El Niño y la salud: qué enfermedades pueden aumentar con las lluvias y cómo prevenirlas
Las lluvias persistentes, las inundaciones y la crecida de los ríos asociados a un episodio intenso de El Niño no solo alteran la vida cotidiana. También pueden favorecer la aparición de determinadas enfermedades infecciosas y aumentar el riesgo de accidentes, contaminación del agua y problemas respiratorios.
El impacto sanitario depende de varios factores: la duración de las precipitaciones, la acumulación de agua, el estado de las redes de saneamiento y las condiciones de cada zona. Por ello, durante y después de una inundación es importante extremar las precauciones, especialmente en niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas.
Leptospirosis, uno de los principales riesgos tras una inundación
La leptospirosis es una infección causada por bacterias que pueden encontrarse en la orina de animales, sobre todo roedores. Cuando las aguas de una inundación entran en contacto con el suelo, los alimentos o las viviendas, estas bacterias pueden propagarse con facilidad.
La infección suele producirse a través de pequeñas heridas en la piel o por el contacto con las mucosas de los ojos, la nariz y la boca. Los síntomas más habituales son fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares intensos —especialmente en las piernas y la zona lumbar—, escalofríos, náuseas y vómitos.
En algunos casos puede afectar al hígado, los riñones o los pulmones. Si aparece fiebre después de haber estado en contacto con agua de inundación, hay que consultar con un profesional sanitario y explicar esa exposición.
Más mosquitos y riesgo de dengue
El agua acumulada en patios, terrazas, recipientes, neumáticos, canalones y otros objetos crea lugares adecuados para la reproducción del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, el chikungunya y el virus del Zika.
Aunque las lluvias intensas pueden arrastrar algunos criaderos, las acumulaciones posteriores favorecen la proliferación de estos insectos. El dengue suele causar fiebre elevada, dolor de cabeza, molestias detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, cansancio y, en ocasiones, erupciones cutáneas.
Para reducir el riesgo conviene vaciar y limpiar con frecuencia cualquier recipiente que acumule agua, mantener tapados los depósitos y utilizar repelentes autorizados. También es recomendable vestir prendas que cubran brazos y piernas y colocar mosquiteras en puertas, ventanas y camas.
Agua y alimentos contaminados
Las inundaciones pueden mezclar aguas residuales con las destinadas al consumo o con los alimentos almacenados en las viviendas. Esta contaminación puede provocar diarrea, vómitos, dolor abdominal, fiebre y otras infecciones gastrointestinales.
Hasta que las autoridades confirmen que el suministro es seguro, se debe utilizar agua embotellada o previamente hervida para beber, cocinar, preparar hielo y cepillarse los dientes. Los alimentos que hayan estado en contacto con el agua de la inundación deben desecharse, incluso si parecen estar en buen estado.
- Lavarse las manos con agua segura y jabón antes de comer y después de ir al baño.
- Lavar frutas y verduras con agua potable y conservar los alimentos refrigerados.
- No consumir productos con envases dañados, hinchados o que hayan quedado sumergidos.
- Evitar que los niños jueguen en charcos o zonas anegadas.
Problemas respiratorios, de piel y lesiones
Tras una inundación, la humedad persistente facilita la aparición de moho en paredes, muebles y tejidos. Las esporas pueden empeorar el asma, la rinitis y otras enfermedades respiratorias, además de provocar tos, irritación ocular o sensación de falta de aire en personas sensibles.
La limpieza debe realizarse con buena ventilación, guantes, botas y, si existe moho abundante o polvo, protección respiratoria adecuada. Las personas con asma, alergias importantes o enfermedades pulmonares deberían evitar participar en estas tareas siempre que sea posible.
Caminar por aguas estancadas también aumenta el riesgo de cortes, caídas, electrocuciones y mordeduras de animales. No se debe entrar en una vivienda inundada si hay cables caídos, olor a gas o daños estructurales. Antes de regresar, es necesario comprobar que las autoridades o los servicios de emergencia la consideran segura.
Medidas de prevención durante y después de las lluvias
La prevención comienza por seguir los avisos oficiales y evitar desplazamientos innecesarios por zonas inundadas. Si es imprescindible entrar en contacto con agua o barro, hay que utilizar botas impermeables, guantes y ropa que cubra la piel. Cualquier herida debe lavarse de inmediato con agua limpia y jabón.
También es importante mantener al día la vacunación, en especial la correspondiente al tétanos, y no automedicarse ante la aparición de fiebre, diarrea o dolores musculares. Los antibióticos no deben tomarse sin indicación médica.
Se necesita atención urgente si hay dificultad para respirar, somnolencia o confusión, vómitos persistentes, signos de deshidratación, sangrado, dolor intenso, color amarillento en la piel o los ojos, fiebre que no remite o empeoramiento rápido del estado general.
El fenómeno de El Niño no causa por sí mismo todas estas enfermedades, pero puede crear las condiciones que favorecen su transmisión. Con información fiable, higiene, control de los mosquitos y una consulta temprana ante los primeros síntomas, es posible reducir buena parte de los riesgos asociados a las lluvias y las inundaciones.



