Lituania apuesta por fabricar en serie los láseres que necesita la industria de los chips de IA
Un país de apenas 2,9 millones de habitantes quiere convertirse en un proveedor clave para la industria mundial de semiconductores. La empresa lituana LITILIT ha inaugurado en Vilna una fábrica de láseres de femtosegundo con capacidad para producir 1.000 unidades durante su primer año y alcanzar las 3.000 cuando funcione a pleno rendimiento.
La cifra puede parecer modesta frente a las grandes fábricas de electrónica de Asia, pero representa un cambio relevante en un sector en el que estos equipos se han fabricado tradicionalmente de forma casi artesanal. El objetivo de LITILIT es industrializar el proceso y convertir la producción de láseres ultrarrápidos en una actividad escalable.
Una herramienta de precisión para fabricar chips avanzados
Un láser de femtosegundo emite pulsos de luz extremadamente breves, de apenas 10-15 segundos. Esa duración permite concentrar una gran cantidad de energía en un punto muy pequeño sin transferir demasiado calor al material que se está trabajando.
El resultado es una herramienta capaz de realizar cortes, perforaciones y grabados con una precisión de varios micrómetros. Para hacerse una idea, un micrómetro equivale a una milésima de milímetro. Esta tecnología puede llegar a marcar estructuras diminutas en materiales delicados sin deformarlos ni provocar daños térmicos importantes.
Sus aplicaciones abarcan desde la cirugía ocular hasta el mecanizado de componentes frágiles. Sin embargo, uno de los ámbitos con mayor potencial de crecimiento está en la fabricación de semiconductores, especialmente en el llamado empaquetado avanzado.
Esta fase consiste en ensamblar varios componentes dentro de un mismo módulo para aumentar el rendimiento de un chip. En las GPU destinadas a inteligencia artificial, por ejemplo, se integran el procesador gráfico y varias memorias HBM, un tipo de memoria de alto ancho de banda que permite mover grandes cantidades de datos con rapidez.
Los fabricantes también estudian utilizar sustratos de vidrio en futuras generaciones de chips y módulos avanzados. El vidrio puede aportar ventajas en estabilidad y densidad de interconexiones, pero necesita ser perforado y procesado con mucha precisión. Los láseres de pulsos ultracortos pueden realizar esas operaciones reduciendo el riesgo de grietas y deformaciones.
Una fábrica preparada para producir a gran escala
La planta de LITILIT ocupa unos 4.000 metros cuadrados y ha requerido una inversión cercana a los seis millones de euros. Sus instalaciones combinan montaje robotizado, mecanizado mediante máquinas CNC y líneas específicas para comprobar el rendimiento de cada equipo.
La compañía prevé iniciar la producción en 2027. Una parte importante de los láseres se destinará a clientes de Europa, América del Norte y Asia, regiones que concentran buena parte de la fabricación de chips, los centros de datos y los proyectos de inteligencia artificial.
El reto no consiste únicamente en fabricar más unidades. LITILIT debe mantener la estabilidad, la potencia y la precisión de sistemas muy complejos mientras reduce los tiempos y el coste de fabricación. Para ello, asegura que utiliza diseños propios, componentes menos complicados y un elevado nivel de automatización.
Según estimaciones del mercado, en 2025 se fabricaron en todo el mundo alrededor de 9.600 láseres de femtosegundo. Si la planta lituana alcanza las 3.000 unidades anuales, podría representar aproximadamente el 31% de ese volumen tomando como referencia la capacidad actual.
Un posible cuello de botella para la inteligencia artificial
La demanda de aceleradores de IA ha disparado la actividad de fabricantes como TSMC, Intel y Samsung. También ha llevado a Nvidia a reforzar la financiación y la planificación con sus proveedores para asegurarse capacidad suficiente en los próximos años.
La atención suele centrarse en las GPU, las memorias y las propias fábricas de obleas, pero la cadena de suministro incluye muchos equipos especializados. Si faltan láseres capaces de procesar determinados materiales, el empaquetado de los chips puede convertirse en un cuello de botella, incluso cuando exista capacidad para fabricar los circuitos.
Por eso, una producción adicional de este tipo de maquinaria puede tener un impacto superior al que su volumen sugiere. La expansión de los centros de datos y el crecimiento de los modelos de IA están elevando la demanda de componentes, pero también la de las herramientas necesarias para producirlos.
El inesperado peso de Lituania en la tecnología láser
La apuesta lituana no parte de cero. El primer láser desarrollado en el país se remonta a 1966 y el sector se consolidó alrededor de las universidades y los centros de investigación. En 1983 nació EKSMA, una de las primeras empresas comerciales especializadas, y posteriormente surgieron compañías como EKSPLA.
Este ecosistema ha permitido que Lituania fabrique aproximadamente el 10% de los láseres científicos del mundo. El sector exporta entre el 90% y el 95% de su producción a más de 80 países y mantiene un crecimiento anual cercano al 16%, según datos de la agencia lituana de innovación.
La dimensión del país contrasta con el alcance internacional de sus empresas. La especialización acumulada durante seis décadas, junto con la conexión entre universidades y compañías privadas, le ha permitido competir en un nicho de alto valor tecnológico sin contar con una industria masiva de semiconductores.
China es rival y también comprador
China figura entre los países que importan tecnología láser lituana, aunque al mismo tiempo está desarrollando con rapidez sus propias capacidades en sistemas de pulsos ultracortos. Estados Unidos, Alemania y Francia también compiten en este campo estratégico.
La relación entre Vilna y Pekín atraviesa tensiones políticas desde 2021, pero el intercambio industrial demuestra que la tecnología mantiene su propia lógica. Mientras los países buscan reducir su dependencia de proveedores extranjeros, las empresas lituanas intentan aprovechar la demanda mundial de equipos esenciales para la próxima generación de chips.
Con su nueva fábrica, LITILIT quiere transformar una fortaleza científica de nicho en una capacidad industrial relevante. Si cumple sus objetivos, Lituania no fabricará las GPU de la inteligencia artificial, pero sí una parte de las herramientas que harán posible producirlas.
