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Ciencia Indra diseña chips para Europa, pero aún depende de Taiwán

Indra diseña chips para Europa, pero aún depende de Taiwán

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Indra desarrolla cuatro diseños de chips para reforzar la autonomía tecnológica europea

Indra Group ha desarrollado junto con la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) cuatro diseños de chips con los que pretende avanzar en capacidades propias dentro de un sector considerado estratégico para Europa. El proyecto busca reducir la dependencia exterior en tecnologías esenciales, aunque la fabricación de estos componentes continúa vinculada a proveedores especializados de Asia, especialmente de Taiwán.

Los diseños servirán como base de pruebas para evaluar soluciones de circuitos integrados y reforzar el conocimiento disponible en España. El desarrollo representa un paso relevante para una compañía con actividad en tecnología y defensa, ámbitos en los que la seguridad de la cadena de suministro y el control sobre los componentes críticos tienen un peso cada vez mayor.

Cuatro diseños para probar capacidades propias

El trabajo conjunto entre Indra y la UPM se ha centrado en la creación de cuatro diseños de chips destinados a su validación. En esta fase, el objetivo principal es comprobar el funcionamiento de las propuestas y generar experiencia en un campo que requiere perfiles altamente especializados, herramientas avanzadas y procesos de fabricación muy exigentes.

El desarrollo de un chip no termina con el diseño. Tras definir su arquitectura, es necesario convertirla en un componente físico mediante procesos industriales especializados. Esta diferencia entre diseñar y fabricar explica por qué Europa puede avanzar en conocimiento y propiedad intelectual sin disponer todavía de una capacidad de producción suficiente para cubrir toda la demanda.

Para Indra, contar con diseños propios puede facilitar el desarrollo de futuras soluciones tecnológicas adaptadas a las necesidades de sectores críticos. También permite a la empresa y al entorno universitario acumular experiencia en una actividad que condiciona desde los sistemas de comunicaciones hasta los equipos de defensa, la automoción, la industria y la inteligencia artificial.

La fabricación sigue dependiendo de Taiwán

A pesar del avance en el diseño, la iniciativa no elimina la dependencia europea de los grandes fabricantes asiáticos. Taiwán concentra una parte muy importante de la producción mundial de semiconductores avanzados, gracias a la presencia de compañías con capacidad para fabricar chips con procesos muy sofisticados y a gran escala.

Esta situación introduce una vulnerabilidad para las empresas europeas. Un problema geopolítico, una interrupción logística o una crisis de suministro puede afectar a la disponibilidad de componentes que resultan imprescindibles para fabricar productos tecnológicos y sistemas de defensa.

El reto no consiste únicamente en disponer de fábricas. La industria de los semiconductores necesita también materiales, equipos de litografía, software de diseño, ingenieros especializados y una red de proveedores capaz de sostener todo el proceso. Por eso, la autonomía tecnológica se plantea como una estrategia gradual y no como la sustitución inmediata de todos los proveedores internacionales.

El diseño, una pieza clave para la soberanía tecnológica

La creación de chips propios ofrece a Europa mayor capacidad de decisión sobre el funcionamiento de sus sistemas. Diseñar un componente permite definir sus prestaciones, adaptar su consumo energético y controlar mejor la integración con otros elementos de una plataforma tecnológica.

En el ámbito de la defensa, además, el diseño puede contribuir a reducir riesgos asociados a componentes cuya procedencia, configuración o ciclo de actualización escapan al control de los usuarios finales. La posibilidad de auditar y adaptar el hardware resulta especialmente importante cuando se emplea en infraestructuras críticas o en sistemas que deben operar durante largos periodos.

La colaboración con la UPM también pone de relieve el papel de las universidades en la formación de especialistas. El sector europeo de los semiconductores necesita ampliar el número de profesionales capaces de trabajar en arquitectura de procesadores, diseño electrónico, verificación y fabricación. La conexión entre la investigación académica y la industria puede acelerar la transferencia de conocimientos y favorecer nuevos proyectos.

Europa busca fortalecer toda la cadena de valor

La estrategia europea en materia de chips persigue reforzar la cadena de valor completa: investigación, diseño, fabricación, encapsulado, pruebas y comercialización. El objetivo es reducir los puntos débiles de una industria que durante años ha trasladado buena parte de su producción a regiones con menores costes y una elevada concentración empresarial.

En este contexto, los cuatro diseños desarrollados por Indra y la UPM representan una contribución centrada en la fase de diseño y validación. No suponen todavía una producción industrial propia ni resuelven la dependencia de las plantas asiáticas, pero permiten avanzar en una de las capacidades necesarias para construir un ecosistema europeo más resistente.

El siguiente paso será determinar el rendimiento de los chips durante las pruebas y valorar sus posibles aplicaciones. A partir de esos resultados, la iniciativa podría servir para impulsar nuevos desarrollos y consolidar una base tecnológica nacional en un mercado decisivo para la competitividad y la seguridad de Europa.

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