Una salud, la estrategia clave para anticiparse a las enfermedades zoonóticas
La prevención de futuras epidemias exige superar la visión tradicional que separa la salud humana de la animal y la ambiental. El enfoque de Una salud defiende que estos tres ámbitos están conectados y deben abordarse de forma coordinada, especialmente ante el aumento de las enfermedades zoonóticas.
La viróloga Susana López Charretón advierte de que el 75 % de las futuras amenazas sanitarias podrían estar causadas por saltos de patógenos entre animales y humanos. Estos procesos, conocidos como zoonosis, pueden producirse cuando un virus, una bacteria, un parásito u otro agente infeccioso logra pasar de una especie a otra y adaptarse a un nuevo huésped.
La salud humana depende del equilibrio del planeta
La relación entre personas, animales y ecosistemas es cada vez más intensa. La expansión urbana, la transformación de los hábitats naturales, la ganadería intensiva, el comercio de especies y el cambio climático están modificando las oportunidades de contacto entre animales, seres humanos y microorganismos.
En este contexto, los patógenos pueden encontrar nuevas vías de transmisión. La pérdida de biodiversidad también puede alterar el equilibrio entre especies y favorecer la proliferación de determinados reservorios o vectores, como mosquitos, garrapatas y otros animales capaces de transmitir infecciones.
El calentamiento global, además, está ampliando la distribución geográfica de algunos vectores y modificando sus ciclos de actividad. Como consecuencia, enfermedades que antes estaban limitadas a determinadas regiones pueden aparecer en zonas donde no eran habituales, lo que obliga a reforzar la vigilancia epidemiológica.
Prevenir antes de que aparezca una nueva crisis
El enfoque de Una salud propone actuar antes de que una infección se convierta en una emergencia. Para ello, resulta esencial compartir información entre hospitales, centros de investigación, servicios veterinarios, autoridades medioambientales y organismos de salud pública.
La vigilancia no debe limitarse a detectar casos en personas. También es necesario observar la circulación de patógenos en animales domésticos y silvestres, controlar la calidad del agua y los alimentos, estudiar los cambios en los ecosistemas y analizar las condiciones que pueden favorecer la aparición de nuevos brotes.
- Mejorar la detección temprana de infecciones en humanos y animales.
- Intercambiar datos entre los sistemas sanitario, veterinario y ambiental.
- Reforzar la investigación sobre virus, bacterias y otros patógenos emergentes.
- Regular las actividades que aumentan el contacto de riesgo entre especies.
- Preparar protocolos coordinados para responder a posibles brotes.
Esta coordinación permite identificar señales de alarma con mayor rapidez y facilita una respuesta proporcionada. También ayuda a evitar duplicidades, optimizar recursos y diseñar medidas adaptadas a cada territorio.
El papel de la investigación y la cooperación
La investigación científica es una herramienta central para anticiparse a las zoonosis. Conocer cómo evolucionan los microorganismos, qué animales pueden actuar como reservorios y cuáles son las vías de transmisión permite estimar riesgos y desarrollar vacunas, tratamientos y pruebas diagnósticas.
Sin embargo, la prevención no depende únicamente de los laboratorios. La cooperación internacional es imprescindible porque los agentes infecciosos no respetan fronteras. Un brote localizado puede extenderse rápidamente mediante los viajes, el comercio y las cadenas de suministro.
También es necesario que la información llegue a la ciudadanía de forma clara. La comunicación rigurosa ayuda a reconocer síntomas, adoptar medidas preventivas y evitar la propagación de rumores. La confianza social resulta determinante cuando se deben aplicar recomendaciones sanitarias o campañas de vacunación.
Una responsabilidad compartida
La prevención de las enfermedades zoonóticas requiere decisiones en distintos niveles. Las administraciones deben impulsar políticas públicas coordinadas, mientras que los sectores agrícola, ganadero, alimentario y turístico han de incorporar medidas de bioseguridad y protección ambiental.
La ciudadanía también puede contribuir mediante prácticas como el consumo responsable, la manipulación segura de alimentos, el respeto a la fauna silvestre y la consulta a profesionales sanitarios ante síntomas compatibles con una infección.
La idea central de Una salud es que proteger a las personas implica cuidar también a los animales y al entorno. En un escenario marcado por el cambio climático, la movilidad global y la transformación de los ecosistemas, anticiparse a los saltos de patógenos será más eficaz que reaccionar cuando la emergencia ya se haya producido.
Convertir esta perspectiva en políticas estables puede reducir riesgos y mejorar la preparación frente a futuras amenazas. La prevención, la vigilancia y la colaboración entre disciplinas son, por tanto, pilares esenciales para construir sistemas de salud más resistentes.



