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Zuckerberg admite el error de Llama 4 y promete una IA más abierta y difícil de controlar

Mark Zuckerberg reconoce que Meta calculó mal su estrategia con Llama 4 y prepara una reorganización para recuperar terreno en la carrera de la inteligencia artificial. El consejero delegado de la compañía también ha defendido que los laboratorios que entrenan modelos avanzados y no comparten sus avances pueden convertirse en una amenaza, mientras mantiene que la privacidad de la nueva plataforma Muse todavía debe demostrarse.

Las declaraciones se produjeron en una entrevista grabada el 5 de septiembre en la sede de Meta y difundida el día 10, pocos días antes del lanzamiento público de Muse. El discurso combina autocrítica por los resultados de Llama 4 con una defensa de los principios que, según Zuckerberg, deben guiar el desarrollo de la IA: más acceso, más competencia y controles distribuidos en lugar de sistemas completamente cerrados.

Meta reconoce que Llama 4 se salió de la trayectoria prevista

Zuckerberg asumió que Meta cometió un error al dar por hecho que aumentar el tamaño de los modelos de lenguaje produciría mejoras similares a las observadas en otros sistemas de aprendizaje automático de la empresa. Los modelos de lenguaje son sistemas entrenados con grandes volúmenes de texto para predecir y generar contenido, responder preguntas o ejecutar instrucciones.

Según explicó, Llama 4 no alcanzó el nivel esperado y se alejó de la dirección estratégica que Meta necesitaba seguir. La admisión es relevante porque presenta el lanzamiento como un problema de planificación y de desarrollo, no únicamente como un fallo de comunicación o de expectativas.

La respuesta pasa por crear un equipo reducido y con una elevada concentración de talento. La idea es que sus integrantes puedan mantener una visión completa del proyecto, desde el diseño del modelo hasta la infraestructura necesaria para entrenarlo. El grupo se ha construido alrededor del entorno de trabajo del propio Zuckerberg.

Watermelon será la próxima gran prueba

Los siguientes modelos se están entrenando en Prometheus, un gran clúster informático situado en Ohio. Un clúster es un conjunto de servidores conectados que trabaja como si fuera una única máquina para procesar enormes cantidades de datos y realizar los cálculos necesarios durante el entrenamiento de una IA.

El nombre en clave del próximo gran modelo es Watermelon. Zuckerberg lo describió como un entrenamiento previo significativamente más avanzado que los anteriores. El preentrenamiento es la fase en la que el modelo aprende patrones generales a partir de grandes colecciones de información antes de ajustarse para tareas concretas.

El ejecutivo no quiso confirmar si Watermelon alcanzará el nivel de los modelos más avanzados del mercado, conocidos como modelos de frontera. Esa cautela refleja la presión que afronta Meta frente a compañías como OpenAI, Google y otros laboratorios que compiten por liderar la capacidad de razonamiento, generación de contenido y uso autónomo de herramientas.

La apuesta por Muse: una IA que actúa en nombre del usuario

Muse representa el giro de Meta hacia los agentes de inteligencia artificial. A diferencia de un chatbot convencional, un agente puede planificar tareas y ejecutarlas con autorización del usuario, como reservar un restaurante, comprar un billete o cancelar una suscripción.

La plataforma se ha lanzado con una máquina virtual confidencial, un entorno aislado en el que funciona el agente. Zuckerberg asegura que el contenido de esa máquina está cifrado de forma que ni siquiera Meta pueda leerlo. Sin embargo, la compañía aún no ha aportado pruebas técnicas públicas que permitan verificar de manera independiente esa promesa.

Meta prevé publicar más información sobre el sistema antes de ampliar su despliegue. Entre las medidas anunciadas figura un almacén separado para las credenciales, como contraseñas o claves de acceso, y una red de agentes centinela que analiza el tráfico para detectar inyecciones de instrucciones.

Una inyección de instrucciones, también llamada prompt injection, es un ataque que intenta engañar a la IA mediante órdenes ocultas o manipuladas para que ignore sus reglas y realice acciones no autorizadas. Muse comenzará además con permisos limitados: por ejemplo, el correo electrónico funcionará inicialmente en modo de solo lectura.

Un modelo de negocio basado en las transacciones

Muse ofrecerá inicialmente unos 100 millones de tokens semanales gratuitos junto con el acceso a la máquina virtual. Los tokens son las unidades de texto que el modelo procesa; pueden ser palabras completas, fragmentos de palabras o signos, y sirven para calcular el uso de un sistema de IA.

Los usuarios intensivos podrán contratar una suscripción de pago. A largo plazo, Meta estudia cobrar una pequeña comisión por las operaciones realizadas por el agente. El modelo acercaría Muse a una plataforma de intermediación comercial, más parecida a Amazon que a un simple servicio de software.

Las gafas Ray-Ban Meta estarán entre los primeros dispositivos en incorporar funciones relacionadas con Muse. El lanzamiento también contempla una dirección de correo propia para el agente y la integración con servicios especializados de gestión de credenciales.

Más acceso como respuesta a los riesgos de la IA

Zuckerberg calificó de peligrosos a los laboratorios que entrenan modelos avanzados y mantienen sus capacidades completamente restringidas. Su argumento es que la seguridad no debería depender solo de que unas pocas empresas controlen la tecnología, sino de la existencia de contrapesos y herramientas defensivas ampliamente disponibles.

Aplicado a la ciberseguridad, ese principio implica proporcionar sistemas de IA capaces de detectar y responder a ataques, no únicamente construir modelos que puedan identificar vulnerabilidades. La postura encaja con la tradición de Meta de publicar parte de sus modelos, aunque Muse se ha presentado inicialmente como una plataforma cerrada.

Las gafas inteligentes siguen bajo escrutinio

El consejero delegado también abordó las restricciones que algunos cines, centros educativos y otros espacios han impuesto a las gafas inteligentes por el riesgo de grabaciones no consentidas. Defendió que el dispositivo debería bloquear la grabación si detecta intentos de manipular el indicador luminoso.

Al mismo tiempo, admitió que Meta redujo la comunicación sobre esas salvaguardas a medida que aumentaban las ventas. En el caso de los menores, defendió que YouTube y TikTok deberían aplicar condiciones equivalentes a las de Instagram. A su juicio, limitar solo una plataforma puede desplazar a los adolescentes hacia servicios competidores sin resolver el problema de fondo.

El éxito de Muse dependerá ahora de dos factores: que Watermelon confirme la capacidad técnica de la nueva estructura de Meta y que la empresa consiga demostrar sus garantías de privacidad. La promesa de una IA autónoma, capaz de actuar en nombre de millones de personas, exigirá algo más que potencia de cálculo: necesitará transparencia, controles verificables y confianza.

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