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De los datos de la granja a la predicción de enfermedades animales

En el año 2000, hablar de inteligencia artificial, científicos de datos o algoritmos predictivos en una explotación ganadera parecía propio de una película de ciencia ficción. Sin embargo, en Segovia ya se estaba construyendo una tecnología con una ambición muy concreta: convertir la información de las granjas en una herramienta para mejorar la gestión y anticiparse a los problemas sanitarios.

Aquella iniciativa nació con el nombre de PigCHAMP Pro Europa y alrededor de un programa destinado a organizar los datos de las explotaciones porcinas. Con el tiempo, la empresa evolucionó hasta convertirse en Animal Data Analytics (ADA), una compañía centrada en el análisis avanzado de información ganadera.

La información como primera línea de defensa

La actividad de una granja genera una gran cantidad de datos: nacimientos, bajas, tratamientos, alimentación, movimientos de animales, productividad y cambios en los distintos lotes. Durante años, buena parte de esa información se registró de forma aislada o se utilizó únicamente para elaborar informes.

El reto consiste en dar un paso más. No se trata solo de saber qué ha ocurrido, sino de detectar patrones que puedan indicar que algo está cambiando antes de que el problema sea visible. Una variación en los resultados productivos, un incremento de determinadas incidencias o una alteración en el comportamiento de un grupo pueden convertirse en señales de alerta.

Ahí entra el trabajo de ADA: ordenar, cruzar y analizar los datos para facilitar decisiones más rápidas y fundamentadas. La tecnología no sustituye al personal veterinario ni a los responsables de la explotación, pero puede ayudarles a interpretar mejor una realidad cada vez más compleja.

De la gestión porcina al análisis predictivo

El punto de partida fue un software para gestionar información de granjas porcinas. Ese tipo de herramientas permitió centralizar registros que antes podían encontrarse en documentos separados y ofrecer una visión más completa del funcionamiento de cada explotación.

La evolución tecnológica ha ampliado las posibilidades. Los sistemas actuales pueden trabajar con grandes volúmenes de información y comparar el comportamiento de una granja a lo largo del tiempo. También permiten identificar diferencias entre grupos, localizar desviaciones y poner el foco en los indicadores que requieren atención.

El objetivo final es avanzar hacia modelos capaces de anticipar enfermedades animales. Para ello, los algoritmos buscan relaciones entre los datos disponibles y los episodios sanitarios registrados. Cuando aparecen combinaciones de factores asociadas a un posible riesgo, la herramienta puede generar una alerta para que los profesionales valoren la situación.

Prevenir antes que reaccionar

La prevención tiene un impacto directo en la salud animal y en la eficiencia de las explotaciones. Detectar antes una posible alteración puede facilitar la intervención, reducir pérdidas y limitar la extensión de un problema dentro de la granja.

También puede contribuir a un uso más preciso de los tratamientos. Si los responsables disponen de más información sobre lo que está ocurriendo, pueden tomar decisiones mejor ajustadas y evitar respuestas generalizadas cuando no sean necesarias. En este contexto, el análisis de datos se relaciona con una gestión más responsable de los recursos y con la mejora del bienestar animal.

La predicción, no obstante, no debe entenderse como una certeza automática. Un algoritmo identifica probabilidades y patrones, pero la confirmación corresponde a los profesionales que conocen la explotación y pueden completar la información con observaciones directas, pruebas y criterio veterinario.

El valor de los datos bien recogidos

La calidad de cualquier sistema analítico depende de la información que recibe. Los datos incompletos, introducidos de manera irregular o sin criterios homogéneos pueden reducir la utilidad de los resultados. Por eso, la digitalización ganadera no consiste únicamente en instalar un programa: también exige establecer procesos de trabajo y formar a las personas que lo utilizan.

La trazabilidad es otro elemento clave. Registrar de dónde procede cada dato, cuándo se incorporó y a qué animal o grupo corresponde permite interpretar mejor los resultados. Cuanto más ordenada sea la información, más posibilidades habrá de detectar cambios relevantes y de comparar situaciones similares.

Una tecnología nacida cerca del sector

La trayectoria de ADA refleja cómo una necesidad práctica puede convertirse en una línea tecnológica con aplicaciones avanzadas. Lo que comenzó en Segovia como una herramienta de gestión para el sector porcino se ha orientado progresivamente hacia el análisis de datos y la predicción sanitaria.

Este recorrido también muestra la transformación de la ganadería. Las explotaciones necesitan producir de forma eficiente, pero al mismo tiempo deben responder a mayores exigencias en materia de bioseguridad, bienestar animal, sostenibilidad y control sanitario.

En ese escenario, los datos dejan de ser un simple registro del pasado. Bien utilizados, se convierten en una forma de observar el presente y de prepararse para el futuro. La combinación de conocimiento veterinario, experiencia ganadera y tecnología puede marcar la diferencia entre reaccionar cuando aparece una enfermedad o disponer de señales para actuar antes.

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