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Higgsfield impulsa influencers de IA con cuellos imposibles y 30 millones de usuarios

Higgsfield ha actualizado su herramienta para crear influencers sintéticos con una apuesta estética poco habitual: personajes realistas, pero deliberadamente no humanos. Cuellos alargados, cortes de pelo geométricos, proporciones exageradas y criaturas antropomórficas forman parte de una estrategia que busca diferenciar a estos avatares de las caras perfectas generadas por inteligencia artificial.

La compañía asegura que cuenta con 30 millones de usuarios y que ha alcanzado un ritmo de ingresos anualizado de 1.000 millones de dólares, unos 890 millones de euros. Son cifras muy elevadas para una empresa dedicada a la generación de vídeo, aunque deben interpretarse con cautela porque proceden de declaraciones corporativas y varían según el organismo o publicación que las recoge.

Una actualización de AI Influencer Studio

El lanzamiento del 7 de octubre no corresponde a un producto completamente nuevo. Higgsfield presentó AI Influencer Studio en enero de 2026 y ahora ha simplificado su uso. La principal novedad es que permite insertar con más facilidad un personaje diseñado por el usuario dentro de vídeos ya existentes.

La herramienta funciona de forma parecida al editor de personajes de un videojuego. Según la documentación de la compañía, ofrece más de 100 parámetros para definir la identidad, el movimiento y el estilo visual del avatar. También permite crear humanos, animales, híbridos y criaturas que no responden a las proporciones habituales.

El sistema intenta mantener la identidad del personaje entre distintas escenas, vestuarios y condiciones de iluminación. Esta consistencia es uno de los problemas más complejos del vídeo generado por IA: un avatar puede cambiar de rostro, manos o rasgos físicos cuando pasa de un plano a otro.

Una vez creado, el personaje puede hablar, bailar, presentar productos o protagonizar reseñas. Algunos de estos influencers virtuales ya reúnen millones de visualizaciones y miles de seguidores en varias plataformas, según datos difundidos sobre el funcionamiento del servicio.

Por qué los avatares imperfectos pueden funcionar mejor

Después de dos años de rostros impecables generados por inteligencia artificial, el público ha aprendido a reconocer ciertos patrones. Piel demasiado uniforme, simetría excesiva y expresiones previsibles hacen que muchos personajes parezcan intercambiables.

La respuesta de Higgsfield consiste en convertir el defecto en una seña de identidad. Un cuello imposible o una silueta claramente artificial puede llamar más la atención que una persona virtual diseñada para parecer completamente real. En las redes sociales, donde la diferencia entre destacar o desaparecer se mide en segundos, esa singularidad tiene un valor comercial.

También existe una ventaja relacionada con la transparencia. Un personaje que no pretende pasar por una persona real evita, al menos en parte, el riesgo de suplantar a alguien mediante un deepfake. Este término describe un contenido audiovisual manipulado o generado por IA para hacer creer que una persona real dice o hace algo que nunca ocurrió.

Sin embargo, que el aspecto del avatar sea evidentemente artificial no resuelve todos los problemas. Los usuarios pueden saber que no están ante una persona real y seguir sin conocer quién controla la cuenta, quién financia una campaña o qué empresa paga una recomendación. La apariencia no humana reduce el engaño visual, pero no garantiza transparencia publicitaria.

Ingresos millonarios y cifras difíciles de comparar

Higgsfield asegura haber pasado de 300 millones de dólares de ingresos anualizados a comienzos de 2026 a 500 millones en junio y 700 millones en agosto. La cifra comunicada más recientemente asciende a 1.000 millones de dólares.

Los ingresos anualizados no equivalen necesariamente a la facturación obtenida durante un año completo. Se trata de una proyección que calcula cuánto ingresaría la empresa si mantuviera durante doce meses el ritmo registrado en un periodo concreto.

La startup también habría captado 400 millones de dólares, con una valoración de 5.400 millones, frente a los 1.300 millones estimados en enero. El número de usuarios, por su parte, oscila entre los 22 millones mencionados en un documento corporativo de junio, los más de 25 millones que aparecen en su web y los 30 millones comunicados posteriormente.

Estas diferencias no implican por sí mismas que los datos sean falsos, pero sí aconsejan separar usuarios registrados, usuarios activos e ingresos reales. También dificultan comparar a Higgsfield con otras empresas del sector que utilizan métricas distintas.

Publicidad, memecoins y nuevas obligaciones

El crecimiento de los influencers generados por IA llega acompañado de riesgos de moderación. Algunos usuarios ya están utilizando estos personajes para promocionar memecoins, criptomonedas creadas a menudo alrededor de una tendencia o un fenómeno viral y cuyo valor puede ser extremadamente volátil.

Además, en febrero de 2026 trascendió que el equipo de marketing de Higgsfield había enviado a influencers material promocional generado con IA que incluía contenido racista. El episodio añade presión sobre los controles de la empresa y sobre la forma en que se revisan los contenidos antes de su distribución.

Las plataformas sociales están empezando a responder. Instagram ha anunciado que exigirá identificar los perfiles de influencers generados con IA o limitará su alcance. Un avatar de Higgsfield con cuenta propia encajaría previsiblemente en ese supuesto.

En la Unión Europea, el Reglamento de Inteligencia Artificial establece desde el 2 de agosto de 2026 obligaciones para identificar determinados contenidos sintéticos mediante señales legibles por máquinas. Estas marcas técnicas permiten que un sistema automatizado detecte que una imagen, un vídeo o un audio ha sido creado o alterado con IA.

La aplicación al caso de los personajes deliberadamente imposibles puede plantear dudas. Si el avatar no intenta parecer una persona real, podría quedar fuera de algunas obligaciones orientadas a evitar la confusión del público. Aun así, la identificación técnica exigida al proveedor continúa siendo una cuestión relevante y deberá concretarse mediante la interpretación de la norma.

De los vídeos virales al entretenimiento profesional

Higgsfield no se limita ya a clips breves para redes sociales. En agosto se presentó una película de 110 minutos producida con sus herramientas y un presupuesto de dos millones de dólares. La evolución muestra cómo estas plataformas están pasando de generar vídeos virales a participar en proyectos audiovisuales de mayor escala.

El mercado también incluye modelos distintos. Freepik ha integrado sus productos de IA bajo la marca Magnific, orientada a profesionales creativos y empresas. La compañía factura unos 230 millones de dólares anualizados, supera el millón de suscriptores de pago y no ha recurrido a inversión externa, según las cifras conocidas.

La diferencia es significativa: Magnific vende herramientas para que los creadores produzcan contenido, mientras Higgsfield avanza hacia la creación de personajes capaces de convertirse en prescriptores a gran escala. La tecnología puede ser similar, pero el impacto comercial y regulatorio no lo es.

El éxito de los influencers no humanos dependerá, por tanto, de algo más que su capacidad para llamar la atención. También será necesario saber quién está detrás de cada avatar, qué productos promociona y cómo se informa al público. La estética imposible puede hacer que un personaje parezca honesto, pero la confianza seguirá dependiendo de las reglas y de la transparencia que acompañen a la IA.

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