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El Banco Mundial impulsa desde Seúl una estrategia para extender el acceso a la inteligencia artificial

El presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, ha presentado este martes en Seúl una estrategia orientada a ampliar el acceso a la inteligencia artificial en los países que todavía afrontan mayores barreras tecnológicas. La iniciativa pretende que esta tecnología no quede limitada a las grandes empresas o a las economías con más recursos.

El anuncio sitúa la inteligencia artificial para el desarrollo entre las prioridades de la institución financiera internacional. El objetivo es favorecer que gobiernos, empresas, centros educativos y organizaciones sociales puedan utilizar herramientas de IA para mejorar servicios y generar nuevas oportunidades económicas.

La brecha tecnológica, en el centro del debate

La expansión de la IA avanza a gran velocidad, pero su impacto no se reparte de forma uniforme. La falta de conexión a internet de calidad, el acceso limitado a dispositivos y la escasez de profesionales especializados dificultan que muchos países aprovechen sus posibilidades.

A estas barreras se suma el elevado coste de la capacidad de cálculo necesaria para entrenar y ejecutar modelos avanzados. También resultan determinantes la disponibilidad de datos fiables, la protección de la información y la existencia de normas que permitan utilizar la tecnología de forma segura.

La estrategia presentada por Banga parte de la necesidad de abordar estos obstáculos de manera conjunta. No basta con desplegar aplicaciones de inteligencia artificial si los usuarios carecen de electricidad estable, conectividad suficiente o formación para emplearlas con garantías.

Infraestructuras, formación y servicios públicos

El Banco Mundial considera que el acceso a la IA puede contribuir a reforzar ámbitos como la educación, la sanidad, la agricultura o la gestión administrativa. En regiones con pocos recursos, estas herramientas podrían ayudar a ampliar la atención médica, mejorar la productividad agrícola o facilitar el acceso de los ciudadanos a los servicios públicos.

Para que ese potencial se materialice, la inversión deberá centrarse también en las infraestructuras digitales. Las redes de telecomunicaciones, los centros de datos y los sistemas de almacenamiento son elementos esenciales para que las soluciones de IA funcionen de forma fiable y lleguen más allá de los principales núcleos urbanos.

La capacitación ocupa igualmente un lugar destacado. El desarrollo de competencias digitales no afecta solo a los ingenieros y especialistas. Profesores, funcionarios, sanitarios, pequeñas empresas y trabajadores de sectores tradicionales necesitarán formación para comprender las herramientas, detectar errores y utilizarlas de manera responsable.

Una oportunidad para las economías emergentes

El acceso a la inteligencia artificial puede convertirse en un factor de crecimiento para las economías emergentes, aunque también existe el riesgo de que aumente las desigualdades actuales. Las compañías con más capital y datos parten con ventaja frente a las pequeñas empresas y los emprendedores locales.

Por ello, una de las claves será facilitar que los proyectos nacionales y regionales puedan utilizar modelos adaptados a sus lenguas, necesidades y marcos legales. La dependencia exclusiva de soluciones diseñadas para otros mercados podría limitar su utilidad y concentrar todavía más el control tecnológico.

El Banco Mundial puede desempeñar un papel relevante mediante financiación, asesoramiento técnico y apoyo a las administraciones públicas. Sin embargo, la ejecución de cualquier estrategia dependerá de la colaboración con gobiernos, empresas tecnológicas, universidades y organizaciones de la sociedad civil.

Seguridad, privacidad y empleo

La expansión de la IA también plantea riesgos que deberán incorporarse al despliegue desde el principio. Entre ellos figuran la utilización indebida de datos personales, los sesgos en los sistemas automatizados, la desinformación y la falta de transparencia sobre las decisiones tomadas por los algoritmos.

El impacto sobre el empleo será otro de los asuntos centrales. La automatización puede aumentar la productividad y crear nuevas ocupaciones, pero también transformar tareas que hoy realizan millones de personas. La formación continua y las políticas de transición laboral serán necesarias para evitar que los beneficios se concentren en una parte reducida de la población.

La elección de Seúl para presentar esta estrategia refleja el peso de Corea del Sur como potencia tecnológica y como uno de los países que más ha avanzado en conectividad, innovación y digitalización. El reto ahora consiste en trasladar ese impulso a contextos con menos recursos y capacidades técnicas más limitadas.

El acceso como condición para no quedarse atrás

La apuesta del Banco Mundial llega en un momento en el que la inteligencia artificial empieza a integrarse en empresas, administraciones y servicios esenciales. La institución pretende que la diferencia entre quienes pueden aprovecharla y quienes quedan fuera no se convierta en una nueva forma de desigualdad global.

El éxito de la estrategia dependerá de que el acceso sea asequible, inclusivo y sostenible. La inteligencia artificial puede ofrecer soluciones de gran impacto, pero solo tendrá un efecto duradero si se acompaña de conectividad, educación, reglas claras y capacidad local para desarrollar y supervisar la tecnología.

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