La inteligencia artificial podría acelerar el declive de las consolas tradicionales
Las consolas de videojuegos no desaparecerán de un día para otro, pero podrían dejar de ser el centro del mercado durante la próxima década. El encarecimiento del hardware, la progresiva desaparición de los juegos físicos y el avance de la computación en la nube están dibujando un escenario en el que jugar sin una máquina en casa será cada vez más habitual.
Las previsiones más llamativas apuntan a que el mercado de los videojuegos transmitidos por internet podría alcanzar los 38.000 millones de dólares en 2035. Este crecimiento estaría impulsado, en buena medida, por las enormes inversiones que las grandes empresas tecnológicas están realizando en centros de datos para desarrollar servicios de inteligencia artificial.
La IA encarece las consolas, pero también puede impulsar el juego en la nube
La expansión de la inteligencia artificial está provocando una demanda extraordinaria de componentes avanzados, especialmente de las GPU. Estas unidades de procesamiento gráfico son chips capaces de realizar muchos cálculos en paralelo y resultan esenciales tanto para generar imágenes en videojuegos como para entrenar y ejecutar modelos de IA.
El problema es que las GPU, la memoria y otros componentes también son necesarios para fabricar servidores y consolas. La competencia entre los centros de datos y la industria del videojuego puede traducirse en costes más elevados para los fabricantes, que terminan trasladándose al consumidor.
La generación actual ya ha roto una tendencia que parecía consolidada: las consolas no siempre bajan de precio con el paso de los años. Comprar una PlayStation 5, una Xbox Series X o Series S, o una Switch 2 puede resultar hoy más caro que cuando estos dispositivos llegaron al mercado.
La situación podría complicarse aún más con las próximas máquinas de Sony y Microsoft. Si sus componentes son más potentes y deben competir por los mismos recursos que los centros de datos, el precio de entrada podría alejar a una parte importante de los jugadores.
El hardware doméstico afronta juegos cada vez más exigentes
Los grandes lanzamientos requieren más capacidad de procesamiento, memoria y almacenamiento. Los llamados títulos AAA, producciones de gran presupuesto y elevada complejidad técnica, aspiran a ofrecer mundos abiertos más detallados, iluminación avanzada y personajes controlados por sistemas de IA.
Esta evolución puede acortar la vida útil de las consolas. Aunque una máquina siga funcionando correctamente, podría quedarse atrás ante juegos que necesiten una potencia superior. La alternativa tradicional sería comprar una nueva generación, pero los precios elevados pueden hacer que muchos usuarios opten por servicios de suscripción o por jugar mediante streaming.
El juego en la nube permite ejecutar un título en un servidor remoto y enviar la imagen al dispositivo del usuario a través de internet. Los controles viajan en sentido contrario, por lo que la experiencia depende de la velocidad y, sobre todo, de la latencia: el tiempo que tarda una orden en llegar al servidor y regresar convertida en imagen.
Más centros de datos y una posible reducción de costes
La inteligencia artificial está obligando a construir centros de datos a una escala sin precedentes. Estas instalaciones reúnen miles de servidores y aceleradores especializados para entrenar modelos y ofrecer servicios a millones de usuarios.
En el corto plazo, esta expansión está presionando los precios de la capacidad informática. Sin embargo, el aumento de la oferta podría cambiar la situación con el tiempo. Cuando haya más proveedores y más recursos disponibles, la competencia podría reducir el coste de alquilar potencia de cálculo en la nube.
Ese posible abaratamiento abriría la puerta a que los videojuegos compartan parte de esa infraestructura. En lugar de comprar una consola de varios cientos de euros, el usuario podría acceder a un catálogo mediante una suscripción y reproducirlo en un televisor, un ordenador, una tableta o incluso un teléfono.
El fracaso de Stadia no cierra esta posibilidad
El cierre de Google Stadia en enero de 2023 demostró que el juego en la nube todavía tenía obstáculos importantes. La falta de un catálogo exclusivo suficientemente atractivo, los problemas de conexión y la incertidumbre sobre el futuro del servicio frenaron su adopción.
El contexto, no obstante, podría ser diferente dentro de unos años. Las conexiones de fibra óptica están más extendidas, las redes móviles son más rápidas y los televisores conectados permiten acceder a aplicaciones sin necesidad de dispositivos adicionales. Además, los proveedores cuentan con una infraestructura de servidores mucho mayor que hace unos años.
Eso no significa que la transmisión de videojuegos vaya a sustituir inmediatamente a las consolas. La latencia sigue siendo un factor crítico en los juegos competitivos, y muchos aficionados valoran la propiedad del hardware, la posibilidad de jugar sin conexión y la estabilidad que ofrece ejecutar los títulos localmente.
El formato físico pierde terreno
La distribución digital también está cambiando la relación de los jugadores con las consolas. Sony mantiene su intención de dejar de fabricar juegos físicos para PlayStation a partir de enero de 2028, mientras Microsoft apuesta desde hace años por la descarga y los servicios de suscripción.
Nintendo conserva una posición más favorable para el formato físico, aunque incluso sus consolas combinan tarjetas, descargas y contenidos digitales. La desaparición de los discos reduciría los costes de fabricación y distribución, pero también limitaría la posibilidad de comprar, vender o prestar los juegos de manera tradicional.
El futuro más probable no es la desaparición total de las consolas, sino su transformación en productos más especializados. Podrían quedar como una opción premium para quienes buscan máxima calidad, jugar sin depender de internet o disfrutar de las grandes franquicias de cada fabricante.
Para el público general, en cambio, la combinación de servicios en la nube, suscripciones y dispositivos conectados puede resultar más cómoda y económica. La inteligencia artificial está encareciendo hoy los recursos informáticos, pero su expansión también podría crear la infraestructura necesaria para que jugar sin consola se convierta en una alternativa masiva.



