
AeroSHARK: la piel de tiburón que ayuda a los aviones a gastar menos combustible
La aviación comercial busca reducir su impacto ambiental sin esperar únicamente a la llegada de nuevos motores o combustibles sostenibles. Una de las soluciones más llamativas ya se está aplicando en algunos aviones de pasajeros y carga: AeroSHARK, una película ultrafina inspirada en la piel de los tiburones que disminuye la resistencia aerodinámica y permite ahorrar combustible.
La tecnología puede recortar alrededor de un 1% el consumo de queroseno, una cifra que parece modesta en un solo vuelo, pero que adquiere una dimensión considerable cuando se aplica a aeronaves que realizan miles de horas de operación al año. El resultado es una reducción directa de los costes y de las emisiones de dióxido de carbono.
Una superficie inspirada en la naturaleza
La piel de los tiburones no es completamente lisa. Está formada por pequeñas estructuras microscópicas, conocidas como dentículos dérmicos, que se orientan en la dirección del desplazamiento. Este diseño permite que el agua fluya con más facilidad alrededor del animal y reduce la fricción durante la natación.
AeroSHARK reproduce ese principio mediante una película con una textura de diminutas estrías, denominadas riblets. El material se coloca sobre determinadas zonas del fuselaje y otras superficies exteriores del avión para mejorar el comportamiento del aire durante el vuelo.
La película tiene un grosor de apenas unas decenas de micras, pero su fabricación exige una elevada precisión. La estructura debe mantener unas dimensiones y una orientación muy concretas para que las pequeñas ranuras actúen de forma eficaz frente al flujo de aire.
Cómo consigue reducir el consumo de combustible
Cuando un avión avanza, el aire genera diferentes tipos de resistencia. Una parte importante procede de la fricción que se produce al deslizarse sobre la superficie del fuselaje y de las alas. Aunque el avión esté perfectamente diseñado, esa interacción supone un gasto energético constante.
Las microestrías de AeroSHARK ordenan el flujo de aire y reducen los pequeños remolinos que aparecen cerca de la superficie. De este modo, el avión necesita algo menos de empuje para mantener la misma velocidad y altitud. Esa menor demanda se traduce en un consumo inferior de jet fuel durante las distintas fases del vuelo.
El ahorro estimado ronda el 1%, aunque puede variar según el modelo de avión, la ruta, la carga, la velocidad y las condiciones meteorológicas. En una aeronave de largo radio, una mejora de este tipo puede representar miles de litros de combustible menos a lo largo de un año.
Una solución ya integrada en aviones comerciales
El desarrollo de AeroSHARK corre a cargo de Lufthansa Technik y BASF. La tecnología se ha probado e instalado en aviones Boeing 777, tanto en versiones de pasajeros como de carga. Lufthansa Cargo fue una de las primeras compañías en incorporar esta solución a su flota de Boeing 777F.
La aplicación no cubre todo el avión de manera indiscriminada. Los técnicos seleccionan las zonas en las que la mejora aerodinámica puede ser más relevante, como determinadas áreas del fuselaje. Antes de autorizar su uso, la película debe superar pruebas de resistencia, adherencia, comportamiento frente a cambios de temperatura y exposición a la radiación ultravioleta.
También debe soportar las exigencias habituales de la aviación: lluvia, hielo, polvo, operaciones de mantenimiento y variaciones extremas de presión y temperatura. La superficie exterior de un avión trabaja en condiciones mucho más severas que las de cualquier vehículo terrestre.
Menos emisiones sin cambiar los motores
Uno de los principales atractivos de AeroSHARK es que puede mejorar la eficiencia de aeronaves que ya están en servicio. No requiere sustituir los motores ni rediseñar por completo el avión, dos procesos que normalmente implican inversiones muy elevadas y largos periodos de certificación.
La reducción del consumo también tiene un efecto ambiental directo. Al quemar menos queroseno, el avión emite menos dióxido de carbono y disminuye la cantidad de combustible que necesita transportar. Esta última ventaja genera, a su vez, un pequeño ahorro adicional, ya que mover menos peso requiere menos energía.
En términos absolutos, el impacto depende del número de aeronaves equipadas y de sus horas de vuelo. En una flota de largo radio, una mejora del 1% puede evitar miles de toneladas de CO2 al año, especialmente en aviones que realizan rutas intercontinentales de forma continua.
Una pieza más dentro de la descarbonización aérea
AeroSHARK no elimina las emisiones de los aviones ni sustituye a los combustibles sostenibles, la renovación de flotas o la optimización de las rutas. Su función es complementar esas medidas con una mejora relativamente sencilla y aplicable a modelos que todavía seguirán volando durante años.
La tecnología también refleja una tendencia creciente en la industria: recurrir a la biomimética para resolver problemas de ingeniería. La naturaleza lleva millones de años optimizando el movimiento, la resistencia y el consumo de energía. En este caso, la piel de un tiburón se convierte en una referencia para hacer más eficiente uno de los medios de transporte más exigentes del planeta.
El futuro de AeroSHARK dependerá de su expansión a otros modelos y de la evolución de los procesos de instalación y mantenimiento. Si las compañías aéreas pueden aplicar la película a más superficies y aeronaves, el ahorro acumulado podría convertir una mejora aparentemente pequeña en una herramienta relevante para reducir el consumo de combustible en la aviación comercial.



