Publicidad

La guerra silenciosa por la plusvalía de las franquicias NBA

La NBA ha convertido sus franquicias en uno de los activos más valiosos del deporte mundial. La venta de los Boston Celtics por una valoración cercana a los 6.100 millones de dólares, después de que el grupo liderado por Wyc Grousbeck los adquiriera por 360 millones en 2002, resume la magnitud del negocio. En poco más de dos décadas, el valor del equipo se multiplicó por casi 17.

No es un caso aislado. Los Portland Trail Blazers cambiaron de manos por unos 4.250 millones de dólares, mientras que Los Angeles Lakers alcanzaron una valoración de 10.000 millones que posteriormente fue revisada al alza hasta los 12.500 millones. Un incremento del 25% sin que la franquicia necesitara disputar un solo partido adicional.

Detrás de estas cifras se encuentra la gran operación estratégica de la liga: la expansión. Con 30 equipos y dos posibles nuevas plazas en el horizonte, Seattle y Las Vegas aparecen como las candidatas principales. El precio de las franquicias actuales sirve como referencia para calcular cuánto puede costar entrar en el exclusivo club de la NBA.

Dos negocios dentro de la misma liga

Para comprender el fenómeno es necesario separar la actividad deportiva de la inversión en el activo. El Convenio Colectivo de la NBA establece que los jugadores participan, de forma aproximada, en la mitad del Basketball Related Income (BRI), el conjunto de ingresos vinculados a la explotación ordinaria del baloncesto.

En ese apartado se incluyen los derechos audiovisuales, los patrocinios, la venta de entradas, el merchandising y otras fuentes generadas por la competición. Es el dinero que sostiene el día a día de la liga y que se reparte, en buena medida, entre propietarios y jugadores.

La revalorización de una franquicia pertenece a una categoría diferente. También ocurre con las cantidades que la NBA pueda ingresar por las futuras cuotas de expansión. Esos importes no forman parte del BRI y, por tanto, no se distribuyen entre los jugadores. La diferencia es esencial: una cosa es el rendimiento del negocio deportivo y otra, la plusvalía de la propiedad.

Comprar el equipo no significa comprar el pabellón

Otra idea equivocada es pensar que una operación de miles de millones incluye necesariamente el estadio en el que juega la franquicia. En la mayoría de los casos, el comprador adquiere los derechos de participación en la NBA, la marca, los contratos comerciales y la estructura deportiva, pero no el inmueble.

  • Boston Celtics: la valoración de 6.100 millones no incluyó el TD Garden, que pertenece al grupo Delaware North.
  • Portland Trail Blazers: el Moda Center pasó a ser propiedad de la ciudad de Portland en 2024 y quedó fuera de la operación de la franquicia.
  • Los Angeles Lakers: el Crypto.com Arena es propiedad de AEG, no del equipo angelino.

Una de las excepciones más destacadas fue la compra de los Phoenix Suns por parte de Mat Ishbia en 2023. La operación, cifrada en unos 4.000 millones de dólares, incluyó la entidad operadora del Footprint Center, lo que amplió el perímetro habitual de una venta de franquicia.

Qué se compra realmente por 12.500 millones

El activo central recibe formalmente el nombre de Membership, una membresía de la liga. No se trata de una acción que pueda negociarse libremente en un mercado abierto, sino de un derecho escaso y controlado por la propia NBA. Quien lo posee obtiene una plaza dentro de una competición cerrada y con un número limitado de participantes.

Ese derecho permite operar una franquicia, utilizar su identidad comercial, participar en los ingresos colectivos y beneficiarse del crecimiento global de la liga. También ofrece acceso a un ecosistema de derechos audiovisuales, patrocinios, licencias y acuerdos internacionales que difícilmente podría replicar una entidad deportiva independiente.

La escasez es uno de los principales motores del precio. Mientras la demanda de inversores, fondos y grandes patrimonios continúa aumentando, el número de equipos permanece limitado. Cada nueva franquicia puede elevar el valor de las existentes porque confirma que existe apetito suficiente para pagar cantidades cada vez mayores por una plaza.

La expansión como próxima gran jugada

Seattle y Las Vegas encabezan las quinielas para incorporarse a la NBA, aunque la decisión final dependerá de factores económicos, políticos y estratégicos. La liga debe valorar el tamaño de los mercados, la infraestructura disponible, los derechos audiovisuales y el impacto que tendría repartir los ingresos entre más participantes.

Para los actuales propietarios, la expansión presenta una ventaja inmediata: las nuevas candidatas tendrían que abonar una expansion fee multimillonaria. Ese pago se distribuiría entre las franquicias existentes y supondría un ingreso extraordinario, independiente de la taquilla, las retransmisiones o el rendimiento deportivo.

La paradoja es evidente. Los jugadores son fundamentales para generar el espectáculo que alimenta el BRI, pero no participan directamente en la plusvalía de los equipos ni en las cuotas de expansión. Ahí se libra una guerra silenciosa: la que enfrenta el valor creado sobre la pista con el valor financiero acumulado por quienes controlan las plazas de la liga.

Una inversión basada en la escasez

Las franquicias NBA ya no se valoran únicamente por sus resultados, sus estrellas o sus ingresos anuales. También se consideran activos estratégicos dentro de una plataforma global de entretenimiento. La marca, la comunidad de aficionados, la exposición internacional y la posibilidad de nuevas fuentes de ingresos pesan tanto como el balance de cada temporada.

Por eso, el precio de los Celtics, los Lakers o los Trail Blazers no refleja solo lo que generan hoy. También incorpora las expectativas sobre el futuro de la NBA. En un mercado con plazas limitadas, derechos crecientes y nuevos inversores dispuestos a pagar cifras récord, la membresía se ha convertido en el verdadero trofeo.

Artículo anteriorMaratón Salamanca 2026 deja dos victorias memorables
Artículo siguienteBen Simmons se pierde la temporada: la lesión que sacude a la NBA