicela-zóster
El sistema nervioso es uno de los principales órganos que puede verse afectado por este virus. Entre las complicaciones más relevantes se encuentran las siguientes:
- Meningitis vírica: inflamación de las membranas que protegen el cerebro y la médula espinal. Puede causar dolor de cabeza intenso, fiebre, rigidez de cuello, vómitos y sensibilidad a la luz.
- Encefalitis: inflamación del tejido cerebral que puede provocar confusión, somnolencia, alteraciones de la conducta, convulsiones o pérdida de conciencia.
- Ataxia cerebelosa: especialmente descrita en niños tras la varicela. Produce falta de coordinación, inestabilidad al caminar, temblores o dificultad para hablar.
- Vasculopatía por varicela-zóster: el virus puede inflamar las paredes de los vasos sanguíneos cerebrales y aumentar el riesgo de ictus, tanto en adultos como, con menor frecuencia, en niños.
Estas complicaciones son poco frecuentes, pero requieren valoración médica urgente. Los síntomas neurológicos que aparecen durante una varicela o un herpes zóster no deben atribuirse únicamente al cansancio o a la fiebre.
Neumonía y otras afectaciones internas
La neumonía por varicela es una de las complicaciones más graves de la infección. Puede causar tos, dificultad para respirar, dolor torácico y una bajada de la oxigenación. El riesgo es mayor en adultos, fumadores, embarazadas y personas con enfermedades respiratorias o un sistema inmunitario debilitado.
En pacientes inmunodeprimidos, el virus puede diseminarse por la sangre y afectar a varios órganos al mismo tiempo. Este cuadro puede producir lesiones cutáneas extensas, neumonía, hepatitis, alteraciones neurológicas y un deterioro general rápido.
Cuando el virus afecta a los ojos y al oído
El herpes zóster localizado en la cara puede comprometer la rama oftálmica del nervio trigémino. El herpes zóster oftálmico puede causar inflamación de la córnea, uveítis, aumento de la presión ocular y, en los casos más graves, pérdida de visión.
La aparición de ampollas en la frente, el párpado o la punta de la nariz, junto con dolor ocular, enrojecimiento o visión borrosa, exige atención médica rápida. El tratamiento temprano reduce el riesgo de secuelas.
Otra complicación es el síndrome de Ramsay Hunt, que aparece cuando el virus afecta al nervio facial y a estructuras del oído. Puede provocar parálisis de un lado de la cara, dolor intenso, vesículas en el oído, zumbidos, vértigo y pérdida de audición.
Riesgos durante el embarazo y en el recién nacido
La varicela durante el embarazo necesita una valoración específica. Aunque el riesgo depende de la fase de la gestación, la infección puede asociarse a complicaciones maternas, como neumonía, y en algunos casos afectar al feto.
Si la madre contrae varicela cerca del parto, el recién nacido puede desarrollar una infección neonatal grave. Por este motivo, cualquier embarazada que haya estado en contacto con una persona con varicela o presente síntomas debe consultar cuanto antes y no automedicarse.
Cómo prevenir las formas graves
La vacunación es la principal herramienta para prevenir la varicela y reducir la probabilidad de complicaciones. También existe vacunación frente al herpes zóster, especialmente indicada para determinados grupos de edad y personas con factores de riesgo, según las recomendaciones sanitarias vigentes.
Además, conviene evitar el contacto estrecho con personas embarazadas, recién nacidos o inmunodeprimidas cuando se padece varicela. Ante fiebre persistente, dificultad respiratoria, confusión, debilidad de una parte del cuerpo, pérdida de visión o lesiones cerca del ojo, es necesario acudir de inmediato a un servicio sanitario.



