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Agricultura y Desarrollo Sostenible Coca-Cola apuesta por tecnología para mejorar el agua en Latam

Coca-Cola apuesta por tecnología para mejorar el agua en Latam

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Coca-Cola apuesta por los datos y la agricultura para mejorar la eficiencia del agua en América Latina

La tecnología, el análisis de datos y la colaboración con agricultores y comunidades se perfilan como herramientas clave para afrontar la creciente presión sobre los recursos hídricos en América Latina. Coca-Cola defendió este enfoque durante un panel dedicado a la innovación en la gestión del agua celebrado en el marco de la Semana de Alto Nivel de Naciones Unidas.

La compañía planteó que la respuesta a los problemas de disponibilidad y calidad del agua no puede limitarse a las actuaciones dentro de las fábricas. La gestión debe extenderse a toda la cadena de suministro, especialmente a las zonas agrícolas, donde se concentra una parte esencial del consumo hídrico y donde los efectos de la sequía y la variabilidad climática son más visibles.

La tecnología como apoyo para tomar mejores decisiones

El uso de sensores, herramientas digitales y sistemas de análisis permite conocer con mayor precisión dónde, cuándo y cómo se utiliza el agua. Esta información facilita ajustar el riego, detectar pérdidas y priorizar las intervenciones en las áreas con mayor estrés hídrico.

En el ámbito agrícola, la digitalización puede ayudar a los productores a adaptar sus prácticas a las condiciones reales del terreno. Los datos meteorológicos, la humedad del suelo y las previsiones climáticas ofrecen referencias para evitar riegos innecesarios y utilizar el agua de una forma más eficiente.

El objetivo no es únicamente reducir el volumen consumido, sino también mejorar la productividad del agua. Es decir, obtener un mayor rendimiento agrícola con una cantidad menor de recursos, sin comprometer la calidad de las cosechas ni la viabilidad económica de las explotaciones.

Una estrategia que va más allá de las fábricas

La industria de bebidas depende de un suministro estable de agua tanto para sus procesos productivos como para la obtención de materias primas. Por este motivo, las medidas de eficiencia aplicadas en las plantas deben complementarse con proyectos en las cuencas y territorios de los que depende la actividad.

Este planteamiento incluye acciones como la mejora de las redes de distribución, la reducción de fugas, la reutilización del agua cuando sea posible y la protección de los ecosistemas que contribuyen a mantener los recursos hídricos. También requiere trabajar con las autoridades locales y con las organizaciones que conocen las necesidades de cada comunidad.

La disponibilidad de agua no es igual en todos los territorios. América Latina reúne regiones con abundantes recursos y otras que afrontan sequías prolongadas, infraestructuras insuficientes o una fuerte competencia entre los usos domésticos, agrícolas, industriales y ambientales.

La colaboración, un elemento central

Durante el encuentro, la colaboración entre empresas, agricultores, comunidades y administraciones se situó como una de las condiciones necesarias para que las soluciones tecnológicas tengan un impacto real. La información, por sí sola, no resuelve los problemas si no se traduce en inversiones, formación y decisiones adaptadas a cada contexto.

Para los pequeños productores, el acceso a herramientas digitales puede estar limitado por el coste, la conectividad o la falta de conocimientos técnicos. Por ello, cualquier programa de modernización debe incluir acompañamiento, capacitación y modelos que permitan compartir los beneficios de una gestión más eficiente.

La participación de las comunidades también resulta decisiva. Las medidas relacionadas con el agua afectan directamente a la vida cotidiana, la producción de alimentos y la conservación de los ecosistemas. Incorporar a la población local en el diseño y seguimiento de los proyectos ayuda a identificar prioridades y a reforzar la confianza.

El reto de medir el impacto

Uno de los principales desafíos consiste en evaluar de forma transparente los resultados. Reducir el consumo de agua en una instalación concreta puede ser positivo, pero no basta para conocer el efecto global de una actuación sobre una cuenca o un territorio.

Por eso, las estrategias de gestión hídrica deben tener en cuenta factores como la disponibilidad local, la calidad del agua, la recuperación de los ecosistemas y las necesidades de las poblaciones cercanas. La medición debe realizarse con criterios comparables y con datos que permitan comprobar si las mejoras se mantienen en el tiempo.

La eficiencia hídrica no equivale únicamente a consumir menos. También implica devolver el agua en condiciones adecuadas, proteger las fuentes de abastecimiento y evitar que las actuaciones empresariales trasladen el problema a otros usuarios o a otras zonas de la misma cuenca.

América Latina afronta una presión creciente

El cambio climático está aumentando la frecuencia y la intensidad de fenómenos como las sequías, las lluvias extremas y las alteraciones en los ciclos agrícolas. A esta situación se suman el crecimiento urbano, el deterioro de algunas infraestructuras y la necesidad de garantizar agua para una población cada vez más expuesta a la inseguridad hídrica.

En este escenario, la combinación de tecnología, agricultura eficiente y cooperación puede contribuir a una gestión más anticipada y menos reactiva. La prioridad será convertir los datos en decisiones concretas y asegurar que las soluciones lleguen también a los productores y comunidades con menos recursos.

La apuesta presentada por Coca-Cola refleja una tendencia creciente en el sector privado: asumir que la seguridad hídrica depende de la salud de todo el territorio y no solo del funcionamiento de una planta. El resultado dependerá ahora de la escala de los proyectos, de la transparencia de sus avances y de su capacidad para generar beneficios compartidos.

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