EE. UU. acusa a DeepSeek, Moonshot AI y Alibaba de copiar tecnología de inteligencia artificial
La Administración estadounidense ha acusado a seis empresas chinas, entre ellas DeepSeek, Moonshot AI y Alibaba, de utilizar técnicas de destilación para reproducir capacidades desarrolladas por laboratorios de inteligencia artificial de Estados Unidos. La denuncia añade un nuevo foco de tensión tecnológica entre Washington y Pekín, a pocos días de una reunión prevista entre Donald Trump y Xi Jinping.
Según los funcionarios estadounidenses, estas compañías habrían aprovechado modelos avanzados ya disponibles para entrenar sistemas propios con un coste y un consumo de recursos inferiores. La acusación sitúa la llamada destilación de modelos en el centro del conflicto, una práctica habitual en el sector, pero que puede generar controversia cuando se emplea para replicar de forma demasiado directa el comportamiento de sistemas protegidos.
Qué es la destilación de modelos de IA
La destilación es una técnica mediante la que un modelo más pequeño, conocido como modelo estudiante, aprende a imitar las respuestas y capacidades de otro sistema de mayor tamaño, denominado modelo profesor. Este proceso permite reducir costes, acelerar el entrenamiento y crear herramientas más fáciles de ejecutar en dispositivos o servidores menos potentes.
El método no es ilegal por sí mismo y se utiliza en numerosos proyectos de inteligencia artificial. La cuestión planteada por Estados Unidos es si las empresas señaladas habrían obtenido respuestas de modelos estadounidenses de manera sistemática para reconstruir sus capacidades sin asumir los costes de investigación y desarrollo originales.
La diferencia entre una optimización legítima y una posible copia tecnológica depende de factores como el acceso utilizado, las condiciones de servicio, el volumen de consultas y el grado de similitud entre los sistemas. También resulta relevante determinar si se emplearon datos, resultados o interfaces protegidos contractualmente.
Una acusación con impacto geopolítico
La denuncia llega en un momento especialmente delicado para las relaciones entre Estados Unidos y China. La inteligencia artificial se ha convertido en un área estratégica, tanto por su potencial económico como por sus aplicaciones en defensa, ciberseguridad, industria y administración pública.
Washington lleva meses endureciendo las restricciones sobre la exportación de chips avanzados, equipos de fabricación y determinadas tecnologías de computación hacia China. El objetivo declarado es limitar el acceso de compañías chinas a los recursos necesarios para desarrollar modelos punteros, especialmente en ámbitos considerados sensibles.
Las nuevas acusaciones pueden aumentar la presión para aplicar controles adicionales. Entre las posibles medidas se encuentran más limitaciones a la inversión, revisiones de las relaciones comerciales con determinadas empresas y nuevas exigencias para las plataformas estadounidenses que ofrecen servicios de inteligencia artificial a usuarios o compañías chinas.
DeepSeek y la carrera por modelos más eficientes
DeepSeek ha ganado notoriedad por presentar modelos capaces de competir en determinadas tareas con sistemas desarrollados por las principales empresas estadounidenses. Su expansión ha alimentado el debate sobre la cantidad de chips y recursos necesarios para crear modelos avanzados, así como sobre las estrategias utilizadas para mejorar el rendimiento.
El interés de Washington por DeepSeek se suma a la atención que reciben otras firmas chinas, como Moonshot AI y Alibaba. Todas participan en una carrera nacional para reforzar las capacidades de inteligencia artificial de China y reducir la dependencia de tecnologías extranjeras.
La acusación estadounidense no implica, por sí sola, que se haya demostrado una infracción. Para confirmar una posible apropiación indebida sería necesario aportar pruebas sobre el origen de los datos, el método de entrenamiento y las condiciones bajo las que se utilizaron los modelos de terceros.
El encuentro entre Trump y Xi, bajo más presión
El momento elegido puede tener consecuencias diplomáticas. La reunión entre Trump y Xi Jinping prevista para este mes podría abordar el comercio, los semiconductores, la seguridad y el futuro de la inteligencia artificial. La acusación introduce un nuevo elemento de negociación en una relación marcada por los controles tecnológicos y las disputas sobre propiedad intelectual.
Para las empresas del sector, el caso también plantea dudas sobre los límites de la ingeniería inversa y el uso de modelos como referencia. La disponibilidad de herramientas de IA a través de servicios en la nube facilita la comparación de resultados, pero también complica la protección de los sistemas frente a intentos de replicación.
La evolución de este conflicto dependerá de las pruebas que presente Estados Unidos y de la respuesta de las compañías afectadas y de las autoridades chinas. Mientras tanto, la acusación refuerza una tendencia clara: la competencia por el liderazgo en inteligencia artificial ya no se limita al rendimiento de los modelos, sino que abarca también los datos, los chips, la propiedad intelectual y el control de las infraestructuras digitales.
