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La adicción a los videojuegos móviles se relaciona con un mayor riesgo de dolor de cuello y codo

El uso problemático de los videojuegos en el móvil puede tener consecuencias que van más allá del tiempo de pantalla. Una nueva alerta pone el foco en la relación entre la dependencia de este tipo de entretenimiento y una mayor probabilidad de sufrir dolor de cuello y molestias en el codo, dos problemas asociados a las posturas mantenidas y a los movimientos repetitivos.

La conclusión no significa que jugar con el teléfono provoque por sí solo lesiones en todas las personas. Sin embargo, sí apunta a que las sesiones prolongadas, la falta de descansos y la dificultad para limitar el tiempo de juego pueden aumentar la exposición a factores físicos que afectan al sistema musculoesquelético.

El móvil concentra varios factores de riesgo

Los videojuegos para dispositivos móviles suelen jugarse con la cabeza inclinada hacia la pantalla y los brazos flexionados durante largos periodos. Esta posición puede mantener la musculatura del cuello en tensión, especialmente cuando el usuario permanece sentado, tumbado o encorvado.

La situación puede agravarse cuando la partida se prolonga durante horas. Al mantener la mirada hacia abajo, el cuello soporta una carga adicional y los hombros tienden a adelantarse. Con el tiempo, esa postura puede traducirse en rigidez, sensación de sobrecarga, dolor cervical o molestias que se extienden hacia la parte superior de la espalda.

El codo también puede verse afectado. El agarre constante del teléfono, la flexión mantenida de la articulación y el uso repetido de los dedos pueden generar tensión en el antebrazo y en las estructuras cercanas al codo. Los controles táctiles, además, favorecen movimientos rápidos y repetitivos, sobre todo en títulos competitivos o con partidas de ritmo elevado.

Qué se entiende por uso problemático de los videojuegos

La denominada adicción a los videojuegos no se refiere simplemente a jugar con frecuencia o a dedicar tiempo a una afición. El problema aparece cuando el juego se convierte en una actividad difícil de controlar y empieza a interferir en el descanso, los estudios, el trabajo, las relaciones sociales o el bienestar físico.

Algunas señales de alerta son la incapacidad para reducir las horas de juego, la irritabilidad cuando no se puede jugar, el abandono de otras actividades y la continuidad del comportamiento pese a sus consecuencias negativas. En el caso de los juegos móviles, el acceso permanente y las notificaciones pueden dificultar todavía más establecer límites.

Cuanto mayor es el tiempo de exposición, más probable resulta que la persona mantenga durante demasiado tiempo una postura poco adecuada o repita los mismos movimientos sin recuperación suficiente. Por eso, la relación entre uso problemático y dolor puede estar vinculada tanto al número de horas como a la ausencia de pausas y a los hábitos durante las partidas.

El dolor no debe normalizarse

Las molestias ocasionales después de jugar pueden mejorar al cambiar de postura y descansar. No obstante, el dolor persistente, el hormigueo, la pérdida de fuerza o la dificultad para mover el cuello, el brazo o la mano requieren atención sanitaria.

También conviene consultar a un profesional si las molestias empeoran progresivamente, aparecen durante el descanso o interfieren en tareas cotidianas. Un diagnóstico adecuado permite diferenciar una sobrecarga muscular de otros problemas que pueden necesitar un tratamiento específico.

Medidas para reducir las molestias al jugar con el móvil

Prevenir estos problemas no exige renunciar a los videojuegos móviles, sino incorporarlos a una rutina más equilibrada. La primera medida consiste en limitar la duración de las sesiones y realizar descansos frecuentes. Levantarse, caminar unos minutos y mover suavemente cuello, hombros, muñecas y dedos ayuda a evitar la rigidez.

  • Mantener el teléfono más cerca de la altura de los ojos para reducir la inclinación del cuello.
  • Apoyar la espalda y evitar jugar durante mucho tiempo tumbado o encorvado.
  • Relajar los hombros y no sujetar el dispositivo con una fuerza excesiva.
  • Alternar las manos cuando sea posible y variar la posición de los brazos.
  • Interrumpir la partida si aparece dolor, entumecimiento u hormigueo.
  • Desactivar notificaciones que fomenten sesiones constantes o fuera de horario.

También resulta útil establecer un horario de juego y evitar que las partidas sustituyan al sueño, la actividad física o las relaciones personales. La práctica de ejercicio moderado puede contribuir a mejorar la movilidad y la resistencia, aunque no sustituye la valoración médica cuando existe dolor persistente.

Un problema que combina salud física y hábitos digitales

La relación entre el uso excesivo de videojuegos móviles y el dolor de cuello o codo refleja una cuestión más amplia: la forma en que utilizamos la tecnología influye directamente en nuestra salud. No solo importa qué juego se utiliza, sino durante cuánto tiempo, en qué postura y con qué capacidad para hacer pausas.

Adoptar hábitos conscientes permite disfrutar de los videojuegos sin convertirlos en una fuente habitual de molestias. La clave está en reconocer las señales del cuerpo, controlar el tiempo de exposición y pedir ayuda si el juego deja de ser una actividad de ocio para convertirse en una conducta difícil de gestionar.

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