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El método analógico de Lidl-Trek que ayudó a Pedersen a ganar una etapa

En un ciclismo cada vez más condicionado por los datos, los vídeos y las herramientas digitales, Lidl-Trek decidió apostar por una fórmula mucho más sencilla para preparar una etapa: mirar la carretera con sus propios ojos. El director del equipo considera que un reconocimiento sobre el terreno no puede depender únicamente de la tecnología y que esa observación directa fue determinante para que Mads Pedersen terminara imponiéndose.

La idea puede parecer poco habitual en el ciclismo profesional actual, donde los equipos analizan cada kilómetro con mapas detallados, perfiles altimétricos, imágenes de satélite y registros de potencia. Sin embargo, la formación estadounidense defiende que ninguna pantalla ofrece exactamente la misma información que recorrer el trazado y comprobar de primera mano cómo se comporta la carretera.

Ver la carretera antes que los datos

El reconocimiento de una etapa permite localizar curvas peligrosas, cambios de asfalto, estrechamientos, rotondas, zonas expuestas al viento y los puntos donde puede romperse el pelotón. También ayuda a entender cómo se encadenan las dificultades, algo que no siempre se aprecia en un perfil digital o en una grabación.

Para el director de Lidl-Trek, la prioridad está precisamente en esa lectura directa del recorrido. Su planteamiento parte de una premisa sencilla: la tecnología puede completar el análisis, pero no debe sustituir la experiencia de estar allí. La posición de la carretera, la visibilidad o la sensación que transmite una curva son factores difíciles de traducir a una pantalla.

Ese enfoque tuvo una aplicación práctica en la preparación de la etapa ganada por Pedersen. El equipo pudo identificar los momentos en los que era necesario situar al corredor, anticipar los movimientos de sus rivales y reservar fuerzas para el tramo decisivo. En una carrera de alto nivel, pequeñas decisiones de colocación pueden marcar la diferencia entre disputar la victoria o quedar atrapado en el grupo.

La tecnología como apoyo, no como sustituto

La apuesta de Lidl-Trek no implica renunciar por completo a las herramientas digitales. Los equipos profesionales siguen utilizando información sobre el desnivel, la meteorología, el viento, los tiempos parciales y el rendimiento de cada corredor. Todos esos datos permiten diseñar una estrategia y ajustar el esfuerzo durante la competición.

La diferencia está en el orden de prioridades. En lugar de dejar que el análisis tecnológico dicte por completo la táctica, el equipo busca que los directores y los ciclistas interpreten primero el recorrido. Después, los datos sirven para confirmar sensaciones, calcular riesgos y establecer objetivos concretos para cada momento de la etapa.

Esta combinación resulta especialmente importante en las jornadas nerviosas, con finales técnicos o carreteras estrechas. Un navegador puede señalar una curva, pero no siempre explica cómo se llega a ella después de varios kilómetros de tensión, ni qué espacio quedará disponible cuando el pelotón avance a gran velocidad.

Pedersen, preparado para el momento clave

Mads Pedersen se benefició de esa preparación en una etapa en la que la lectura del recorrido fue esencial. El corredor danés es uno de los ciclistas más completos del pelotón y puede competir en llegadas rápidas, clásicas exigentes y jornadas con desniveles moderados. Para sacar partido a esa versatilidad, necesita llegar bien colocado al punto en el que la carrera empieza a decidirse.

El trabajo previo de Lidl-Trek permitió convertir la información del recorrido en instrucciones concretas. Saber dónde acelerar, en qué zonas evitar riesgos y cuándo protegerse del viento ofrece una ventaja que no siempre aparece reflejada en las cifras. La victoria no depende de un único factor, pero una buena lectura de la carretera puede ahorrar energía y mejorar la posición en los kilómetros decisivos.

Una lección en plena era del ciclismo de datos

El caso también refleja una tensión cada vez más visible en el deporte profesional. La analítica ha transformado la preparación de los corredores, pero la abundancia de información no garantiza por sí sola mejores decisiones. Los datos necesitan contexto y, en ese punto, la experiencia de los directores y la percepción de los ciclistas siguen siendo fundamentales.

Reconocer una etapa a pie o en coche, observar el firme y hablar con quienes conocen la zona puede aportar detalles que no aparecen en un informe. Son elementos menos fáciles de medir, pero pueden influir en la confianza del corredor y en la forma de afrontar una subida, una bajada o un final complicado.

La estrategia de Lidl-Trek no es una rebelión contra la tecnología, sino una reivindicación del criterio humano. En un pelotón donde todos manejan herramientas cada vez más sofisticadas, la ventaja puede estar en interpretar mejor lo que esas herramientas no son capaces de contar. Para Pedersen, esa mirada sobre el terreno terminó convirtiéndose en una ayuda decisiva para conquistar la etapa.

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