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OpenAI afirma que su IA ha resuelto el problema de Navier-Stokes y afronta acusaciones de plagio

OpenAI asegura que uno de sus sistemas de inteligencia artificial ha encontrado una solución para una de las grandes incógnitas de las matemáticas modernas: el problema de existencia y regularidad de las ecuaciones de Navier-Stokes. El anuncio, que apunta a uno de los siete Problemas del Milenio, ha quedado envuelto en una disputa sobre la autoría del resultado y el posible uso de trabajos desarrollados previamente por dos matemáticos.

La compañía sostiene que el hallazgo fue conseguido mediante un sistema de agentes de IA coordinados, capaces de trabajar en paralelo, ejecutar código y consultar una versión almacenada de internet. El modelo empleado sería más avanzado que GPT-6 Astra, aunque OpenAI no ha detallado públicamente todas sus características ni ha presentado todavía una demostración matemática revisada por expertos independientes.

Un problema abierto desde el siglo XIX

Las ecuaciones de Navier-Stokes se utilizan para describir el comportamiento de los fluidos, desde el aire que rodea a un avión hasta el agua de los océanos o la sangre que circula por el cuerpo humano. También son fundamentales para la predicción meteorológica, la ingeniería aeronáutica y numerosas simulaciones científicas.

El reto matemático no consiste simplemente en resolver una ecuación concreta. La pregunta es si, partiendo de unas condiciones iniciales razonables, las soluciones se mantienen siempre suaves y bien definidas o si pueden desarrollar una singularidad. En términos sencillos, se intenta determinar si el modelo puede llegar a producir un punto en el que los valores físicos se vuelvan infinitos o dejen de estar matemáticamente controlados.

El Clay Mathematics Institute incluyó este desafío entre sus siete Problemas del Milenio y ofrece un premio de un millón de dólares por una solución válida. Hasta ahora, solo uno de esos siete problemas ha sido resuelto de forma reconocida por la comunidad matemática.

10.000 agentes y 2,7 millones de mensajes

Según OpenAI, el sistema alcanzó un máximo de 10.000 agentes simultáneos durante el proceso. Estos agentes son programas especializados que reciben objetivos, generan hipótesis, escriben o ejecutan código y revisan los resultados de otros agentes. La estrategia pretende reproducir, a gran escala, la colaboración entre investigadores.

El trabajo se prolongó durante 88 horas y generó más de 2,7 millones de mensajes y alrededor de 130.000 millones de tokens. Los tokens son las unidades en las que los modelos de lenguaje dividen el texto para procesarlo: pueden ser palabras completas, fragmentos o signos de puntuación.

Durante las pruebas, el sistema analizó un término que habitualmente se omite al estudiar una versión simplificada de estas ecuaciones. El resultado estaría relacionado con las ecuaciones de Euler, que describen fluidos ideales, es decir, aquellos en los que no se considera la viscosidad.

La IA habría identificado condiciones bajo las que una formulación forzada de esas ecuaciones puede desarrollar una explosión matemática, conocida como blow-up. El término forcing, o forzamiento, hace referencia a la introducción de una influencia externa en el sistema, como una fuerza o una fuente de energía. La relevancia de este resultado para el problema completo de Navier-Stokes deberá ser examinada con detalle.

Una disputa por el reconocimiento del hallazgo

El anuncio provocó una respuesta inmediata del matemático Tristan Buckmaster, que acusa a OpenAI de haberse apropiado de una línea de investigación desarrollada junto con Levent Alpöge, matemático e investigador de Anthropic. Según Buckmaster, ambos habían avanzado durante agosto en una solución relacionada con las ecuaciones de Euler forzadas utilizando varios modelos de IA.

El matemático sostiene que OpenAI conoció la dirección de sus avances y empleó posteriormente el método de forzamiento que su equipo estaba explorando. También afirma que Sébastien Bubeck, responsable del equipo de matemáticas de la compañía, le comunicó que sería reconocido como autor humano del resultado, pero que pretendía excluir a Alpöge por su vínculo profesional con Anthropic.

En su versión de los hechos, Buckmaster rechazó ese planteamiento y advirtió de que haría pública la disputa. El investigador asegura además que recibió cuestionamientos sobre las posibles consecuencias de denunciar el caso para su carrera académica.

OpenAI niega haber accedido a los mensajes privados

OpenAI ha rechazado las acusaciones de plagio y ha reconocido el trabajo previo de Buckmaster y Alpöge sobre las ecuaciones de Euler forzadas. La compañía afirma que sus sistemas no tuvieron acceso a los prompts privados de los matemáticos, es decir, a las instrucciones y conversaciones introducidas directamente en los modelos.

Sin embargo, la empresa no ha descartado que datos anonimizados procedentes del uso de sus servicios pudieran haber influido en el entrenamiento de sus modelos. Esta posibilidad plantea una cuestión compleja sobre la frontera entre el aprendizaje estadístico de una IA y la atribución de ideas matemáticas concretas.

La compañía también ha indicado que no pretende reclamar el millón de dólares del Premio del Milenio. En cualquier caso, para que el resultado sea considerado una solución formal será necesario publicar una demostración completa, someterla a revisión de especialistas y comprobar que responde exactamente al problema planteado por el Clay Mathematics Institute.

El caso ilustra tanto el potencial de los sistemas de agentes para explorar problemas científicos como los nuevos conflictos de propiedad intelectual y reconocimiento académico que pueden surgir cuando una inteligencia artificial participa en una investigación. Resolver una conjetura no bastará: también será necesario explicar cómo se obtuvo el resultado, quién contribuyó a él y si la prueba resiste el escrutinio de la comunidad matemática.

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