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Google probará la próxima semana sus chips de inteligencia artificial en el espacio

Google se prepara para enviar por primera vez uno de sus chips especializados en inteligencia artificial al espacio. La compañía pondrá en órbita un satélite prototipo desarrollado junto a Planet durante la misión Transporter-18 de SpaceX, prevista para la semana del 29 de septiembre.

El experimento forma parte de Suncatcher, un proyecto anunciado por Google en noviembre de 2025 que busca comprobar si los procesadores TPU pueden ejecutar tareas de inteligencia artificial fuera de la Tierra. Las Tensor Processing Units son chips diseñados específicamente para acelerar operaciones matemáticas utilizadas por modelos de IA, como el reconocimiento de imágenes.

Procesar las imágenes antes de enviarlas a la Tierra

La propuesta de Google pretende llevar al espacio una capacidad de cálculo similar a la que actualmente utiliza en sus centros de datos. En lugar de transmitir a tierra todas las imágenes captadas por un satélite, el propio dispositivo podría analizarlas en órbita y enviar únicamente los resultados relevantes.

Este enfoque permitiría detectar incendios forestales, inundaciones, cambios en cultivos o actividades industriales en cuestión de minutos. También reduciría de forma considerable el volumen de datos que debe viajar entre el satélite y las estaciones terrestres, ya que solo se transmitirían alertas, clasificaciones o fragmentos seleccionados de las imágenes.

La reducción del tráfico de datos es especialmente importante en los satélites de observación terrestre. Las cámaras de alta resolución generan grandes cantidades de información, mientras que los enlaces de comunicación tienen una capacidad limitada. El procesamiento en órbita puede reducir varios órdenes de magnitud la información que es necesario descargar.

Un entorno extremo para los chips

El espacio plantea varios problemas que no aparecen en un centro de datos convencional. Durante el lanzamiento, el satélite debe soportar vibraciones y aceleraciones de entre 50 y 100 veces la gravedad durante aproximadamente diez minutos. Para preparar el prototipo, los ingenieros lo sometieron a movimientos intensos en los tres ejes y comprobaron que el hardware resistía.

La radiación es otro de los riesgos principales. Las partículas procedentes del Sol y de los rayos cósmicos pueden alterar el comportamiento de los semiconductores, provocar errores de cálculo o dañar sus componentes de forma permanente.

Google puso sus chips TPU Trillium a prueba con un haz de protones en el Laboratorio Nuclear Crocker de la Universidad de California en Davis. La exposición equivalía a la dosis que recibirían durante más de cinco años en órbita. Los procesadores superaron el ensayo, aunque la prueba en tierra no sustituye a las condiciones reales del espacio.

El reto de evacuar el calor

La temperatura también complica el diseño. En la Tierra, los ordenadores utilizan aire o sistemas líquidos para transportar el calor lejos de los componentes. En el vacío espacial no existe aire que permita esa transferencia, por lo que la energía térmica debe disiparse mediante radiación.

Para resolverlo, Google está combinando tubos de calor, conocidos como heat pipes, con radiadores. Los primeros trasladan la energía térmica desde los chips hacia otras zonas del satélite, mientras que los radiadores la expulsan al espacio. El sistema ya ha funcionado en cámaras de vacío, pero el lanzamiento permitirá comprobar su respuesta ante los cambios reales de temperatura de una órbita baja.

El primer paso hacia una red de satélites

La misión Transporter-18 no pretende demostrar todavía una constelación de ordenadores orbitales. Su objetivo es más básico: verificar que las TPUs sobreviven al lanzamiento y pueden funcionar frente a la radiación y las variaciones térmicas del entorno espacial.

Google planea realizar una segunda fase en 2027, con el lanzamiento de dos satélites destinados a probar enlaces de comunicación láser. Estos sistemas permitirían intercambiar grandes cantidades de datos entre satélites con menor latencia que las conexiones tradicionales y serían esenciales para crear una red de cálculo distribuido en órbita.

Una constelación de este tipo podría repartir tareas de IA entre diferentes satélites y coordinar el análisis de imágenes casi en tiempo real. Sin esos enlaces, cada unidad tendría que trabajar de forma aislada y la utilidad de la infraestructura sería mucho más limitada.

La economía sigue siendo el mayor obstáculo

El principal freno para la computación espacial no es únicamente tecnológico. Según las estimaciones de Google, el coste de poner hardware en órbita debería reducirse hasta unos 200 dólares por kilogramo para que el modelo fuese competitivo.

Las misiones compartidas actuales de SpaceX rondan los 5.000 dólares por kilogramo, una diferencia de aproximadamente 25 veces. Aunque los futuros lanzadores reutilizables podrían reducir notablemente los precios, esa disminución aún no está disponible a gran escala ni en el corto plazo.

El proyecto compite además con iniciativas privadas que persiguen una estrategia distinta. Starcloud, respaldada por Nvidia, ya envió una GPU H100 al espacio y la utilizó para ejecutar el modelo de IA Gemma. Mientras esa empresa plantea ofrecer capacidad de cálculo orbital como un servicio en la nube, Google estudia integrar sus propios chips en sistemas de observación terrestre.

Observación terrestre y nuevas implicaciones

La colaboración con Planet encaja con el interés de Google por acelerar el análisis de imágenes del planeta. Si los resultados se obtienen directamente en órbita, la información podría pasar de las cámaras a los equipos de respuesta en minutos, en lugar de depender de procesos de descarga y análisis que pueden prolongarse durante horas.

La tecnología también abre debates sobre vigilancia, seguridad y uso militar. Un satélite capaz de clasificar grandes extensiones de territorio en tiempo real podría emplearse para fines ambientales y humanitarios, pero también para supervisión estratégica. Por eso, el avance de la inteligencia artificial espacial tendrá consecuencias que irán más allá de la eficiencia de los centros de datos.

La misión de la próxima semana será, en cualquier caso, una prueba inicial. Si las TPUs superan el entorno orbital, Google habrá resuelto una parte esencial del problema técnico. La viabilidad comercial dependerá después de que los lanzamientos sean mucho más baratos y de que las comunicaciones entre satélites alcancen la velocidad y fiabilidad necesarias.

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