Cataluña afronta los próximos 25 años con el reto de convertir el conocimiento en un proyecto de país
Durante las últimas dos décadas, Cataluña ha protagonizado una de las transformaciones científicas más relevantes de Europa. Lo que a principios de los años 2000 era una apuesta decidida por construir un sistema de investigación moderno, competitivo e internacional se ha convertido en una realidad reconocida dentro y fuera de sus fronteras.
La creación de centros de excelencia, la llegada de talento internacional, el desarrollo de infraestructuras científicas avanzadas y la capacidad para captar recursos han situado a las instituciones catalanas entre las más competitivas del continente. El desafío, ahora, no consiste únicamente en mantener esta posición, sino en lograr que el conocimiento impregne toda la sociedad y se traduzca en bienestar, oportunidades y progreso económico.
De una política científica a una estrategia de país
El siguiente ciclo debe superar la visión de la ciencia como un ámbito reservado a universidades, laboratorios o centros especializados. La investigación, la innovación y la educación deben formar parte de una estrategia común que implique a las administraciones, las empresas, el sistema educativo y la ciudadanía.
Convertir el conocimiento en un proyecto de país significa reconocer que la capacidad científica influye directamente en ámbitos tan diversos como la salud, la transición energética, la digitalización, la industria, la alimentación o la lucha contra el cambio climático. También implica asumir que las decisiones públicas necesitan cada vez más evidencias sólidas y análisis rigurosos.
La ciencia no puede ser solo un motor de publicaciones o de captación de fondos. Debe contribuir a resolver problemas concretos, mejorar los servicios públicos y generar nuevas oportunidades para el conjunto de la población.
Consolidar el talento y ofrecer estabilidad
Uno de los principales retos para los próximos 25 años será garantizar unas condiciones de trabajo capaces de atraer y retener a investigadores, ingenieros, tecnólogos y profesionales altamente cualificados. La competencia internacional por el talento es intensa y no se libra únicamente en el terreno salarial.
La estabilidad de las carreras científicas, el acceso a financiación, la conciliación, la calidad de los servicios públicos y las oportunidades para desarrollar proyectos a largo plazo son factores decisivos. Cataluña ha demostrado que puede atraer talento global; ahora debe asegurarse de que ese talento pueda quedarse, crecer y participar en la construcción del futuro del territorio.
También será necesario prestar atención a las nuevas generaciones. La renovación del sistema depende de que jóvenes investigadores y profesionales encuentren itinerarios claros, condiciones dignas y posibilidades reales de promoción. Sin una política sostenida de recursos humanos, la excelencia alcanzada puede perder continuidad.
Más conexión entre investigación y economía
La fortaleza científica debe traducirse en innovación y actividad económica. Para ello, resulta imprescindible mejorar la conexión entre los centros de investigación, las universidades y el tejido empresarial, especialmente las pequeñas y medianas empresas.
La transferencia de conocimiento no puede entenderse como el último paso de un proyecto. Debe incorporarse desde el inicio, identificando qué problemas pueden resolverse, qué tecnologías tienen potencial y qué alianzas son necesarias para llevar los resultados al mercado o a los servicios públicos.
Este proceso exige reforzar la financiación de las etapas intermedias, aquellas en las que una idea deja de ser experimental y todavía no está preparada para convertirse en un producto, una empresa o una solución implantable. Es precisamente en ese espacio donde muchas innovaciones se estancan.
Una ciencia más abierta, diversa y cercana
El futuro del sistema científico también dependerá de su capacidad para ganar legitimidad social. La ciudadanía debe conocer cómo se investiga, qué beneficios puede aportar la ciencia y por qué es necesario sostenerla con políticas públicas estables.
La divulgación, la educación científica y la participación social deben ocupar un lugar central. Explicar mejor los avances y sus límites es especialmente importante en un contexto marcado por la desinformación, la polarización y la rápida difusión de contenidos sin base contrastada.
Además, la excelencia no debe medirse únicamente por la posición internacional de las instituciones. Un sistema sólido también debe ser diverso, inclusivo y accesible, con más presencia de mujeres y de colectivos todavía infrarrepresentados en determinadas áreas científicas y tecnológicas.
Planificar con una mirada de largo plazo
Los grandes avances científicos necesitan tiempo. Por eso, Cataluña deberá combinar la capacidad de respuesta ante las urgencias del presente con una planificación que mire más allá de los ciclos políticos y económicos.
La estabilidad presupuestaria, la coordinación entre administraciones y una evaluación transparente serán elementos esenciales. También lo será definir prioridades compartidas, sin limitar la investigación básica, que a menudo abre caminos inesperados y acaba generando transformaciones profundas.
Los próximos 25 años ofrecen una oportunidad para consolidar lo construido y ampliar su impacto. Cataluña ya ha demostrado que puede crear un sistema científico competitivo e internacional. El paso decisivo será hacer que ese sistema forme parte de la identidad colectiva y contribuya de manera visible a resolver los grandes desafíos sociales.
El reto no es solo investigar más, sino convertir el conocimiento en una herramienta de cohesión, prosperidad y futuro.



