Bogotá afronta un doble reto sanitario: mejorar el cribado del cáncer y controlar las enfermedades crónicas
Menos de la mitad de las mujeres de Bogotá se sometió en 2025 a las pruebas de cribado destinadas a detectar de forma precoz el cáncer de mama. El dato sitúa a la capital colombiana ante un importante desafío de salud pública: ampliar la participación en los programas de prevención y reducir las barreras que dificultan el acceso al diagnóstico.
La baja cobertura de estas pruebas preocupa porque el cáncer de mama puede evolucionar durante meses sin síntomas evidentes. Identificar lesiones en fases iniciales permite valorar antes las opciones terapéuticas y, en muchos casos, mejora las posibilidades de supervivencia y de recuperación.
Un cribado que sigue sin llegar a todas las mujeres
El cribado del cáncer de mama puede incluir distintas pruebas en función de la edad, los antecedentes personales y familiares o la valoración de los profesionales sanitarios. Entre ellas se encuentra la mamografía, una exploración radiológica que permite detectar alteraciones que todavía no han producido molestias.
Que menos del 50% de las mujeres haya realizado el tamizaje durante 2025 revela que una parte relevante de la población no está entrando en los circuitos de prevención. El reto no consiste únicamente en ofrecer citas, sino también en conseguir que las mujeres conozcan cuándo deben acudir y puedan completar el proceso sin interrupciones.
Las dificultades pueden estar relacionadas con los tiempos de espera, la distancia hasta los centros, los horarios laborales, la falta de información o los problemas para continuar el seguimiento cuando aparece un resultado anómalo. También pueden influir el miedo a la prueba, la ausencia de síntomas o la falsa sensación de que el cáncer solo afecta a mujeres con antecedentes familiares.
La prevención no termina con una prueba
Un programa de detección precoz resulta eficaz cuando combina varias fases: identificación de la población que debe participar, realización de la prueba, comunicación rápida de los resultados y acceso a pruebas complementarias o tratamiento cuando es necesario.
Por ello, mejorar las cifras de cribado exige reforzar la atención primaria y los sistemas de seguimiento. La invitación activa a las mujeres, los recordatorios, la posibilidad de pedir cita por diferentes canales y la coordinación entre centros pueden ayudar a reducir pérdidas durante el proceso.
Los especialistas también recomiendan consultar ante cambios persistentes en la mama, aunque no haya llegado el momento previsto para una prueba de cribado. Un bulto, alteraciones en la piel, cambios en el pezón o secreciones no habituales deben ser valorados por un profesional sanitario.
Las enfermedades crónicas añaden presión al sistema sanitario
El déficit de prevención oncológica se produce además en un contexto marcado por el aumento de las enfermedades crónicas. Millones de personas conviven con problemas de salud que requieren controles periódicos, medicación y cambios sostenidos en los hábitos de vida.
La hipertensión, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la obesidad, las patologías respiratorias y algunos trastornos de salud mental forman parte de este escenario. Aunque muchas de estas afecciones pueden controlarse, su evolución depende en buena medida de que exista un diagnóstico temprano y un seguimiento continuado.
Cuando una persona acumula varios factores de riesgo, la atención sanitaria debe ser especialmente coordinada. La prevención del cáncer, el control de la tensión arterial, la revisión de la glucosa y la promoción de la actividad física no deberían funcionar como actuaciones aisladas, sino como parte de una estrategia común de cuidado.
Hábitos saludables y acceso equitativo
Dejar de fumar, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, limitar el consumo de alcohol y acudir a las revisiones recomendadas contribuye a reducir el riesgo de distintas enfermedades. Sin embargo, trasladar toda la responsabilidad a la ciudadanía sería insuficiente.
Las condiciones económicas, el nivel educativo, el tipo de empleo, el lugar de residencia y la disponibilidad de tiempo influyen directamente en la posibilidad de cuidar la salud. Las políticas públicas deben tener en cuenta estas desigualdades para que la prevención llegue también a quienes tienen más dificultades para acceder al sistema.
El objetivo: detectar antes y tratar mejor
Las cifras de Bogotá muestran que todavía existe margen para mejorar la prevención del cáncer de mama y el control de las enfermedades crónicas. Aumentar la cobertura del cribado no solo implica realizar más pruebas, sino garantizar un recorrido sanitario ágil, comprensible y seguro para cada paciente.
La atención primaria puede desempeñar un papel central en este esfuerzo, al identificar a las personas con mayor riesgo, recordar las revisiones pendientes y facilitar el acceso a los especialistas. La meta es que ninguna mujer deje de someterse a una prueba preventiva por falta de información o por obstáculos evitables.
En salud pública, llegar a tiempo marca la diferencia. La detección precoz del cáncer y el seguimiento de las enfermedades crónicas son dos herramientas esenciales para reducir complicaciones, mejorar la calidad de vida y aliviar la presión sobre los servicios sanitarios de la capital.



