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Praxis abandona Groenlandia y elige Uruguay para levantar una ciudad privada orientada al mundo post-IA

El proyecto Praxis, impulsado por empresarios tecnológicos y grandes patrimonios, ha elegido Uruguay como destino para construir una ciudad futurista destinada a varios miles de residentes. La iniciativa, vinculada al desarrollo inmobiliario +Colonia, contempla una inversión prevista de hasta 1.000 millones de dólares durante sus primeros años, aunque todavía no existe una compra efectiva de terrenos ni un acuerdo plenamente vinculante.

La propuesta pretende reunir a una comunidad internacional con sus propias reglas de convivencia, una fuerte dependencia de la tecnología y un entorno fiscal atractivo. Sus promotores la presentan como un refugio estable para un futuro marcado por la automatización, la inteligencia artificial y la incertidumbre geopolítica.

Una ciudad para la era de la automatización

Praxis nació como una comunidad digital formada en chats privados y redes sociales. Su planteamiento parte del concepto de estado red: una comunidad conectada por internet, con valores e intereses comunes, que reúne capital suficiente para establecerse en un territorio y aspira, con el tiempo, a obtener un reconocimiento político propio.

En este caso, el proyecto se dirige a perfiles vinculados con el capital riesgo, las criptomonedas, la tecnología y el anarcocapitalismo. La organización asegura que más de 4.000 personas estarían dispuestas a trasladarse a la futura ciudad. Los llamados visados de acero funcionan como compromisos económicos o simbólicos de quienes desean participar en el proyecto.

La referencia al mundo post-IA no significa que la ciudad vaya a construirse después de una hipotética desaparición del trabajo humano. El término alude a un escenario en el que los sistemas de inteligencia artificial realizan una parte creciente de las tareas cognitivas, desde la programación hasta la gestión empresarial. En ese contexto, los promotores de Praxis imaginan una comunidad con servicios automatizados, infraestructuras conectadas y una economía diseñada para atraer a personas con grandes recursos.

Del Mediterráneo y Groenlandia a Colonia del Sacramento

La búsqueda de ubicación comenzó en el Mediterráneo. El plan inicial barajaba unas 400 hectáreas para alojar a unos 10.000 residentes, pero la proximidad a zonas de conflicto y la complejidad política de la región hicieron que la opción perdiera fuerza.

Después, el fundador de Praxis, Dryden Brown, dirigió su atención hacia Groenlandia. La idea de adquirir el territorio chocó con la identidad política y social de sus habitantes, además de con el marco legal vigente. La independencia de Groenlandia exige la aprobación de su Parlamento, un referéndum y el consentimiento del Parlamento de Dinamarca.

Uruguay ofrece un escenario mucho más viable. El país cuenta con instituciones estables, una regulación relativamente previsible y un régimen fiscal específico para nuevos residentes que puede prolongarse durante un máximo de 11 años en determinadas condiciones. A ello se suma su distancia respecto a los principales focos de tensión militar y su conexión con Argentina y Brasil.

El desembarco se produciría en Colonia del Sacramento, a unos 45 kilómetros de Buenos Aires, dentro del proyecto +Colonia. Esta iniciativa inmobiliaria aspira a crear una ciudad de alta densidad tecnológica, con criterios de sostenibilidad, servicios digitales y viviendas orientadas a residentes internacionales.

Una inversión millonaria todavía sobre el papel

Eduardo Bastitta, impulsor de +Colonia y antiguo asesor económico del presidente argentino Javier Milei, ha señalado que Praxis podría invertir alrededor de 1.000 millones de dólares en las primeras etapas. La cifra convertiría al proyecto en uno de los desarrollos privados más ambiciosos de la región.

Sin embargo, el acuerdo actual entre ambas partes es, en gran medida, no vinculante. La compra de los terrenos aún no se ha cerrado y los primeros residentes no llegarían, según las previsiones anunciadas, hasta mediados de 2027. Por ahora, el proyecto debe superar la fase de planificación, financiación y obtención de permisos.

Brown ha indicado que Praxis respetará la legislación uruguaya y que no reclama inicialmente un Gobierno independiente. Este punto diferencia el proyecto de otras iniciativas de ciudades privadas que han intentado operar con un grado de autonomía mucho mayor.

El precedente de las ciudades privadas

La historia reciente muestra las dificultades de convertir estas visiones en comunidades funcionales. Las llamadas ciudades-estado privadas suelen prometer impuestos bajos, innovación y libertad regulatoria, pero se enfrentan a problemas de abastecimiento, legitimidad democrática, servicios públicos y conflictos con los Gobiernos nacionales.

El caso de Próspera, en Honduras, es uno de los ejemplos más conocidos. La ciudad privada quedó envuelta en un arbitraje internacional después de que el país modificara el marco legal que había permitido su creación. Para los críticos, este tipo de proyectos demuestra que una gran inversión no basta para crear un nuevo sistema político estable.

Praxis parte ahora de una ambición más limitada: construir una comunidad tecnológica y exclusiva dentro de Uruguay, no fundar de inmediato un país independiente. El reto será demostrar que sus promesas de innovación, sostenibilidad y protección frente a la incertidumbre geopolítica pueden traducirse en viviendas, empleo, servicios y una ciudad real, y no quedarse en una comunidad digital respaldada por capital millonario.

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