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La educación gallega reclama enseñar a usar la tecnología con criterio y pensamiento crítico

El Colexio Profesional de Enxeñaría en Informática de Galicia (CPEIG) considera que la vuelta al colegio debe servir para reforzar la formación digital del alumnado. Su propuesta no se limita a aumentar el uso de ordenadores, tabletas o plataformas educativas, sino a enseñar a los estudiantes a desenvolverse en el entorno tecnológico con criterio, autonomía y pensamiento crítico.

La entidad defiende que la competencia digital debe ocupar un lugar estable dentro del sistema educativo. En un contexto marcado por la inteligencia artificial, las redes sociales, la desinformación y la exposición constante a contenidos digitales, saber utilizar una aplicación ya no es suficiente. También es necesario comprender cómo funciona, qué riesgos plantea y qué consecuencias puede tener cada decisión.

Más allá de aprender a manejar dispositivos

Para el CPEIG, la alfabetización tecnológica no debería reducirse a aprender a abrir una cuenta, utilizar un procesador de textos o buscar información en internet. El alumnado necesita adquirir herramientas para evaluar la fiabilidad de una fuente, distinguir un contenido manipulado y entender por qué determinados mensajes aparecen de forma insistente en sus pantallas.

Esta formación debe incluir también aspectos relacionados con la privacidad y la seguridad. Contraseñas robustas, verificación en dos pasos, protección de los datos personales y prevención frente a estafas son conocimientos cada vez más necesarios tanto dentro como fuera del aula. La educación digital, por tanto, debe preparar a los estudiantes para situaciones reales y cotidianas.

Usar la tecnología con autonomía implica no depender siempre de una respuesta automática ni aceptar como válida la primera información que aparece en internet. El objetivo es que los jóvenes sepan formular preguntas, contrastar resultados y tomar decisiones fundamentadas, también cuando recurren a herramientas basadas en inteligencia artificial.

El pensamiento crítico, una competencia esencial

La expansión de la inteligencia artificial generativa ha acelerado el debate sobre cómo deben utilizarse las nuevas tecnologías en los centros educativos. Estas herramientas pueden facilitar el aprendizaje, ayudar a organizar ideas o adaptar determinados contenidos, pero no sustituyen la capacidad de razonar del estudiante.

Por ese motivo, la formación debe explicar tanto sus posibilidades como sus límites. El alumnado tiene que conocer que una respuesta generada automáticamente puede contener errores, sesgos o información inventada. Además, debe aprender a citar las fuentes, proteger sus datos y utilizar estas soluciones como apoyo, no como sustituto del esfuerzo personal.

El pensamiento crítico también resulta clave para combatir la desinformación. Fotografías alteradas, vídeos manipulados y mensajes diseñados para provocar reacciones rápidas forman parte del ecosistema digital actual. Enseñar a detenerse, comprobar y contextualizar la información es una forma de prevención que puede evitar conflictos, fraudes y decisiones equivocadas.

La responsabilidad no recae solo en los estudiantes

El reto exige la implicación de toda la comunidad educativa. El profesorado necesita formación y recursos suficientes para integrar la tecnología en clase de manera segura, útil y coherente con los objetivos pedagógicos. No se trata de incorporar dispositivos por sistema, sino de utilizarlos cuando aporten valor al aprendizaje.

Los centros también deben contar con criterios claros sobre el uso de plataformas, aplicaciones y servicios digitales. La protección de la información del alumnado, la accesibilidad y la igualdad de oportunidades son elementos fundamentales para evitar que la digitalización genere nuevas brechas entre estudiantes.

Las familias desempeñan igualmente un papel relevante. El acompañamiento en casa, el diálogo sobre los contenidos que consumen los menores y el establecimiento de hábitos saludables pueden ayudar a prevenir problemas relacionados con el uso excesivo de las pantallas, el ciberacoso o la exposición a contenidos inadecuados.

Una competencia para la vida académica y profesional

La petición de los ingenieros informáticos gallegos conecta con una transformación que afecta a todas las etapas de la vida. La tecnología está presente en la educación, el empleo, la administración, la banca y las relaciones sociales. Por ello, aprender a utilizarla de manera responsable no debe entenderse como una habilidad complementaria, sino como una competencia básica.

La escuela tiene la oportunidad de preparar a los jóvenes para participar en la sociedad digital sin convertirse en usuarios pasivos. Eso significa fomentar la creatividad, la capacidad de resolver problemas y la comprensión de los sistemas que utilizan a diario. También implica transmitir valores relacionados con la ética, el respeto y la responsabilidad en internet.

En plena vuelta al colegio, el mensaje del CPEIG pone el foco en una cuestión central: la educación tecnológica debe enseñar a pensar, no solo a utilizar herramientas. El desafío para los centros será encontrar un equilibrio entre innovación, seguridad y aprendizaje, con una formación que permita al alumnado aprovechar las ventajas de la tecnología sin perder el control sobre sus decisiones.

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