El Rubius reivindica los videojuegos como una afición adulta: «Pensar que son para inmaduros es una estupidez»
El creador de contenido El Rubius, de 36 años, ha respondido a quienes todavía consideran que jugar a videojuegos es una actividad exclusiva de niños o adolescentes. El youtuber malagueño ha defendido que cualquier adulto pueda disfrutar de esta afición sin tener que justificar sus gustos ni enfrentarse a críticas por dedicar parte de su tiempo libre a jugar.
Su mensaje pone el foco en una idea que continúa presente en algunos sectores: la asociación entre videojuegos, falta de madurez y entretenimiento infantil. Frente a esa visión, El Rubius sostiene que jugar no determina la edad ni la responsabilidad de una persona. A su juicio, reducir todo el medio a una actividad para menores supone ignorar la variedad de propuestas que ofrece la industria.
Una afición que no debería tener edad
La reflexión del creador de contenido parte de una defensa sencilla: los videojuegos son una forma de ocio, igual que el cine, la música, la lectura o el deporte. Que una persona adulta juegue durante su tiempo libre no implica que sea inmadura, del mismo modo que ver una película de animación o coleccionar libros no define por sí solo su personalidad.
El Rubius ha calificado como «la mayor estupidez de la historia» la creencia de que jugar a videojuegos es propio de personas inmaduras. Su crítica se dirige especialmente a quienes utilizan la edad como argumento para desacreditar esta afición, sin tener en cuenta que el medio reúne géneros, estilos y experiencias muy diferentes.
En la actualidad, el catálogo de videojuegos incluye aventuras narrativas, simuladores, títulos de estrategia, propuestas independientes, experiencias cooperativas y obras centradas en la competición. También existen juegos diseñados para provocar una respuesta emocional, plantear dilemas o contar historias complejas. Por eso, hablar de los videojuegos como si fueran un producto homogéneo resulta cada vez más limitado.
El debate sobre los videojuegos y la madurez
La relación entre videojuegos y madurez lleva décadas generando debates. Durante años, parte de la sociedad los ha considerado un entretenimiento infantil, una percepción que se ha mantenido incluso cuando los jugadores que crecieron con las primeras consolas han alcanzado la edad adulta.
Ese cambio generacional ha transformado el perfil del público. Millones de personas que comenzaron a jugar de pequeñas continúan haciéndolo en la edad adulta, ya sea de forma ocasional o como una de sus principales aficiones. Para muchas de ellas, jugar es también una manera de relacionarse, relajarse, competir o compartir tiempo con amigos y familiares.
La expansión de los videojuegos ha hecho que estén presentes en hogares y comunidades muy distintas. Las partidas en línea, los juegos cooperativos y las plataformas de retransmisión han convertido esta actividad en un fenómeno social. Además, los videojuegos forman parte de una industria cultural con una dimensión económica y creativa comparable a la de otros sectores del entretenimiento.
La defensa del derecho a disfrutar del tiempo libre
Más allá de la polémica sobre la edad, el mensaje de El Rubius plantea una cuestión relacionada con la libertad personal. Cada adulto organiza su tiempo libre de la forma que considera más satisfactoria, siempre que lo haga de manera equilibrada y responsable. Recibir críticas únicamente por escoger los videojuegos como forma de ocio refleja, en muchos casos, prejuicios más que una preocupación real.
Como ocurre con cualquier afición, el problema no está necesariamente en jugar, sino en el uso que cada persona hace de esa actividad. El equilibrio, la gestión del tiempo y la responsabilidad son factores importantes, pero no exclusivos de los videojuegos. Las mismas consideraciones pueden aplicarse a las series, las redes sociales, el deporte o cualquier otra forma de entretenimiento.
La intervención del creador de contenido se suma así a una conversación cada vez más habitual: la necesidad de dejar atrás la idea de que los videojuegos son solo cosa de niños. El medio ha evolucionado, también lo ha hecho su público y sus propuestas abarcan hoy desde experiencias breves y accesibles hasta obras extensas con una notable carga narrativa.
Una industria para públicos muy diferentes
La diversidad del sector permite que cada jugador encuentre experiencias adaptadas a sus intereses y circunstancias. Hay títulos pensados para partidas rápidas, juegos que exigen cientos de horas y propuestas que se disfrutan en compañía. También hay productos dirigidos específicamente a adultos, tanto por sus temas como por su complejidad o su clasificación por edades.
En este contexto, la edad no debería utilizarse como una barrera para disfrutar de los videojuegos. La madurez de una persona no depende de si juega o no, sino de cómo actúa en los distintos ámbitos de su vida. La afición puede convivir con el trabajo, la familia, los estudios y otras responsabilidades.
La postura de El Rubius resume una reclamación compartida por buena parte de la comunidad: poder hablar de videojuegos con normalidad, sin tener que presentarlos como una excepción o una afición que deba abandonarse al cumplir años. Para sus seguidores y para muchos jugadores adultos, se trata simplemente de otra forma de entretenimiento y expresión cultural.



